La
Nota del Día
Desarmando a las
víctimas
"Cuando las armas son declaradas fuera de la
ley, sólo los individuos fuera de la ley
las portan..." ("when guns are outlawed, only
outlaws will have guns")
Viejo dicho estadounidense
Los cuatreros, asaltabancos, secuestradores,
asesinos, robacarros, violadores, ladrones,
"mareros", robaplanillas, extorsionistas e
invasores de tierras deben estar de
plácemes, con la ocurrencia de ciertos
abogados y otros ilusos, de desarmar "a la
población civil". Pero dejar a los
salvadoreños indefensos y a merced de
cuanto criminal existe, no es solución al
problema de la delincuencia, y más bien
la agravaría en grado superlativo.
El tema se ha planteado innumerables veces en
estas notas editoriales, sin que se rebatan los
argumentos con alguna lógica. Que sea
obligatorio registrar las armas, y que
éstas no se lleven en cantinas y sitios
públicos, tiene sentido, pero aun con
tales medidas se debe reconocer que hay
personas, desde pagadores hasta gente de
posición importante, que caen en un
régimen de excepción. La plaga de
los viejos tiempos, del señorito que se
emborracha en el casino del pueblo y le mete un
tiro a su rival en amores, es, por fortuna, eso,
"una plaga de viejos tiempos"; pero la
situación actual es infinitamente
peor.
Comencemos con un simple hecho: que hay una
enorme cantidad de armamento enterrado
&emdash;derivado del no cumplimiento de los
"acuerdos de paz" que sólo obligó
al gobierno&emdash;, que bandas de antiguos
"combatientes" merodean el territorio portando
fusiles ametralladoras de alta potencia; que los
bandoleros y atracadores fabrican sus propias
escopetas, granadas y rifles, y que el maleante
sólo saca el arma del escondite cuando
asalta. A esto hay que agregar que para el
criminal, cualquier cosa es arma, lo que incluye
piedras, palos y cuchillos de cocina. A una
recordada amiga nuestra, la viuda del doctor
Ricardo Dueñas van Severén, un
ladrón que se metió a su casa la
asesinó golpeándola con un madero
que estaba en el jardín.
Sirviendo en bandeja a
criminales de toda laya
De hecho, aunque la gente vaya armada sufre
ataques de individuos que no le dan tiempo de
defenderse, como sucedió a un muy querido
agricultor hace pocos días. En
apariencia, bandas de sujetos le venían
amenazando para que no visitara unas tierras,
hasta que lo asesinaron para apoderarse de
ellas. Y quien intente desalojar propiedades
invadidas, sabe lo que ocurre: que los
invasores, en posesión de AK-47s y otras
linduras, amenazan de muerte a los
dueños, a los jueces, a los
policías, a los mandadores y a todo aquel
que se asome. Tómese en cuenta que el
castigo por andar con arma no registrada es que
la decomisen, pero al delincuente le sobran
repuestos.
Si la ocurrencia se convirtiera en ley,
¿quién va a proteger al agricultor
que transporta fertilizantes e insumos a su
propiedad, o al que va a comprar ganado, o el
que paga a sus jornaleros, o el que
efectúa siembras? ¿Y qué
sucederá a sus mayordomos, a sus
trabajadores, a sus familiares que viven en el
sitio, a los que sacan las cosechas?
¿Quién protege a los empresarios
&emdash;chicos, grandes y medianos&emdash;
cuando vuelven a sus casas por la noche, o
mientras están en sus almacenes y
oficinas, o van a la playa a pasar el fin de
semana? Mientras la PNC no sea depurada a fondo,
los ciudadanos tampoco cuentan con la
protección organizada del Estado.