La
columna nacional
Violencia social y
criminalidad
Por
Roberto López-Geissmann
Es
hasta recientes fechas que se está
insistiendo en el fundamental hecho de que ambas
son diferentes. Son como una yunta de bueyes que
hala el carretón de la muerte y la
violencia, paseándola por campos y
ciudades cual carreta bruja maldita, convertida
ahora en carroza de un tétrico carnaval
al que todos asistimos impotentes, sufrimos su
insultante espectáculo sin presentar nada
meas serio que lloriqueos, suspiros y peticiones
a los dioses, nos hartamos, tememos, odiamos
nuestra incapacidad y -por ello- agregamos un
clavo más de peligrosidad al ataúd
en que estamos enterrando a nuestra propia
sociedad. Para todos es un axioma de que nuestra
sociedad es violenta, sin embargo estamos
dándonos cuenta de que no sólo
nuestra sociedad lo es, desgraciadamente toda
nuestra civilización lo está
siendo y es más, nuestros peores barrios
son comparativamente menos inseguros que los
ghettos de algunas de las más
desarrolladas ciudades; ciertos campos africanos
rebasan por mucho la peligrosidad de nuestras
campiñas y afortunadamente estamos fuera
de todo conflicto armado.
Ahora bien, la Seguridad, desde un punto de
vista profesional -tanto en lo individual como
en lo estatal -está obligada a mantener
una integralidad de cometidos, sin lo cual no
arribaría al objetivo central que se
propone; uno de ellos es el de mantener la buena
imagen de la institución a la que se debe
(en este caso nos referimos al Estado de El
Salvador), porque así como a un Banco, a
una cadena de almacenes, a una agencia de
servicios, etc., le hace mucho daño el
que se piense que no brinda sus servicios en la
forma mínima -no digamos con la
excelencia- requerida, de igual manera a una
nación le afecta la publicitación
escandalosa de su imagen, sobre todo si ello se
realiza desproporcionadamente, sin
parámetros comparativos y sin estimar
ningún tipo de avances positivos.
Así, pues, además de hacer y
comunicar lo hecho hay que preparar para que se
escuche, dimensionar, discutir y analizar ese
hacer, y luego recoger, rebatir, modificar o
reestructurar las opiniones ajenas.
Pero volviendo a nuestra "yunta", es hora de
separar en todo análisis sobre seguridad
pública a uno de los "bueyes", es decir,
no es correcto continuar atribuyéndole a
los responsables del combate contra el crimen el
mismo grado de responsabilidad para que(ellos)
enfrenten la violencia social. Ya de por
sí su trabajo es de enormes proporciones
y deben responder a retos al os que -como he
dicho antes- no podrán salir triunfales
si no es a través de una auténtica
convergencia nacional de esfuerzos; dejemos a
este tema (combate contra la criminalidad) y a
sus funcionarios por el momento. La violencia
social no sólo es cuantitativamente mayor
que el crimen, sino que compite con éxito
en medidas de crueldad, dolor y enlutamiento
para la familia salvadoreña; los
violentos somos todos, nos estamos
dañando unos a otros por intolerantes,
por furiosos, por machistas, por ultracelosos,
por soberbios, por incultos, y por varios
etcéteras meas -como diría el rey
de Siam-. Este problema educativo, conceptual,
valorativo, idiosincrático, cultural y
comunicacional no compete a la
Policía.
¿Qué debe hacerse? Lo que sigue
no es la fórmula del hilo negro, ha sido
incluso ya comentado por algunos de los
más respetables columnistas de este
periódico, se publicitó que el
mismísimo Consejo de Seguridad
Pública lo haría, en fin... que lo
importante es insistir con claridad. Necesitamos
urgentemente un programa integral de combate
contra la violencia social. Que integre los
componentes generadores del fenómeno
para, conocidos y detectados, desactivarlos
mediante estrategias en las que -igual que en el
combate anticrimen- se involucre toda la
sociedad, orgánicamente dirigida y
apoyada por las fuerzas vivas con el respaldo
estatal. Trabajo de múltiples visiones,
que utilizaría muchas habilidades e
igualmente multidisciplinario. Necesitado por
demás de recursos, más no en
demasía, ya que si no puede adjuntarse
los que voluntariamente requiere de la sociedad
habría fracasado antes de empezar. Obra
de concertación, convencimiento y
vocación. Y, por si no se han dado
cuenta, este esfuerzo colaboraría
directamente además contra la
criminalidad.
* Lic. en Ciencias Políticas y
columnista de El Diario de Hoy.