- Comentando
- La eterna
cuestión de la justicia y los
jueces
- Ernesto
Alfredo Parada Rivera*
La
administración de justicia, el debido
proceso, esto es, la prosecución de
los juicios penales, civiles, laborales
mercantiles y demás, conforme los
procedimientos legales y resto de leyes
respectivas, es un tema de permanente
discusión. De obligada
investigación y tratamiento tanto por
parte de abogados y juristas -máxime
estos últimos- como desempeño
de periodistas especializados, de
observadores del diario acontecer, etc.,
precisamente porque están
estrechamente vinculados con el devenir
cotidiano de la sociedad en conjunto y de
cada uno de sus integrantes. En rigor, el
buscar el perfeccionamiento de la
impartición de justicia, debe ser
preocupación del hombre y la mujer
interesados en vivir en un conglomerado lo
más cercano a la sanidad social, y
esto incluye la vigilancia permanente de la
actuación de los jueces y magistrados,
es decir, quienes con su sabiduría,
experiencia y hombría de bien,
resuelven conforme la ley los procesos de que
conocen.
Tomemos un aspecto muy adversamente
criticado de la administración de
justicia: la lentitud, el tortuguismo en la
marcha de los procesos judiciales. Lamentos
se escuchan y se leen aquí y
allá, por el atraso, el llamado
empapelamiento de los juicios y el
amontonamiento dizque de los expedientes en
juzgados y cámaras. Y hay
razón. Pero esto no es una flaqueza
salvadoreña. Es una enfermedad de
siglos de las enfermedades propias y ajenas,
defecto que ha impulsado a litigantes,
tratadistas, periodistas a denunciarlo y,
además, a investigar la mejor forma de
acelerar debidamente la impartición de
justicia. Y Shakespeare, en el Siglo XVII,
presenta a Hamlet vencido por la
circunstancias impuestas por el asesinato del
rey, su padre, dudando del existir o no
existir, y así exclama
"...Quién, si esto no fuese,
aguantaría la lentitud de los
tribunales, la insolencia de los empleados,
las tropelías que los hombres
más indignos cometen con el
mérito y este continúa
pacífico..." Además, Tirso de
Molina, por la misma época del
inglés, Balzac, Emilio Zola, entre
otros muchos, han enfilado su pluma contra la
lentitud de siglos en los tribunales.
Entonces la cuestión es peliaguda, y
por ello el ciudadano se queja amén de
que tiene la obligación de exigir
permanentemente una excelente y rápida
administración de justicia.
Este punto es de páginas y
páginas. Lo mismo pasa con la
actuación de los jueces, o sea, con el
proceder de los malos jueces, los abusivos,
los que pasan sobre la ley, los que la
ignoran, a quienes les importa un
pipián, los cuerpos legales, los de
suma peligrosidad delincuencial. Sí...
tenemos a los que ignoran la ley y
además se inventan procedimientos.
Todo mundo sabe, también, que el juez,
está expuesto al atropello de
funcionarios que lanzan críticas
contra ellos, cuando estos se ven
imposibilitados de ampararse en la ley y las
probanzas y así presionan con el poder
político que les otorgó la
legislatura. Tal es el actual caso
protagonizado por la Fiscalía General
de la República, atacando a la
administración de justicia mediante el
oscuro y feo expediente de desacreditar,
porque sí, la actuación de una
juez, en un caso de repercusión
nacional. Esta arbitrariedad, propia de
despotismos enterrados, despertó la
indignación de un grupo de respetados
jueces que públicamente exigieron la
independencia judicial, amenaza por la FGR,
tal como lo estatuyen las leyes de un Estado
democrático.
Por otra parte, en los juzgados de
tránsito tenemos a ex guardias, que
juzgan. Además de ello, se apropian
temporalmente de los vehículos que se
ven involucrados en accidentes de
tránsito, enamorándose
perdidamente de las máquinas, y
así les duele entregarlos a sus
dueños, después de practicar
las diligencias de ley. Los
salvadoreños, el ciudadano
común es víctima del sistema
judicial, por la actitud de unos pocos malos
jueces. Me decía un amigo: "Antes le
temíamos a la Benemérita, hoy
es a esos jueces".
* Dr. en Derecho