La
Nota del Día
30 de Mayo de 2000
O se defienden, o sucumben
La proyección a la ciudadanía
de las políticas y realizaciones del
actual gobierno ha sido pobrísima, al
extremo que muy pocos comprenden su rumbo y sus
propósitos. La oficina de
información, para llamarla de alguna
manera, no pasa de contar sus historias, sin dar
argumentos a favor de las posturas adoptadas, o
esforzarse por mover a la opinión
pública a su favor. Se reacciona en lugar
de asumir un liderazgo.
Esto es particularmente grave, debido a la
embestida propagandística de la
oposición radical, que quiere socavar y
hasta revertir muchos de los logros de los
gobiernos de ARENA. Las privatizaciones
efectuadas, los tímidos pasos de
modernización, las políticas
monetarias y la desregulación, quedan
casi al descubierto, sin que se monte una
campaña para explicar, y convencer, de
sus bondades.
Falta, desde luego, que los sectores y
empresas que han surgido con las privatizaciones
expongan y defiendan lo que hacen, para colocar
en su correcta dimensión y perspectiva lo
medular de su actividad. Los salvadoreños
deben enterarse a cabalidad en qué
consiste y les beneficia la desregulación
y desburocratización de servicios, como
son la telefonía y el régimen de
pensiones; más importante aún,
tienen que comprender cómo la competencia
obliga a los proveedores de servicios y bienes
diversos, a mejorar calidades y mantener sus
precios.
Para muchos, el problema se deriva de que el
propio gobierno no está del todo claro
respecto a los alcances y significado de lo que
es una economía abierta, la forma de
superar los esquemas dirigistas y estatizantes
del pasado, y de cómo es necesario que
las partes del cuerpo social armonicen entre
sí para obtener un crecimiento vigoroso.
Pasivamente, el Ejecutivo tolera las
truculencias en la aplicación de las
leyes de parte del Poder Judicial, y no combate
a fondo la demagogia de los partidos
políticos de oposición.
Dejen de reaccionar y tomen la
delantera
No se acaba de percibir que la función
informativa del gobierno va más
allá de narrar lo que se hace, sino que
consiste en articular una defensa y
presentación de las políticas
económicas y sociales que se adoptan. Los
informadores, desde tal ángulo, deben
pensar a fondo los temas y darles cuerpo y
coherencia; es necesario que tengan mucho de
filósofos, de economistas, de
historiadores y de gente inmersa y conocedora
del quehacer de la población.
El gobierno, por las circunstancias y
tragedias por las que hemos pasado, es el
responsable principal de preservar lo que es una
sociedad libre, que se puede deteriorar, o
llegar casi al colapso, si la guerra de la
propaganda la ganan los opositores.
Después de la catástrofe que
sobrevino a El Salvador cuando la pandilla de
ladrones asumió el poder en los
años perdidos, los pobladores
deberían tomar más conciencia de
la amenaza que pende sobre sus cabezas, y no
dejarse seducir por cantos de sirena. Pero esto
ocurrirá al estar sólo
reaccionando a los pasos del otro, en vez de
tomar la delantera en la batalla de las
ideas.
La lección de marzo no debe pasar
inadvertida: cuando ineptos manejan el mensaje
de una presidencia y el partido vinculado a
ella, se abren las puertas al contrario. Hay que
depurar a fondo ese sector de la
administración, además de que se
requiere de un muchísimo mayor
liderazgo.