- Tomando
la palabra
- La libertad es
una
- Orlando
de Sola
El
pasado lunes 29 de mayo, apareció en
este periódico una columna que puede
haber confundido a los lectores. Se titulaba:
"Neoliberalismo, ¿falacia? Y fue escrita
por el filósofo Carlos Sandoval.
El señor Sandoval trató de
refutar a Mario Vargas Llosa, un conocido
novelista peruano, que estuvo recientemente
en El Salvador. Vargas Llosa había
dicho que hablar del neoliberalismo es una
falacia y que era mejor hablar del
liberalismo a secas.
Para refutarlo, Carlos Sandoval
cayó en el error, muy común,
por cierto, de dividir la libertad, sin darse
cuenta que, aunque aplicable a los distintos
campos de la acción humana, la
libertad sigue siendo una.
El señor Sandoval asegura que hay
varios tipos de liberalismo, entre ellos el
político y el económico. Dice
que el primero es bueno, porque defiende los
derechos civiles, pero no así el
segundo, que en el Siglo XIX sirvió
para cometer muchas injusticias. Luego, dice
Sandoval, vino el neoliberalismo, para
corregir las injusticias del liberalismo
económico del Siglo XIX.
Pero la libertad es una. Y sigue siendo
para escoger, no para abusar de nadie, ni
para hacer diatribas.
No es cierto que haya dos tipos de
libertad, como tampoco es cierto que haya dos
tipos de justicia. Lo que pasa es que ambas
tienen diferentes aplicaciones, pero son la
misma, como en el caso de la justicia
individual y la social, que no están
contrapuestas, como se cree.
Cuando se habla de justicia conmutativa y
distributiva, no estamos modificando el
concepto de justicia, que sigue siendo el
mismo. Y no estamos pensando en fundar el
neojusticialismo, porque igual que la
libertad, el concepto de justicia es
aplicable a toda la acción humana.
Aunque no lo querramos, estamos condenados a
escoger, aun en la cárcel, porque
nuestra libertad física, o material,
no limita nuestra libertad de sentir y de
pensar, que es lo que nos distingue del resto
de la creación.
No es bueno dividir la libertad, como
tampoco es bueno dividir el liberalismo, que
no es tan político-económico
como existencial. El liberalismo es una
manera de enfocar la realidad, un estilo de
vida que reconoce y aprecia nuestra facultad
de escoger.
Los detractores de la libertad han
convertido al neoliberalismo en una especie
de bestia negra, una palabra talismán
que les sirve para describir todos los males
que, según ellos, engendra la
libertad. Pero el neoliberalismo no es
más que una palabreja, un neologismo
utilizado por los que prefieren y escogen,
voluntariamente, la servidumbre.
Hace poco escuché a un conocido
intelectual decir que los secuestros eran
producto del neoliberalismo, porque todo lo
ve como negocio. Pero la libertad para
escoger no implica daño a nuestros
semejantes, sino sólo eso, la libertad
para escoger.
Y son tan neoliberales los secuestros como
los hurtos y los homicidios que a diario se
cometen, pues tanto el crimen y la
delincuencia, como también los actos
de justicia, valentía y sobriedad que
a diario nos sorprenden, son producto de
nuestra libertad.
El liberalismo económico es tan
bueno, o tan malo, como lo querramos hacer. Y
el neoliberalismo no es nuevo porque es la
libertad para escoger y se remonta a nuestros
orígenes, cuando fuimos hechos a
imagen y semejanza de Dios. Por eso nos
distinguimos del resto de la creación,
por nuestra capacidad de razonar, discernir y
escoger, no porque tengamos la capacidad para
obrar mal.
Al maltratar a nuestros semejantes, o al
abusar de ellos, lo que sobresale no es
nuestra libertad, sino nuestra injusticia. Y
cuando obramos bien, no es porque seamos
esclavos, o faltos de voluntad, sino porque
hemos escogido la justicia.
Lo importante del liberalismo es reconocer
la importancia de nuestra capacidad para
escoger, no que sea viejo, o nuevo. Pero la
otra forma de ver nuestra realidad humana no
acepta los beneficios, ni la importancia de
la libertad. Por eso trata de sustituirla,
aunque no lo logra, por otras formas de
organización que priorizan el control,
la dominación y muchas veces el abuso
de los hombres y mujeres libres.