Martes 25 de julio


La columna nacional
Violencia social y criminalidad
Por Roberto López-Geissmann

Es hasta recientes fechas que se está insistiendo en el fundamental hecho de que ambas son diferentes. Son como una yunta de bueyes que hala el carretón de la muerte y la violencia, paseándola por campos y ciudades cual carreta bruja maldita, convertida ahora en carroza de un tétrico carnaval al que todos asistimos impotentes, sufrimos su insultante espectáculo sin presentar nada meas serio que lloriqueos, suspiros y peticiones a los dioses, nos hartamos, tememos, odiamos nuestra incapacidad y -por ello- agregamos un clavo más de peligrosidad al ataúd en que estamos enterrando a nuestra propia sociedad. Para todos es un axioma de que nuestra sociedad es violenta, sin embargo estamos dándonos cuenta de que no sólo nuestra sociedad lo es, desgraciadamente toda nuestra civilización lo está siendo y es más, nuestros peores barrios son comparativamente menos inseguros que los ghettos de algunas de las más desarrolladas ciudades; ciertos campos africanos rebasan por mucho la peligrosidad de nuestras campiñas y afortunadamente estamos fuera de todo conflicto armado.

Ahora bien, la Seguridad, desde un punto de vista profesional -tanto en lo individual como en lo estatal -está obligada a mantener una integralidad de cometidos, sin lo cual no arribaría al objetivo central que se propone; uno de ellos es el de mantener la buena imagen de la institución a la que se debe (en este caso nos referimos al Estado de El Salvador), porque así como a un Banco, a una cadena de almacenes, a una agencia de servicios, etc., le hace mucho daño el que se piense que no brinda sus servicios en la forma mínima -no digamos con la excelencia- requerida, de igual manera a una nación le afecta la publicitación escandalosa de su imagen, sobre todo si ello se realiza desproporcionadamente, sin parámetros comparativos y sin estimar ningún tipo de avances positivos. Así, pues, además de hacer y comunicar lo hecho hay que preparar para que se escuche, dimensionar, discutir y analizar ese hacer, y luego recoger, rebatir, modificar o reestructurar las opiniones ajenas.

Pero volviendo a nuestra "yunta", es hora de separar en todo análisis sobre seguridad pública a uno de los "bueyes", es decir, no es correcto continuar atribuyéndole a los responsables del combate contra el crimen el mismo grado de responsabilidad para que(ellos) enfrenten la violencia social. Ya de por sí su trabajo es de enormes proporciones y deben responder a retos al os que -como he dicho antes- no podrán salir triunfales si no es a través de una auténtica convergencia nacional de esfuerzos; dejemos a este tema (combate contra la criminalidad) y a sus funcionarios por el momento. La violencia social no sólo es cuantitativamente mayor que el crimen, sino que compite con éxito en medidas de crueldad, dolor y enlutamiento para la familia salvadoreña; los violentos somos todos, nos estamos dañando unos a otros por intolerantes, por furiosos, por machistas, por ultracelosos, por soberbios, por incultos, y por varios etcéteras meas -como diría el rey de Siam-. Este problema educativo, conceptual, valorativo, idiosincrático, cultural y comunicacional no compete a la Policía.

¿Qué debe hacerse? Lo que sigue no es la fórmula del hilo negro, ha sido incluso ya comentado por algunos de los más respetables columnistas de este periódico, se publicitó que el mismísimo Consejo de Seguridad Pública lo haría, en fin... que lo importante es insistir con claridad. Necesitamos urgentemente un programa integral de combate contra la violencia social. Que integre los componentes generadores del fenómeno para, conocidos y detectados, desactivarlos mediante estrategias en las que -igual que en el combate anticrimen- se involucre toda la sociedad, orgánicamente dirigida y apoyada por las fuerzas vivas con el respaldo estatal. Trabajo de múltiples visiones, que utilizaría muchas habilidades e igualmente multidisciplinario. Necesitado por demás de recursos, más no en demasía, ya que si no puede adjuntarse los que voluntariamente requiere de la sociedad habría fracasado antes de empezar. Obra de concertación, convencimiento y vocación. Y, por si no se han dado cuenta, este esfuerzo colaboraría directamente además contra la criminalidad.

* Lic. en Ciencias Políticas y columnista de El Diario de Hoy.


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