Buscando a
Doña Cortesía
Yo creo que esta Doña se ha ido
quedando en el tiempo, olvidada en la era
moderna. Alguien dijo: "lo cortés no
quita lo valiente", apegado siempre a su nombre
de pila: ¡educación!. "Es
difícil ser cortés", me dijo un
amigo.
Por Norma
Schuler
En
estos tiempos, donde el más fuerte es el
que gana, donde la competencia prima sobre
cualquier cosa y así, por ejemplo, te
pueden pasar miles de situaciones donde te vas
olvidando de aquellas cosas que tanto nos
enseñaron nuestros padres, nuestros
primeros profesores.
Hace unos días, en mis labores
diarias, me sucedió algo que, para
mí, resume estas actitudes salvajes de
gente que cree que vivimos en una selva. Un
señor con algunos años, que estaba
mal estacionado y no dejaba a nadie seguir su
camino, compraba con todo el tiempo del mundo
sin pensar en lo que sucedía tras de
él. Cometí la "imprudencia" de
pitarle y, en un movimiento casi de "Superman",
este señor estaba abriendo la puerta de
mi carro y a gritos me preguntaba
"¿Qué cree usted, que soy un
motorista? ¡Señora, yo soy un
caballero!".
El susto no les digo, si parece que le
hubiera ofendido hasta en lo más
profundo, ¿Me habrá gritado porque
soy mujer o porque soy bonita?. Pensé, "a
este señor la va a dar un infarto", pero
igual tenía que responder y le
pregunté: ¿Me podría mostrar
su cédula de caballero?.
El color de su cara se transformó a
rojo profundo con pinceladas de sudor que
caían sobre su rostro. Siguieron palabras
fuertes de este señor tan bien vestido,
de corbata, inmaculado, y, dentro de mí,
las voces profundas de mi papi: "respeto,
respeto, respeto". Tenía ganas de ser
grosera, de perder mi condición de
educación que me legaron con tanto
trabajo mis padres. Me quede tranquila esperando
que se le pasara el ataque salvaje de
cólera de este ciudadano ejemplar.
No puedo escribir las barbaridades que
balbuceaba este ser humano. Así, las
situaciones que se viven a diario nos van
dejando con ese sabor a impotencia, a
preguntarnos hasta dónde vamos a llegar.
Ayer, sin ir más lejos, en una calle
tremendamente transitada, conversaban amenamente
dos señores.
¡Qué buena comunicación!
Pero iban manejando cada uno un bus en los
carriles contrarios, mientras los demás
esperábamos. Jóvenes que mueren a
altas velocidades, disparos que ciegan la vida
de pequeños inocentes, no es en una selva
en la que vivimos, pues los animales viven
ordenados, siguiendo el círculo de sus
vidas, mientras nosotros perdemos a pasos
agigantados nuestra condición de
¡¡¡racionales!!!