Viernes 2 de junio


Nuestro reto de país
Educar la democracia
Carmen Gallardo de Hernández*

Los hechos delictivos, los cuales mantienen a la ciudadanía atemorizada, así como el irrespeto a la ley que con frecuencia caracteriza el comportamiento de los salvadoreños son algunos aspectos que amenazan la democracia. Por el contrario, los factores de éxito que hemos logrado como nación desde que se firmó la paz, nos ha merecido reconocimiento internacional. Diversos países siguen inspirándose en el proceso salvadoreño, no lo olvidemos. De ahora en adelante, nuestro futuro depende de cuán imaginativos seamos para convertir el principio universal de la democracia, en democracia vivida.

Por tanto, es hora de aprender a crear consensos acerca de los intereses fundamentales que sustentan el nuevo proyecto de sociedad. La unidad nacional, la identidad cultural, el sentido de nacionalismo, la visión a largo plazo en los proyectos políticos, son aspectos de los cuales adolecemos aún. En qué medida son estos, rasgos heredados a lo largo de nuestra historia o bien huellas del conflicto armado, sigue siendo tema de debate. Lo preocupante es el hecho de que se convierten en escollos del proceso de aprendizaje de la democracia. Cuando las aspiraciones y expectativas ciudadanas se ven mermadas debido a la falta de movilidad social y económica, se genera la frustración, el descontento, la violencia. Por ello es necesario educar en forma permanente para entender qué es realmente vivir en democracia. No se trata de tener solución inmediata a los distintos problemas sino de buscar juntos las posibles soluciones.

En El Salvador, ocho años después de la firma de la paz, nos queda aún la tarea pendiente de educar para la democracia y la paz social. Políticas gubernamentales e iniciativas de los distintos sectores deben apuntar hacia la educación ciudadana más allá de las aulas escolares. Es un proceso educativo de todos para todos a través del cual se requiere fomentar la iniciativa, la imaginación, la solidaridad, la capacidad de disentir así como la voluntad de alcanzar cohesión de intereses.

Es hora de dejar la polémica partidista y sustituirla por una mejor comprensión de lo que es vivir en democracia. Estamos viendo que no nos basta con crear instituciones -los Acuerdos de Paz dieron vida a algunas de las principales instituciones en pro de un nuevo estado de derecho, tales como la PNC, la Procuraduría de los Derechos Humanos, entre otras-. No obstante, es necesario que la democracia trascienda al conjunto de expresiones de la vida diaria. El respeto a la ley, a la autoridad se enseña desde temprana edad, se inculca en el ciudadano y se hereda de una generación a otra. Pese a las posibles debilidades institucionales que pueden existir, hemos de apoyar y fortalecer las instituciones -tales como la PNC - con las cuales cuenta nuestro país, si realmente aspiramos a afianzar la democracia. Es sumamente importante que el proceso educativo formal y no formal incluya entre sus objetivos programas de educación cívica que inculquen una nueva forma de ser en términos ciudadanos. Necesitamos adquirir mayor responsabilidad individual y participar en asuntos de interés nacional; hemos de fomentar la unidad para defender los verdaderos intereses nacionales y desarrollar nuestra imaginación para asociarnos en iniciativas ciudadanas que contribuyan al progreso y a la paz.

En nuestro país que gran parte de la ciudadanía carece de cierto conocimiento básico acerca de los derechos humanos por un lado -entiéndase derechos garantías y responsabilidades-. Se desconoce muchas veces el verdadero significado del ejercicio de la ley en el vivir diario.

Nos corresponde a todos tratar de redefinir la relación entre padres e hijos, maestros y estudiantes, obreros y patronos, autoridad y ciudadano, sin olvidar a los medios de comunicación de frente a la ética y la veracidad.

Hablar de democracia conlleva a menudo cierto cuestionamiento, lo importante es tener voluntad e imaginación para construir y reconstruir con tenacidad.

La educación cívica debe transformar el concepto político en una realidad social tangible. La indigencia no favorece la elevación del espíritu y menos aun la tan ansiada capacidad de eficiencia y competitividad que nuestro país necesita. Por tanto, es necesario que el contexto de la enseñanza formal y no formal forme parte integral del desarrollo tanto nacional y regional. La función educativa es un proyecto social que exige consenso de país. Es un pacto social de todo para todos. El mensaje político y económico no trasciende sino está acompañado de una visión formadora en principios y valores.

Ello significa que si bien los salvadoreños necesitan estar informados acerca de la macroeconomía y de las medidas gubernamentales, para combatir la delincuencia por ejemplo, se les debe educar además, en forma permanente para aprender a leer y a escribir, a respetar el derecho ajeno, a compartir información, a dialogar para convivir en medio de las diferencias y a soñar para poder innovar.

La cultura de la democracia es ante todo una cultura de las libertades y la educación cobra así una misión dignificante en la medida en que permite la superación del hombre y fomenta la responsabilidad en el ciudadano. Educar para la democracia es permitir que los ciudadanos participen de la modernidad y del progreso nacional.

Es imperativo cobrar mayor conciencia acerca de nuestro papel en la vida nacional. Tenemos que aprender a adaptarnos constantemente a lo nuevo y saber anticipar las posibles amenazas de la convivencia pacífica.

En aquellos países que han sufrido un conflicto armado &emdash;como es el caso de El Salvador&emdash;, la misión de educar para la democracia y la paz rebasa el contexto formal de un Ministerio de Educación. Aprender una nueva forma de ser de frente a nosotros mismos y de frente a la ley equivale a un proceso permanente en el cual es imprescindible el compromiso y participación de los distintos sectores tanto sociales como productivos.

La permanente educación para la democracia exige redefinir una nueva cultura política, social, laboral y económica. Es nuestro reto de país para crear futuro.

* Maestría de intérprete de conferencias y columnista de El Diario de Hoy.


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