Cada vez que me
convierta en
Antes, todo el mundo creía en el
embrujo de la luna llena, en las balas de plata
y en las coronas de ajo. Pero aquellas leyendas
se han acabado.
Por Telena
Ibarra
Ya
no es necesario tener un repugnante aspecto
físico ni emitir espantosos aullidos para
asustar a las personas. Ahora cualquiera puede
ser un monstruo.
Es una lastima, pero la magia se ha perdido.
A las criaturas les tomaba años de
entrenamiento y práctica para que al
pasar por cada pueblo los llamaran monstruos. Y
es que en aquellos tiempos ser llamado
"monstruo" era todo un reconocimiento, una
designación y un honor, cuestión
de orgullo y tradición.
Ahora no. Para comenzar les dan otros
nombres: asesino, loco, homicida,
psicópata, enfermo mental, criminal y por
si fuera poco lo niegan cuando las autoridades
los atrapan. Así es mi estimado lector,
ser monstruo ya no es un arte.
Ya no se requiere experiencia ni
vocación. Basta con tener una escopeta,
una pistola o un cuchillo para asustar a las
personas, o incluso tener mal aliento y una cara
enviciada por el alcohol y las drogas para
impresionar. Tampoco hay que esperar a que salga
la luna llena ni a que algún curioso se
acerque a la laguna o al castillo para atacar.
Ahora los monstruos atacan a plena luz del
día sin recato ni discreción,
porque resulta que tampoco tienen verguenza.
La crisis es tal que de un día para
otro aparecen personas que sin razón
alguna decide ser un monstruo y se dedica a la
profesión sin estudios previos ni
ética. Una persona común puede
sufrir una transformación repentina y
convertirse en un verdadero peligro con la luz
del semáforo, con una maldición o
una mala cara. Y todos, el jefe, el empleado, el
busero, la cajera, el policía, el
adolescente, la maestra, el esposo o la novia...
cualquiera puede convertirse en monstruo.
¿Será que todos llevamos al
monstruo por dentro? o ¿será que
perdimos la razón y pasamos de ser los
civilizados del planeta a los bestias de dos
patas? Y ¿como llegamos a este final?
Será que como ahora todo se vale (robar
millones, ponerse en huelga, matar y salir
libre, mentir con descaro, negar los hechos, no
hacer caso a la autoridad, no trabajar y
cobrar), entonces no importa si me convierto en
un monstruo porque total, uno más...
Ya te digo mi ahora bien ponderado
Drácula, al Hombre Lobo, Frankenstein, al
Monstruo de la Laguna, a la Medusa, Godzila y a
los demás integrantes de esa horrible y
bien deformada familia que los monstruos de hoy
no dejan nada a la imaginación y lo que
peor, acaban por contagiar a otros que no
quieren ni desean ser monstruos.
¿Quién nos salvará?