Jueves 1 de junio


























Templo de enseñanza y saber

La Biblioteca Municipal de Santa Ana es un rinconcito interesante para aprender. Muchos la consultan, pero casi nadie la enriquece.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy

Más de veinte mil libros están distribuidos en viejos estantes a lo largo y ancho del pequeño cuarto donde funciona la biblioteca municipal de Santa Ana, fundada en 1896.

Unas 350 personas originarias de esa ciudad, así como de Candelaria de la Frontera, Texistepeque, El Congo, Coatepeque, Atiquizaya y hasta de Chalatenango, en su mayoría niños y jóvenes, acuden diariamente para consultar los deteriorados libros y documentos que posee.

Ahí consultan sus tareas escolares o simplemente leen. En cada uno de esos libros viejos se pueden encontrar historias fascinantes, datos de civilizaciones pasadas, mucha información y poemas de amor. Esos ejemplares son invaluables tesoros de cultura.

"A pesar de que tenemos carencia de libros y de que algunas colecciones están desactualizadas, muchos vienen a consultar aquí", dice Lilian Somoza de Romero, encargada de la biblioteca.

Aun con estos inconvenientes, el lugar ofrece un sinfín de textos de apoyo a los programas escolares, así como literatura (desde la clásica hasta algunas de reciente edición).

Verdaderas reliquias

Ediciones como una de "Romeo y Julieta", de 1947; "Recuerdos salvadoreños", de 1920; obras de Julio Verne y libros de poesía española de principios de siglo se han convertido en verdaderas reliquias.

Uno de los ejemplares más valiosos es la obra de Miguel de Cervantes, "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha", una edición de tres tomos ilustrada con dibujos de varios artistas, entre ellos Gustavo Doré. Fue donada por el Club Rotario de esa ciudad hace ya varios años.

A pesar de que existen estos ejemplares tan valiosos que están a disposición del público no son muy solicitados. Las obras más leídas son "Mi lucha", escrita por Adolfo Hitler, y "Los tres mosqueteros", el clásico de Alejandro Dumas padre.

Pero los visitantes también encuentran más que obras literarias, importantes ediciones enciclopédicas como la Guillet, Barsa, tomos de Historia Universal, aritmética, pedagogías, biología y la colección Maíz, entre otras.

Por el descuido

En este ir y venir en el préstamo de libros, muchos se han extraviado, entre ellos ejemplares literarios como una colección de Agatha Christie. Otros se han deteriorado por causa del descuido y las polillas.

Según algunos trabajadores municipales, el mal estado de estos tesoros literarios y documentales ha sido producto de la indiferencia de las administraciones municipales. "El mismo hecho de no comprar enciclopedias actualizadas para enriquecer la biblioteca es una muestra", opinó una usuaria que prefirió mantenerse en el anonimato.

La encargada de este centro reconoce el problema de la bibliografía desactualizada con que cuentan. "Lo que hacemos para satisfacer la demanda de los estudiantes es que coleccionamos material publicado en los periódicos o fotocopiamos partes de libros que sabemos que solicitan", dice la señora de Romero.

La Biblioteca Municipal necesita auxilio. Las donaciones de libros son nulas, las últimas se hicieron hace más de diez años y la exigencias académicas van evolucionando, así como la producción literaria va en aumento.

"Necesitamos almanaques recientes de cualquier tipo, gramáticas, diccionarios Larousse, colección Maíz y todo aquello que sea útil para nuestros usuarios", puntualizó la bibliotecaria.

Respeto ante todo

"El silencio es sagrado en esta biblioteca", reza uno de los letreros pegados en la estantería y es la regla que todos cumplen. "Es un templo sagrado del saber donde venimos a aprender", dice Lilian, y con sus palabras resume que aquí reina el respeto a todo, incluyendo el mobiliario antiguo y las ediciones.

Bancas pesadas y largas, mesas grandes y generosas, anaqueles antiguos y atriles para colocar los libros abiertos, todo en madera buena. Prueba de ello es la resistencia a tantos años. Doña Lilian casi está segura que datan desde la fundación de la biblioteca.

Pero el respeto que se impone en este lugar seguramente ha contribuido a la preservación de estos inmuebles. También se exige vestuario adecuado. Los estudiantes saben que vestir camisetas, pantalones cortos o blusas escotadas es un irrespeto a este templo del saber.

Y no se diga sobre el comportamiento de los usuarios. "Hay muchos estudiantes a los que en otras bibliotecas se les ha negado el ingreso por su mal comportamiento, pero acá se someten a las reglas", dice Lilian.

Otra norma inquebrantable es no prestar libros fuera de la biblioteca y tampoco puede consultarlos si no se presenta carné de usuario, y si no lo tienen, deben presentar partida de nacimiento, cédula o tarjeta de afiliación del ISSS de cualquiera de sus padres.

La fundación

- Según el libro "Hombres y cosas de Santa Ana", de Juan Galdámez Armas, esta biblioteca nace de la iniciativa particular cuando en 1894 varios jóvenes inquietos y amantes de la lectura notaron la carencia de un centro bibliotecario.

- Tras la inquietud vino una intensa campaña para recolectar libros en toda la ciudad. Un semanario llamado "El Martillo", que los mismos jóvenes editaban, sirvió para dicho propósito.

- También enviaron una circular a las personas que podrían donarles libros y cuando reunieron suficiente cantidad establecieron la biblioteca en una casa vecina al edificio municipal.

- Fue inaugurada un 25 de diciembre de 1894 con el nombre de Biblioteca Municipal, siendo su primer director un pedagogo.


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