Viernes 2 de junio


La Nota del Día
 

31 de Mayo de 2000

Cambie de estilo y abra puertas

El más valioso aporte que puede hacer al país la presidencia, en este primer aniversario, es salir de su aislamiento, abrir puertas y ventanas, ir a las asociaciones, a las oficinas y lugares públicos, y hablar con la gente. Encerrarse, no responder llamadas, no oír a gremiales y organizaciones diversas, no reunirse día a día con sus propios ministros y funcionarios, es un curso que puede conducir al desastre y que no compagina con lo que es la tradición salvadoreña.

Desde hace un año, se viene diciendo que el estilo personal del presidente es ese: delegar en ministros y asistentes los contactos con otros. Inclusive se afirma que mucha de la comunicación es a través de memorándum escritos más que conversando o discutiendo. Puede ser ese el motivo de que en un año, se hayan celebrado menos de ocho consejos de ministros.

El estilo, hay que decirlo, va a contrapelo de lo que es el carácter de la vida pública en El Salvador, o para el caso, de toda democracia. Los pueblos necesitan mantenerse en contacto con sus dirigentes, expresarles sus problemas y anhelos, tener acceso a ellos en los momentos de alegría y al sobrevenir desgracias. Como Santo Tomás el apóstol, quieren verlos en carne y hueso.

Ha sido muy desafortunado que en los últimos veinte años, aunque con sus pequeñas variantes, los presidentes se aíslen, limitando el acceso, principalmente, a los miembros de las argollas de favoritos. Lo que no ocurrió durante las presidencias militares, ha marcado las presidencias civiles.

Al estar enclaustrado, es casi imposible conocer las realidades vitales de una nación, para así formular soluciones prácticas y puntuales a sus problemas y peticiones. Como Picasso, a quien la inspiración le llegaba siempre "cuando estoy trabajando", al conductor de pueblos las respuestas se le vienen a la cabeza al ir por los caminos y oir a la gente. Inclusive no se puede saber que hay problemas, si pasa metido en una torre de marfil.

Salga, señor, a visitar fábricas, oficinas y hospitales...

Aquí se debe distinguir entre los problemas "macro" de una nación, y los problemas y dificultades que aquejan a sectores y personas, pero que también los padece muchísima gente. Los primeros están a la vista de todos: cuestiones relacionadas con el empleo, o los intercambios comerciales, o la producción de azúcar, o la pobreza, o la estabilidad monetaria. Son problemas que se resuelven adoptando políticas específicas, como cuando se promueve la instalación de maquilas.

Pero hay muchos otros vinculados a los servicios públicos, o la efectividad de las oficinas de gobierno, o excesos de regulaciones, que requieren de una atención sensata y constructiva, no de presupuestos o de asesorías externas. Fue así, digamos, que se logró agilizar los procedimientos para sacar mercadería de las aduanas a raíz de una queja particular.

El presidente Flores tiene la inteligencia y la personalidad, como para aprovechar en alto grado una relación más estrecha y sostenida con los muchos sectores del quehacer productivo y social del país. Lo que necesita es verse con representativos de los más diversos grupos que componen nuestra sociedad, y visitar desde hospitales y escuelas, hasta fábricas y comercios. O como hacía un líder político en Nueva York, abrir al azar directorios telefónicos y llamar a quienes su vista encontraba.


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