La
Nota del Día
11 de Junio de 2000
Son prácticas que
deben terminar
En esto de las escuchas telefónicas,
las víctimas hemos sido muchos, desde la
empresa de telefonía que en apariencia
fue forzada a desviar llamadas, hasta aquellos
cuya intimidad viene siendo pisoteada. Son estos
resabios de las viejas prácticas
autoritarias que, en algún momento, con
el afianzamiento de la democracia, tienen que
terminar.
Pero lo absurdo es que, por las
señales que se tienen, el montaje no ha
contribuido a afianzar la seguridad del Estado,
o informar mejor al Ejecutivo de lo que se
piensa y de conspiraciones en marcha, o combatir
la delincuencia organizada. Las interferencias
han sido muy valiosas para seguir la pista de
ciertos execrables crímenes, pero en su
mayoría se ocupan para recoger
información sobre ciudadanos
pacíficos que destacan en alguna manera.
Se busca saber lo que políticos,
empresarios, banqueros, ministros, periodistas,
entidades y gente corriente, hacen de sus vidas,
de su ocio, de sus sentimientos y de sus
relaciones.
Es esa la razón de que los
teléfonos de constructoras estuvieran
intervenidos, o se escuchara a las personas que
llamaban a una asociación de "gays". Se
interviene a gente que no es amenaza ni para el
gobierno ni para la sociedad ni para nadie. Se
pinchan los teléfonos cuando las personas
señaladas hablan con sus amigos, sus
novias, sus banqueros y sus clientes. Se les oye
para "tenerles la cola pateada" con algo que, en
algún momento, pueda doblegar su voluntad
o forzarlos a algo.
Lo asombroso es que sólo un
pequeño grupo, o más bien un
individuo, es el principal beneficiado
-así lo supone él- de esta
intromisión en vidas ajenas. Lo que
averigua lo manipula en diversas formas:
haciendo chistes en reuniones, soltando
indirectas, alimentando hocicos ajenos para
insinuar y amenazar. Ese conocimiento le da una
medida de poder sobre funcionarios,
políticos, ministros y otros; aunque la
gente sabe algo de lo que este señor
conoce, no alcanza a vislumbrar hasta
dónde ha escarbado.
Toca a la presidencia
corregir esta situación
Jugar de espía termina hundiendo a
alguien en infamias y extremos cada vez peores.
Se comienza con las llamadas y se termina con
seguimientos en vehículos, con
fotografías a distancia, con pagos a las
personas con quienes las víctimas tratan,
para conocer más. El aparato que se debe
utilizar contra criminales, termina
usándose para vigilar y hostigar a
ciudadanos con responsabilidades y protagonismo.
Los extremos en que se cae se dan bajo
regímenes totalitarios, como los
comunistas cubanos y nicaragüenses, donde
la delación, la vigilancia cuadra por
cuadra, los espías dentro de las propias
casas y sitios de trabajo encadenan a cada ser
humano.
El asunto se ha salido de las manos y puede
causar graves perjuicios al actual gobierno, a
nuestra sociedad y a la democracia. Urge
legislar para que las autoridades usen las
interferencias en su lucha contra el crimen,
pero en acciones transparentes que no sean
amenaza para nadie.
Urge, asimismo, que el Presidente de la
República corrija esta situación,
desautorizando a quien y quienes se han valido
de su confianza y de la cercanía al
cargo, para montar un aparataje que
ningún beneficio trae al Ejecutivo, pero
que se ha transformado en un foco de chantajes y
amenazas. La voz pública señala al
responsable de jugar con vidas y reputaciones
ajenas.