Templo de
enseñanza y saber
La Biblioteca Municipal de Santa Ana es un
rinconcito interesante para aprender. Muchos la
consultan, pero casi nadie la enriquece.
- José
Osmín Monge
- El Diario
de Hoy
Más de veinte mil libros están
distribuidos en viejos estantes a lo largo y
ancho del pequeño cuarto donde funciona
la biblioteca municipal de Santa Ana, fundada en
1896.
Unas 350 personas originarias de esa ciudad,
así como de Candelaria de la Frontera,
Texistepeque, El Congo, Coatepeque, Atiquizaya y
hasta de Chalatenango, en su mayoría
niños y jóvenes, acuden
diariamente para consultar los deteriorados
libros y documentos que posee.
Ahí consultan sus tareas escolares o
simplemente leen. En cada uno de esos libros
viejos se pueden encontrar historias
fascinantes, datos de civilizaciones pasadas,
mucha información y poemas de amor. Esos
ejemplares son invaluables tesoros de
cultura.
"A pesar de que tenemos carencia de libros y
de que algunas colecciones están
desactualizadas, muchos vienen a consultar
aquí", dice Lilian Somoza de Romero,
encargada de la biblioteca.
Aun con estos inconvenientes, el lugar ofrece
un sinfín de textos de apoyo a los
programas escolares, así como literatura
(desde la clásica hasta algunas de
reciente edición).
Verdaderas reliquias
Ediciones como una de "Romeo y Julieta", de
1947; "Recuerdos salvadoreños", de 1920;
obras de Julio Verne y libros de poesía
española de principios de siglo se han
convertido en verdaderas reliquias.
Uno de los ejemplares más valiosos es
la obra de Miguel de Cervantes, "El ingenioso
hidalgo don Quijote de la Mancha", una
edición de tres tomos ilustrada con
dibujos de varios artistas, entre ellos Gustavo
Doré. Fue donada por el Club Rotario de
esa ciudad hace ya varios años.
A pesar de que existen estos ejemplares tan
valiosos que están a disposición
del público no son muy solicitados. Las
obras más leídas son "Mi lucha",
escrita por Adolfo Hitler, y "Los tres
mosqueteros", el clásico de Alejandro
Dumas padre.
Pero los visitantes también encuentran
más que obras literarias, importantes
ediciones enciclopédicas como la Guillet,
Barsa, tomos de Historia Universal,
aritmética, pedagogías,
biología y la colección
Maíz, entre otras.
Por el descuido
En este ir y venir en el préstamo de
libros, muchos se han extraviado, entre ellos
ejemplares literarios como una colección
de Agatha Christie. Otros se han deteriorado por
causa del descuido y las polillas.
Según algunos trabajadores
municipales, el mal estado de estos tesoros
literarios y documentales ha sido producto de la
indiferencia de las administraciones
municipales. "El mismo hecho de no comprar
enciclopedias actualizadas para enriquecer la
biblioteca es una muestra", opinó una
usuaria que prefirió mantenerse en el
anonimato.
La encargada de este centro reconoce el
problema de la bibliografía
desactualizada con que cuentan. "Lo que hacemos
para satisfacer la demanda de los estudiantes es
que coleccionamos material publicado en los
periódicos o fotocopiamos partes de
libros que sabemos que solicitan", dice la
señora de Romero.
La Biblioteca Municipal necesita auxilio. Las
donaciones de libros son nulas, las
últimas se hicieron hace más de
diez años y la exigencias
académicas van evolucionando, así
como la producción literaria va en
aumento.
"Necesitamos almanaques recientes de
cualquier tipo, gramáticas, diccionarios
Larousse, colección Maíz y todo
aquello que sea útil para nuestros
usuarios", puntualizó la
bibliotecaria.
Respeto ante todo
"El silencio es sagrado en esta biblioteca",
reza uno de los letreros pegados en la
estantería y es la regla que todos
cumplen. "Es un templo sagrado del saber donde
venimos a aprender", dice Lilian, y con sus
palabras resume que aquí reina el respeto
a todo, incluyendo el mobiliario antiguo y las
ediciones.
Bancas pesadas y largas, mesas grandes y
generosas, anaqueles antiguos y atriles para
colocar los libros abiertos, todo en madera
buena. Prueba de ello es la resistencia a tantos
años. Doña Lilian casi está
segura que datan desde la fundación de la
biblioteca.
Pero el respeto que se impone en este lugar
seguramente ha contribuido a la
preservación de estos inmuebles.
También se exige vestuario adecuado. Los
estudiantes saben que vestir camisetas,
pantalones cortos o blusas escotadas es un
irrespeto a este templo del saber.
Y no se diga sobre el comportamiento de los
usuarios. "Hay muchos estudiantes a los que en
otras bibliotecas se les ha negado el ingreso
por su mal comportamiento, pero acá se
someten a las reglas", dice Lilian.
Otra norma inquebrantable es no prestar
libros fuera de la biblioteca y tampoco puede
consultarlos si no se presenta carné de
usuario, y si no lo tienen, deben presentar
partida de nacimiento, cédula o tarjeta
de afiliación del ISSS de cualquiera de
sus padres.
La fundación
- Según el libro "Hombres y cosas de
Santa Ana", de Juan Galdámez Armas, esta
biblioteca nace de la iniciativa particular
cuando en 1894 varios jóvenes inquietos y
amantes de la lectura notaron la carencia de un
centro bibliotecario.
- Tras la inquietud vino una intensa
campaña para recolectar libros en toda la
ciudad. Un semanario llamado "El Martillo", que
los mismos jóvenes editaban,
sirvió para dicho propósito.
- También enviaron una circular a las
personas que podrían donarles libros y
cuando reunieron suficiente cantidad
establecieron la biblioteca en una casa vecina
al edificio municipal.
- Fue inaugurada un 25 de diciembre de 1894
con el nombre de Biblioteca Municipal, siendo su
primer director un pedagogo.