- Nuestro
reto de país
- Educar la
democracia
- Carmen
Gallardo de
Hernández*
Los hechos delictivos, los cuales
mantienen a la ciudadanía atemorizada,
así como el irrespeto a la ley que con
frecuencia caracteriza el comportamiento de
los salvadoreños son algunos aspectos
que amenazan la democracia. Por el contrario,
los factores de éxito que hemos
logrado como nación desde que se
firmó la paz, nos ha merecido
reconocimiento internacional. Diversos
países siguen inspirándose en
el proceso salvadoreño, no lo
olvidemos. De ahora en adelante, nuestro
futuro depende de cuán imaginativos
seamos para convertir el principio universal
de la democracia, en democracia vivida.
Por tanto, es hora de aprender a crear
consensos acerca de los intereses
fundamentales que sustentan el nuevo proyecto
de sociedad. La unidad nacional, la identidad
cultural, el sentido de nacionalismo, la
visión a largo plazo en los proyectos
políticos, son aspectos de los cuales
adolecemos aún. En qué medida
son estos, rasgos heredados a lo largo de
nuestra historia o bien huellas del conflicto
armado, sigue siendo tema de debate. Lo
preocupante es el hecho de que se convierten
en escollos del proceso de aprendizaje de la
democracia. Cuando las aspiraciones y
expectativas ciudadanas se ven mermadas
debido a la falta de movilidad social y
económica, se genera la
frustración, el descontento, la
violencia. Por ello es necesario educar en
forma permanente para entender qué es
realmente vivir en democracia. No se trata de
tener solución inmediata a los
distintos problemas sino de buscar juntos las
posibles soluciones.
En El Salvador, ocho años
después de la firma de la paz, nos
queda aún la tarea pendiente de educar
para la democracia y la paz social.
Políticas gubernamentales e
iniciativas de los distintos sectores deben
apuntar hacia la educación ciudadana
más allá de las aulas
escolares. Es un proceso educativo de todos
para todos a través del cual se
requiere fomentar la iniciativa, la
imaginación, la solidaridad, la
capacidad de disentir así como la
voluntad de alcanzar cohesión de
intereses.
Es hora de dejar la polémica
partidista y sustituirla por una mejor
comprensión de lo que es vivir en
democracia. Estamos viendo que no nos basta
con crear instituciones -los Acuerdos de Paz
dieron vida a algunas de las principales
instituciones en pro de un nuevo estado de
derecho, tales como la PNC, la
Procuraduría de los Derechos Humanos,
entre otras-. No obstante, es necesario que
la democracia trascienda al conjunto de
expresiones de la vida diaria. El respeto a
la ley, a la autoridad se enseña desde
temprana edad, se inculca en el ciudadano y
se hereda de una generación a otra.
Pese a las posibles debilidades
institucionales que pueden existir, hemos de
apoyar y fortalecer las instituciones -tales
como la PNC - con las cuales cuenta nuestro
país, si realmente aspiramos a
afianzar la democracia. Es sumamente
importante que el proceso educativo formal y
no formal incluya entre sus objetivos
programas de educación cívica
que inculquen una nueva forma de ser en
términos ciudadanos. Necesitamos
adquirir mayor responsabilidad individual y
participar en asuntos de interés
nacional; hemos de fomentar la unidad para
defender los verdaderos intereses nacionales
y desarrollar nuestra imaginación para
asociarnos en iniciativas ciudadanas que
contribuyan al progreso y a la paz.
En nuestro país que gran parte de
la ciudadanía carece de cierto
conocimiento básico acerca de los
derechos humanos por un lado
-entiéndase derechos garantías
y responsabilidades-. Se desconoce muchas
veces el verdadero significado del ejercicio
de la ley en el vivir diario.
Nos corresponde a todos tratar de
redefinir la relación entre padres e
hijos, maestros y estudiantes, obreros y
patronos, autoridad y ciudadano, sin olvidar
a los medios de comunicación de frente
a la ética y la veracidad.
Hablar de democracia conlleva a menudo
cierto cuestionamiento, lo importante es
tener voluntad e imaginación para
construir y reconstruir con tenacidad.
La educación cívica debe
transformar el concepto político en
una realidad social tangible. La indigencia
no favorece la elevación del
espíritu y menos aun la tan ansiada
capacidad de eficiencia y competitividad que
nuestro país necesita. Por tanto, es
necesario que el contexto de la
enseñanza formal y no formal forme
parte integral del desarrollo tanto nacional
y regional. La función educativa es un
proyecto social que exige consenso de
país. Es un pacto social de todo para
todos. El mensaje político y
económico no trasciende sino
está acompañado de una
visión formadora en principios y
valores.
Ello significa que si bien los
salvadoreños necesitan estar
informados acerca de la macroeconomía
y de las medidas gubernamentales, para
combatir la delincuencia por ejemplo, se les
debe educar además, en forma
permanente para aprender a leer y a escribir,
a respetar el derecho ajeno, a compartir
información, a dialogar para convivir
en medio de las diferencias y a soñar
para poder innovar.
La cultura de la democracia es ante todo
una cultura de las libertades y la
educación cobra así una
misión dignificante en la medida en
que permite la superación del hombre y
fomenta la responsabilidad en el ciudadano.
Educar para la democracia es permitir que los
ciudadanos participen de la modernidad y del
progreso nacional.
Es imperativo cobrar mayor conciencia
acerca de nuestro papel en la vida nacional.
Tenemos que aprender a adaptarnos
constantemente a lo nuevo y saber anticipar
las posibles amenazas de la convivencia
pacífica.
En aquellos países que han sufrido
un conflicto armado &emdash;como es el caso
de El Salvador&emdash;, la misión de
educar para la democracia y la paz rebasa el
contexto formal de un Ministerio de
Educación. Aprender una nueva forma de
ser de frente a nosotros mismos y de frente a
la ley equivale a un proceso permanente en el
cual es imprescindible el compromiso y
participación de los distintos
sectores tanto sociales como productivos.
La permanente educación para la
democracia exige redefinir una nueva cultura
política, social, laboral y
económica. Es nuestro reto de
país para crear futuro.
* Maestría de intérprete
de conferencias y columnista de El Diario de
Hoy.