Miércoles 14 de junio


Tema del momento
La edad de los gobernantes
Beatrice Alamanni de Carrillo

Nuestra Constitución, en su Art. 151, establece la edad de treinta años como requisito mínimo para acceder al cargo de Presidente de la República, y, en el Art. 160, determina la edad de 25 años para ser Ministro.

Constituye una antigua tradición constitucional salvadoreña, facultar a personas de tan corta edad para regir el destino de la Patria, tal vez porque, en tiempos pasados, este límite de edad estaba acorde con la vida más breve del ciudadano promedio que, entonces, viviendo menos, maduraba y envejecía en forma temprana.

También los desafíos culturales eran menores, por lo tanto, la preparación que podía haber logrado un joven de 25 años, resultaba ser suficiente para manejar la cosa pública, que en aquellos entonces, era más simple y menos tecnificada que en nuestros días. Por esta razón, posiblemente también, nos ha quedado en la actual Carta Magna, sólo la "instrucción notoria" como único "requisito cultural mínimo" para el cargo de Presidente y de Ministros.

Tal vez haya llegado el momento de pensar en requisitos más adecuados ante el desafío de los tiempos, en cuanto al acceso a dichos cargos.

El manejo del Ejecutivo (que es un verdadero "poder", aunque la Ley Primaria lo llame Organo) constituye una tarea de gran magnitud, que requiere de altísimos conocimientos técnico-científicos, específicos en el campo político y, sobre todo, requiere de una grandísima experiencia en el mismo.

Un Estado no es una empresa (o seguramente no es "sólo eso") y no puede ser manejado como tal o, por lo menos, no basta hacerlo de esta manera para lograr su correcta conducción, que debe ser eminentemente política.

La administración del Estado en cuanto a "cosa pública", que es de todos y no sólo de algunos, implica una mayor responsabilidad y una gran visión de conjunto, unidas a una capacidad de negociación excelente, sea a nivel interno como internacional.

Actualmente, en el entorno mundial, la competitividad implacable en todos los campos, impone retos siempre mayores en el manejo del poder, sea éste político, social o económico y, por lo tanto, la preparación integral de funcionarios públicos que deben regir los destinos de la patria, no puede ser completa a los 25 o a los 30 años, edades en las cuales, no siempre se ha logrado una preparación profesional integral ni, mucho menos, una experiencia política adecuada.

Ante las embestidas de las negociaciones internas y, sobre todo, internacionales, que nuestros gobernantes deben enfrentar con "rivales" o contrapartes preparados, no sólo académicamente, sino más bien experimentados en el quehacer del Estado, dotados de asesores expertos y poderosos, es presumible suponer que la edad temprana y la inexperiencia puedan jugar un papel de grave desventaja para nuestros líderes. Los romanos, en su sabiduría, que todavía nos enseña mucho, definían como IUNIORES a los ciudadanos menores de 40 años y SENIORES a los mayores de 40 años.

A los Iuniores se les enviaba a la guerra, pero sólo a los Seniores se les entregaba la responsabilidad de declarar o no, la guerra misma (los senadores).

Nuestra Constitución mantiene, por cierto, esta tradición para la edad de los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia y, por lo tanto, se debería también elevar a los 40 años, el límite mínimo de edad para los altos cargos de gobierno. En Europa, dicho límite linda por los 50 años en general, y en EE.UU, el aparato de poder es tan completo y espectacular, que la edad del presidente se vuelve un elemento poco relevante; aunque, es curioso observar, que los presidentes "jóvenes" de los Estados Unidos han tenido, en algún modo, impactos más dramáticos para sí mismos y/o sus gobiernos que los "mayores".

Sin embargo, en el actual régimen "de los 30 y de los 25 años", tenemos en El Salvador, uno de los gobiernos más jóvenes de Centro América.

Lo impresionante es que, no sólo son jóvenes los altos gobernantes, sino también lo son sus colaboradores.

Nadie piensa, que en la juventud resida la única razón de selección de los nuevos ejecutivos del gobierno, pero es demasiado preponderante la característica de la corta edad en el Ejecutivo, para no reflexionar al respecto y preocuparnos un poco por las eventuales consecuencias.

De la juventud, nuestros estadistas, en su gran mayoría, tienen las peculiaridades, es decir: el entusiasmo (no siempre justificado y pertinente), una cierta ingenuidad en cuanto a "descubrir" situaciones de todos ampliamente conocidas, la planificación teórica, un tanto alejada de la realidad, la falta de respuestas evidentes ante los fenómenos sociales y económicos inesperados, que ocurren en nuestro país en forma imprevista.

Esta aparente "inocencia" generalizada, en el estilo del gobierno, puede producir en ciertas circunstancias ante la opinión pública, la sensación de vacío de poder y de indefinición ante la problemática nacional.

Algunos creemos, que cuenta todavía el valor inigualable de la experiencia, que sólo la vida "vivida", los años y la embestida de las dificultades superadas o no, los éxitos y los fracasos, pueden dar.

Posiblemente, no se aprendan necesariamente estas cosas en las aulas universitarias, ni se encuentren documentadas en Internet, sobre todo, por lo que concierne al quehacer político de una nación, sino en el tejido de largas prácticas de enfrentamiento con la realidad de la "Respublica".

Nos queda una reflexión y, sobre todo, una inquietud, un tanto alarmante: Ante la incertidumbre de la situación nacional, ¿serán suficientes el candor y el entusiasmo de los "jóvenes" para conducir este nuestro país, tan probado por la historia y las circunstancias?

Dra. en Derecho y columnista de El Diario de Hoy.

beatricealamanni@sv.cciglobal.net


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