En el
Bajo Lempa temen otro desastre
Aunque les prometen el
cielo y la tierra con el fin de disminuir los
riesgos, en la práctica, los habitantes
del Bajo Lempa reciben ayuda a medias. Tienen
radios con baterías descargadas y
teléfonos que no "pegan" con CEL y COEN.
La borda tampoco estará terminada a
tiempo.
- Pedro
Rodríguez
- El
Diario de Hoy
Todo
es incierto en el Bajo Lempa. Para los
pobladores de la zona donde desemboca el
río más caudaloso del país,
no es nada agradable la entrada del invierno.
Cada vez que oyen un trueno, o ven el resplandor
de un relámpago, comienza la angustia
entre los ancianos, mujeres y niños. La
experiencia les dice que, dentro de unas horas,
o por la noche, puede sorprenderlos la
correntada.
Solo los hombres
mantienen, por disciplina, no dormir muy
confiados a ninguna hora, aun cuando
estén agotados de la tarea
agrícola o la pesca, porque tienen que
estar pendientes de que, en cualquier momento,
repique la campana de la comunidad en
señal de alerta a todos los vecinos.
También pueden escuchar indicaciones por
los altavoces. Ese será el momento
más oportuno para abandonar los
ranchos.
Al terminar el mes de
mayo, los pobladores del Bajo Lempa comienzan la
cuenta regresiva de la llegada del invierno, los
fuertes vientos y temporales.
Algunos, como las 413
familias de la Isla de Méndez, pierden,
durante la época de lluvias, cualquier
acceso de vía terrestre. La única
salida es el mar. Hombres y mujeres se dedican
en exclusiva a la pesca, pasan días sin
comida, porque no pueden salir a
trabajar.
En la comunidad Nuevo
Amanecer, los pobladores están
intranquilos por los pronósticos de que
habrá temporales severos. Desde hace dos
meses están limpiando los drenajes de la
única vía y todavía no
están seguros si el desagüe va a
soportar la cantidad de agua que baja del
río Lempa cuando se desborda.
Los líderes de las
comunidades Marillo 1 y 2, Las Mesitas, Los
Cálix, El Presidio y La Canoa temen que
este año se produzca un desastre similar
o mucho más grave que el causado por la
tormenta tropical "Mitch", en octubre de
1998.
Y no es para menos. No
sólo existe el temor de que se desborde
el río, sino también hay peligro
de que las toneladas de tierra sin compactar,
dispuestas en la ribera para construir la borda,
se vean arrastradas por la lluvia y dejen
soterradas las vivienda en, al menos, 20
comunidades de ex soldados y ex
guerrilleros.
Todo
a medias
La ayuda ofrecida a los
habitantes del Bajo Lempa no ha sido concreta.
Les prometieron la construcción de una
borda desde San Marcos Lempa hasta el
caserío La Canoa, y el trabajo no se ha
terminado. Sin embargo, les han dejado los
promontorios de tierra floja que, con las
primeras tormentas que cayeron la semana pasada,
comenzó a lavarse."Vamos a nadar en
lodo", dice José Rosalío Ramos, al
mostrar que, con un pequeño golpe de pie,
la tierra se desmorona.
También hubo un
ofrecimiento formal de radios de
comunicación para los líderes
comunales con el propósito de dar la
alerta al subir el nivel del agua, pero las
baterías para vehículo de 12
voltios solamente les duran con carga de dos a
tres días, según afirma Camilo,
uno de los responsables del control.
Otro gran compromiso con
los habitantes del Bajo Lempa fue dotarlos de
teléfonos celulares, pero los aparatos no
"pegan" o no logran comunicación con el
Comité de Emergencia, ni con la
Comisión Ejecutiva del Río Lempa
(CEL).
Los ofrecimientos no paran
allí, pues el gobierno se
comprometió a mejorar la calle de acceso
desde San Marcos Lempa hasta La Canoa, y de los
23 kilómetros que tiene de
extensión, solamente pavimentarán
10 kilómetros.
Se oponen a
reubicación
Pese a los peligros que
desde hace siete años vienen sufriendo
los habitantes del Bajo Lempa con
pérdidas de cultivos, ganadería,
aves de corral y otras pertenencias, la
mayoría se opone a ser
reubicada.
Según los
excombatientes, hay intereses económicos,
e incluso, del mismo gobierno, de tomarse las
tierras para convertir el lugar en sitio
turístico. Según Rosa
Ramírez Santos, el último promotor
que llegó la semana pasada les
reiteró que vayan buscando otros terrenos
por otra zona, porque la reubicación es
un hecho.
En el Bajo Lempa, en la
jurisdicción de Usulután, los
poblados que se inundan son Nuevo Amanecer,
Marrillo, La Plancha, Las Mesitas, Las Canoitas,
Monte Mar, El Presidio, Los Cálix, La
Chacastera y la Isla de Méndez, en la
bahía de Jiquilisco.