La
Nota del Día
31 de Mayo de 2000
Cambie de estilo y abra
puertas
El más valioso aporte que puede hacer
al país la presidencia, en este primer
aniversario, es salir de su aislamiento, abrir
puertas y ventanas, ir a las asociaciones, a las
oficinas y lugares públicos, y hablar con
la gente. Encerrarse, no responder llamadas, no
oír a gremiales y organizaciones
diversas, no reunirse día a día
con sus propios ministros y funcionarios, es un
curso que puede conducir al desastre y que no
compagina con lo que es la tradición
salvadoreña.
Desde hace un año, se viene diciendo
que el estilo personal del presidente es ese:
delegar en ministros y asistentes los contactos
con otros. Inclusive se afirma que mucha de la
comunicación es a través de
memorándum escritos más que
conversando o discutiendo. Puede ser ese el
motivo de que en un año, se hayan
celebrado menos de ocho consejos de
ministros.
El estilo, hay que decirlo, va a contrapelo
de lo que es el carácter de la vida
pública en El Salvador, o para el caso,
de toda democracia. Los pueblos necesitan
mantenerse en contacto con sus dirigentes,
expresarles sus problemas y anhelos, tener
acceso a ellos en los momentos de alegría
y al sobrevenir desgracias. Como Santo
Tomás el apóstol, quieren verlos
en carne y hueso.
Ha sido muy desafortunado que en los
últimos veinte años, aunque con
sus pequeñas variantes, los presidentes
se aíslen, limitando el acceso,
principalmente, a los miembros de las argollas
de favoritos. Lo que no ocurrió durante
las presidencias militares, ha marcado las
presidencias civiles.
Al estar enclaustrado, es casi imposible
conocer las realidades vitales de una
nación, para así formular
soluciones prácticas y puntuales a sus
problemas y peticiones. Como Picasso, a quien la
inspiración le llegaba siempre "cuando
estoy trabajando", al conductor de pueblos las
respuestas se le vienen a la cabeza al ir por
los caminos y oir a la gente. Inclusive no se
puede saber que hay problemas, si pasa metido en
una torre de marfil.
Salga, señor, a
visitar fábricas, oficinas y
hospitales...
Aquí se debe distinguir entre los
problemas "macro" de una nación, y los
problemas y dificultades que aquejan a sectores
y personas, pero que también los padece
muchísima gente. Los primeros
están a la vista de todos: cuestiones
relacionadas con el empleo, o los intercambios
comerciales, o la producción de
azúcar, o la pobreza, o la estabilidad
monetaria. Son problemas que se resuelven
adoptando políticas específicas,
como cuando se promueve la instalación de
maquilas.
Pero hay muchos otros vinculados a los
servicios públicos, o la efectividad de
las oficinas de gobierno, o excesos de
regulaciones, que requieren de una
atención sensata y constructiva, no de
presupuestos o de asesorías externas. Fue
así, digamos, que se logró
agilizar los procedimientos para sacar
mercadería de las aduanas a raíz
de una queja particular.
El presidente Flores tiene la inteligencia y
la personalidad, como para aprovechar en alto
grado una relación más estrecha y
sostenida con los muchos sectores del quehacer
productivo y social del país. Lo que
necesita es verse con representativos de los
más diversos grupos que componen nuestra
sociedad, y visitar desde hospitales y escuelas,
hasta fábricas y comercios. O como
hacía un líder político en
Nueva York, abrir al azar directorios
telefónicos y llamar a quienes su vista
encontraba.