Martes 13 de junio


Cada vez que me convierta en

Antes, todo el mundo creía en el embrujo de la luna llena, en las balas de plata y en las coronas de ajo. Pero aquellas leyendas se han acabado.

Por Telena Ibarra

Ya no es necesario tener un repugnante aspecto físico ni emitir espantosos aullidos para asustar a las personas. Ahora cualquiera puede ser un monstruo.

Es una lastima, pero la magia se ha perdido. A las criaturas les tomaba años de entrenamiento y práctica para que al pasar por cada pueblo los llamaran monstruos. Y es que en aquellos tiempos ser llamado "monstruo" era todo un reconocimiento, una designación y un honor, cuestión de orgullo y tradición.

Ahora no. Para comenzar les dan otros nombres: asesino, loco, homicida, psicópata, enfermo mental, criminal y por si fuera poco lo niegan cuando las autoridades los atrapan. Así es mi estimado lector, ser monstruo ya no es un arte.

Ya no se requiere experiencia ni vocación. Basta con tener una escopeta, una pistola o un cuchillo para asustar a las personas, o incluso tener mal aliento y una cara enviciada por el alcohol y las drogas para impresionar. Tampoco hay que esperar a que salga la luna llena ni a que algún curioso se acerque a la laguna o al castillo para atacar. Ahora los monstruos atacan a plena luz del día sin recato ni discreción, porque resulta que tampoco tienen verguenza.

La crisis es tal que de un día para otro aparecen personas que sin razón alguna decide ser un monstruo y se dedica a la profesión sin estudios previos ni ética. Una persona común puede sufrir una transformación repentina y convertirse en un verdadero peligro con la luz del semáforo, con una maldición o una mala cara. Y todos, el jefe, el empleado, el busero, la cajera, el policía, el adolescente, la maestra, el esposo o la novia... cualquiera puede convertirse en monstruo.

¿Será que todos llevamos al monstruo por dentro? o ¿será que perdimos la razón y pasamos de ser los civilizados del planeta a los bestias de dos patas? Y ¿como llegamos a este final? Será que como ahora todo se vale (robar millones, ponerse en huelga, matar y salir libre, mentir con descaro, negar los hechos, no hacer caso a la autoridad, no trabajar y cobrar), entonces no importa si me convierto en un monstruo porque total, uno más...

Ya te digo mi ahora bien ponderado Drácula, al Hombre Lobo, Frankenstein, al Monstruo de la Laguna, a la Medusa, Godzila y a los demás integrantes de esa horrible y bien deformada familia que los monstruos de hoy no dejan nada a la imaginación y lo que peor, acaban por contagiar a otros que no quieren ni desean ser monstruos. ¿Quién nos salvará?


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