- Temas
bíblicos
- El pastor del nuevo
milenio
- Edgar
López Bertrand*
"Y Jesús se acercó y les
habló diciendo: Toda potestad me es
dada en el cielo y en la tierra. Por tanto,
id y hace discípulos a todas las
naciones, bautizándolos en el nombre
del Padre, y del Hijo y del Espíritu
Santo, y enseñándoles que
guarden las cosas que os he mandado. Y yo
estoy con vosotros todos los días,
hasta el fin del mundo. Amén" (Mateo
28: 18-20).
Cuando Dios nos llamó, nos
entregó la responsabilidad de
discipular naciones enteras. El pastor no es
solamente guía de las decenas o miles
que se reúnen el domingo en un
edificio en cierta localización
específica. El pastor del nuevo
milenio debe ser rector de naciones enteras.
Deberá salir del cosmos de su
congregación hacia el de su ciudad y
nación. Tendrá que conocer el
mundo de los negocios, la ciencia, el arte y
la política, porque la gente que
evangelizará vive allí, en esos
contextos. Además de formación
teológica, necesitará
capacitación universitaria o
equivalente. Nunca olvide que el ministro del
Señor cuanto más se prepara,
Dios más le usa.
No sólo tratará con los
aspectos personales, como vivir en paz con
Dios y con el prójimo, sino
también cómo solucionar los
problemas de su comunidad y nación.
Como Embajador del Reino de Dios,
llamará a todo su entorno a una
reconciliación con Dios, que incluya
lo moral, lo ecológico, lo social y lo
político. Su Ministerio tendrá
una poderosa manifestación de la
presencia de Dios. "... y ni mi palabra ni mi
predicación fue con palabras
persuasivas de humana sabiduría, sino
con demostración del Espíritu y
de poder, para que vuestra fe no esté
fundada en la sabiduría de los
hombres, sino en el Poder de Dios". (1 Cor.
2:4-5). Vidas cambiadas, testimonios que
asombran, libertad de perversiones, familias
reconstruidas, tienen que ser parte de su
producción todos los días de su
vida y de su Iglesia. Un ministerio en el
cual el Espíritu Santo opere
sobrenaturalmente y sea un poderoso atractivo
para las multitudes. Todos somos muy
conscientes de que la familia hoy es el
blanco más apetecible del infierno. El
pastor contemporáneo se
preocupará por desarrollar un
relevante ministerio a la totalidad de la
familia. El pastor no fue llamado para operar
como "guardatemplo", encargado de la
limpieza, chofer o intérprete. Fue
llamado para dedicarse a la Palabra y la
oración.
El concepto actual dice que la Iglesia
ayuda al pastor para que haga la obra del
ministerio, le paga un salario, ora por
él y lo apoya de diferentes maneras.
Pero en la Biblia, el concepto es totalmente
distinto. Pablo les dice a los Efesios: "Y
él mismo constituyó a unos,
apóstoles; a otros, pastores y
maestros, a fin de perfeccionar a los santos
para la obra del ministerio" (Efesios 4:
11-12). Es el pastor el que perfecciona a los
santos para que hagan la obra del
ministerio.
El pastor es como el director
técnico de un equipo de fútbol.
El equipo es el que juega el partido y gana
el campeonato. Claro, a veces el director
técnico se mete en el campo de
fútbol y también hace su gol,
pero es el cuerpo de Cristo el que hace la
obra del ministerio. La Iglesia actual se
compara con un bote de paseo. Cada viajero
compra su boleto y se ubica
cómodamente para mirar la ribera.
Mientras tanto, el pastor levanta las velas,
iza el ancla, distribuye el café y
controla el timón. Esto no es lo
correcto.
Pero la Iglesia se debe comparar con un
bote de regatas. Cada pasajero recibe un remo
y tiene que remar. La tarea del pastor es
como la de un minero. Mira la montaña,
la contempla llena de piedras y tierra, pero
él como experto sabe que en su
interior hay minerales y piedras preciosas.
Su tarea es entrar con el pico hasta la
profundidad de la montaña, sacar los
metales preciosos, limpiarlos y ponerlos a
brillar. La tarea del pastor es descubrir los
dones que hay en el Cuerpo de Cristo,
levantarlos, entrenarlos y ponerlos a
trabajar.
En mi conclusión, quiero decir que
el pastor vivirá a la luz de la
presencia de Dios y de los hombres. La Biblia
nos advierte sobre el pecado de la
presunción, que es el intento de
extender el Reino de Dios sin su
dirección específica. Nuestra
autoridad espiritual es directamente
proporcional a nuestra humildad y dependencia
del Señor. Además, debemos ser
cartas abiertas ante todos los seres humanos.
Esto incluye nuestra vida personal y nuestras
finanzas. Si realmente queremos ser "Cartas
Abiertas", estaremos listos a colocarnos bajo
la autoridad de otros, reportar a ellos y
recibir su admonición. Estoy seguro de
que Dios nos proveerá miles de
pastores para el nuevo milenio. Pastores que
encarnen el ministerio de Jesús y le
ofrezcan a Él un El Salvador sano,
lleno de progreso, seguro y salvo, y esto
sólo bajo el amor de Cristo
Jesús.
* Pastor.