Sábado 24 de junio


La Nota del Día
 

Desarmando a las víctimas

"Cuando las armas son declaradas fuera de la ley, sólo los individuos fuera de la ley las portan..." ("when guns are outlawed, only outlaws will have guns")

Viejo dicho estadounidense

Los cuatreros, asaltabancos, secuestradores, asesinos, robacarros, violadores, ladrones, "mareros", robaplanillas, extorsionistas e invasores de tierras deben estar de plácemes, con la ocurrencia de ciertos abogados y otros ilusos, de desarmar "a la población civil". Pero dejar a los salvadoreños indefensos y a merced de cuanto criminal existe, no es solución al problema de la delincuencia, y más bien la agravaría en grado superlativo.

El tema se ha planteado innumerables veces en estas notas editoriales, sin que se rebatan los argumentos con alguna lógica. Que sea obligatorio registrar las armas, y que éstas no se lleven en cantinas y sitios públicos, tiene sentido, pero aun con tales medidas se debe reconocer que hay personas, desde pagadores hasta gente de posición importante, que caen en un régimen de excepción. La plaga de los viejos tiempos, del señorito que se emborracha en el casino del pueblo y le mete un tiro a su rival en amores, es, por fortuna, eso, "una plaga de viejos tiempos"; pero la situación actual es infinitamente peor.

Comencemos con un simple hecho: que hay una enorme cantidad de armamento enterrado &emdash;derivado del no cumplimiento de los "acuerdos de paz" que sólo obligó al gobierno&emdash;, que bandas de antiguos "combatientes" merodean el territorio portando fusiles ametralladoras de alta potencia; que los bandoleros y atracadores fabrican sus propias escopetas, granadas y rifles, y que el maleante sólo saca el arma del escondite cuando asalta. A esto hay que agregar que para el criminal, cualquier cosa es arma, lo que incluye piedras, palos y cuchillos de cocina. A una recordada amiga nuestra, la viuda del doctor Ricardo Dueñas van Severén, un ladrón que se metió a su casa la asesinó golpeándola con un madero que estaba en el jardín.

Sirviendo en bandeja a criminales de toda laya

De hecho, aunque la gente vaya armada sufre ataques de individuos que no le dan tiempo de defenderse, como sucedió a un muy querido agricultor hace pocos días. En apariencia, bandas de sujetos le venían amenazando para que no visitara unas tierras, hasta que lo asesinaron para apoderarse de ellas. Y quien intente desalojar propiedades invadidas, sabe lo que ocurre: que los invasores, en posesión de AK-47s y otras linduras, amenazan de muerte a los dueños, a los jueces, a los policías, a los mandadores y a todo aquel que se asome. Tómese en cuenta que el castigo por andar con arma no registrada es que la decomisen, pero al delincuente le sobran repuestos.

Si la ocurrencia se convirtiera en ley, ¿quién va a proteger al agricultor que transporta fertilizantes e insumos a su propiedad, o al que va a comprar ganado, o el que paga a sus jornaleros, o el que efectúa siembras? ¿Y qué sucederá a sus mayordomos, a sus trabajadores, a sus familiares que viven en el sitio, a los que sacan las cosechas? ¿Quién protege a los empresarios &emdash;chicos, grandes y medianos&emdash; cuando vuelven a sus casas por la noche, o mientras están en sus almacenes y oficinas, o van a la playa a pasar el fin de semana? Mientras la PNC no sea depurada a fondo, los ciudadanos tampoco cuentan con la protección organizada del Estado.


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