Martes 13 de junio


Comentando
Un poco sobre cambio climático
Juan Marco Álvarez Gallardo*

No debe sorprendernos el hecho de que nuestro planeta ya no puede seguir dependiendo de la energía proveniente del carbón, del petróleo y de actividades hidroeléctricas y geotérmicas, dado que se avecina una gran catástrofe, impulsada por cambios en el clima. El consumo de combustibles orgánicos, como la gasolina y el diesel, añade miles de millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera cada año, acelerando el llamado efecto invernadero. Asimismo, la alarmante deforestación y los incendios forestales también contribuyen al cambio climático, pues se genera CO2 cuando se degrada o quema la materia orgánica.

Es interesante destacar que existe una relación directa entre el número de toneladas consumidas de petróleo y la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, cuando se compara con la temperatura promedio global y el costo de los daños provocados por huracanes y tormentas.

Por ejemplo, en 1970 se tuvo el siguiente escenario: 4.800 millones de toneladas de petróleo consumidas a esa fecha, generaban 325 partes por millón de concentración de CO2. La temperatura era de 13.8 grados centígrados y los daños por huracanes y tormentas eran prácticamente nulos (entre 500 y mil millones de dólares).

Ahora, en el año 2000, se cuenta con los datos siguientes: 8.000 millones de toneladas de petróleo consumidas a la fecha, han generado 375 partes por millón de concentración de CO2. De igual forma, la temperatura ha subido a 14.6 grados centígrados y la valoración de los daños por huracanes y tormentas es de 100 mil millones de dólares.

Desde una perspectiva de supervivencia de la raza humana, continuar consumiendo combustibles orgánicos es una actividad totalmente irracional. Los más de 6 mil millones de habitantes vivimos en un planeta que se encuentra muy enfermo, por culpa del sistema altamente contaminante que seleccionamos durante todo el siglo pasado, para proveernos de energía. En realidad, lo que estamos viviendo representa un legado que incluye lagos y humedales devastados, bosques altamente degradados, y más que eso, millones de pulmones dañados, incluyendo una gran porción de los de San Salvador.

Debemos encaminarnos hacia una transición energética e impulsar el uso de tecnologías revolucionarias o innovadoras como las celdas solares, turbinas de viento y celdas de combustible que puedan utilizarse para generar electricidad concentrada e hidrógeno, para así dotar de energía limpia a fábricas, casas, vehículos e inclusive aviones. Es interesante destacar el hecho de que estos dispositivos innovadores ocupan un puesto en la economía global, similar a lo que el motor de combustible y el generador electromagnético ocupaban a finales del siglo 19, es decir en los 1890's.

Esta tecnología ya se puede adquirir en el mercado mundial pero su uso es muy limitado, dado su costo actual. Celdas solares y carros impulsados por hidrógeno y electricidad apenas comienzan a abrirse mercado en los países desarrollados, pero sólo se necesita un pequeño impulso de los gobiernos más ricos del planeta para estimular el consumo a gran escala.

A pesar de la tremenda contaminación atmosférica, existen datos alentadores. Según la revista Earthwatch de los Estados Unidos, durante la década pasada, el crecimiento anual en el uso de la energía eólica ha sido de un 26% por año. Asimismo, el crecimiento en el uso de la energía solar ha sido de 17% por año. En contraposición, el crecimiento de la industria del petróleo fue de 1.4% por año.

Se hace necesario entonces impulsar la transición rápida hacia energías no contaminantes o limpias, como la energía solar y otras energías renovables, como la eólica y la impulsada por hidrógeno, para encaminar al planeta hacia un verdadero desarrollo sostenible. Aquí en El Salvador, si bien es cierto falta mucho para ofrecer tecnologías eficientes y limpias como las mencionadas, se podría comenzar dando un gran ejemplo: eliminando el subsidio al diesel y planificando mejor el sistema de transporte público, incluyendo la reactivación de los ferrocarriles.

* Director ejecutivo de SalvaNATURA.


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