- Tema
del momento
- La edad de los
gobernantes
- Beatrice
Alamanni de Carrillo
Nuestra
Constitución, en su Art. 151,
establece la edad de treinta años como
requisito mínimo para acceder al cargo
de Presidente de la República, y, en
el Art. 160, determina la edad de 25
años para ser Ministro.
Constituye una antigua tradición
constitucional salvadoreña, facultar a
personas de tan corta edad para regir el
destino de la Patria, tal vez porque, en
tiempos pasados, este límite de edad
estaba acorde con la vida más breve
del ciudadano promedio que, entonces,
viviendo menos, maduraba y envejecía
en forma temprana.
También los desafíos
culturales eran menores, por lo tanto, la
preparación que podía haber
logrado un joven de 25 años, resultaba
ser suficiente para manejar la cosa
pública, que en aquellos entonces, era
más simple y menos tecnificada que en
nuestros días. Por esta razón,
posiblemente también, nos ha quedado
en la actual Carta Magna, sólo la
"instrucción notoria" como
único "requisito cultural
mínimo" para el cargo de Presidente y
de Ministros.
Tal vez haya llegado el momento de pensar
en requisitos más adecuados ante el
desafío de los tiempos, en cuanto al
acceso a dichos cargos.
El manejo del Ejecutivo (que es un
verdadero "poder", aunque la Ley Primaria lo
llame Organo) constituye una tarea de gran
magnitud, que requiere de altísimos
conocimientos
técnico-científicos,
específicos en el campo
político y, sobre todo, requiere de
una grandísima experiencia en el
mismo.
Un Estado no es una empresa (o seguramente
no es "sólo eso") y no puede ser
manejado como tal o, por lo menos, no basta
hacerlo de esta manera para lograr su
correcta conducción, que debe ser
eminentemente política.
La administración del Estado en
cuanto a "cosa pública", que es de
todos y no sólo de algunos, implica
una mayor responsabilidad y una gran
visión de conjunto, unidas a una
capacidad de negociación excelente,
sea a nivel interno como internacional.
Actualmente, en el entorno mundial, la
competitividad implacable en todos los
campos, impone retos siempre mayores en el
manejo del poder, sea éste
político, social o económico y,
por lo tanto, la preparación integral
de funcionarios públicos que deben
regir los destinos de la patria, no puede ser
completa a los 25 o a los 30 años,
edades en las cuales, no siempre se ha
logrado una preparación profesional
integral ni, mucho menos, una experiencia
política adecuada.
Ante las embestidas de las negociaciones
internas y, sobre todo, internacionales, que
nuestros gobernantes deben enfrentar con
"rivales" o contrapartes preparados, no
sólo académicamente, sino
más bien experimentados en el quehacer
del Estado, dotados de asesores expertos y
poderosos, es presumible suponer que la edad
temprana y la inexperiencia puedan jugar un
papel de grave desventaja para nuestros
líderes. Los romanos, en su
sabiduría, que todavía nos
enseña mucho, definían como
IUNIORES a los ciudadanos menores de 40
años y SENIORES a los mayores de 40
años.
A los Iuniores se les enviaba a la guerra,
pero sólo a los Seniores se les
entregaba la responsabilidad de declarar o
no, la guerra misma (los senadores).
Nuestra Constitución mantiene, por
cierto, esta tradición para la edad de
los Magistrados de la Corte Suprema de
Justicia y, por lo tanto, se debería
también elevar a los 40 años,
el límite mínimo de edad para
los altos cargos de gobierno. En Europa,
dicho límite linda por los 50
años en general, y en EE.UU, el
aparato de poder es tan completo y
espectacular, que la edad del presidente se
vuelve un elemento poco relevante; aunque, es
curioso observar, que los presidentes
"jóvenes" de los Estados Unidos han
tenido, en algún modo, impactos
más dramáticos para sí
mismos y/o sus gobiernos que los
"mayores".
Sin embargo, en el actual régimen
"de los 30 y de los 25 años", tenemos
en El Salvador, uno de los gobiernos
más jóvenes de Centro
América.
Lo impresionante es que, no sólo
son jóvenes los altos gobernantes,
sino también lo son sus
colaboradores.
Nadie piensa, que en la juventud resida la
única razón de selección
de los nuevos ejecutivos del gobierno, pero
es demasiado preponderante la
característica de la corta edad en el
Ejecutivo, para no reflexionar al respecto y
preocuparnos un poco por las eventuales
consecuencias.
De la juventud, nuestros estadistas, en su
gran mayoría, tienen las
peculiaridades, es decir: el entusiasmo (no
siempre justificado y pertinente), una cierta
ingenuidad en cuanto a "descubrir"
situaciones de todos ampliamente conocidas,
la planificación teórica, un
tanto alejada de la realidad, la falta de
respuestas evidentes ante los
fenómenos sociales y económicos
inesperados, que ocurren en nuestro
país en forma imprevista.
Esta aparente "inocencia" generalizada, en
el estilo del gobierno, puede producir en
ciertas circunstancias ante la opinión
pública, la sensación de
vacío de poder y de
indefinición ante la
problemática nacional.
Algunos creemos, que cuenta todavía
el valor inigualable de la experiencia, que
sólo la vida "vivida", los años
y la embestida de las dificultades superadas
o no, los éxitos y los fracasos,
pueden dar.
Posiblemente, no se aprendan
necesariamente estas cosas en las aulas
universitarias, ni se encuentren documentadas
en Internet, sobre todo, por lo que concierne
al quehacer político de una
nación, sino en el tejido de largas
prácticas de enfrentamiento con la
realidad de la "Respublica".
Nos queda una reflexión y, sobre
todo, una inquietud, un tanto alarmante: Ante
la incertidumbre de la situación
nacional, ¿serán suficientes el
candor y el entusiasmo de los
"jóvenes" para conducir este nuestro
país, tan probado por la historia y
las circunstancias?
Dra. en Derecho y columnista de El Diario
de Hoy.
beatricealamanni@sv.cciglobal.net