Martes 25 de julio


La Nota del Día
 

23 de Julio de 2000

Se unen al emporcamiento

"ARENA volverá a la pinta y pega en las zonas rurales..."

EL DIARIO DE HOY, 23 de julio de 2000

Es de muy grande importancia que los partidos políticos, especialmente el mayoritario ARENA, vuelvan a sus bases, recojan el pulso de las comunidades del país y renueven su discurso y sus plataformas. Ningún partido, o figura pública, llena sus cometidos aislándose, o pretendiendo averiguar a través de otros lo que piensan y viven los ciudadanos.

De ese tema nos ocuparemos en próximas fechas. Lo que nos mueve ahora es la decisión de la cúpula arenera, se "volver a la pinta y pega en las zonas rurales". De acuerdo con la información que se publicó el domingo en EL DIARIO DE HOY, las directivas iniciarán la pinta y pega en árboles, piedras, muros y paredes, como hacen los exaltados que por años han emporcado San Salvador y todas las ciudades del país con eslóganes marxistas.

Los areneros deben pensar dos y más veces lo dispuesto. La primera consideración por hacer, es que ni las piedras ni los árboles ni los muros ni las paredes son de propiedad del partido. Cada cosa tiene su dueño, sean particulares o sean los ciudadanos en su totalidad cuando se trata de bienes públicos. Ningún dueño de casa, o finca, o terreno, quiere que vengan extraños a pintarle mensajes políticos, que ensucien sus árboles, que dejen embadurnadas las piedras.

Tampoco se benefician las comunidades con esas pintas y pegas. Los rótulos, indistintamente de donde se colocan y el mensaje que transmitan, siempre chocan con los ambientes. No se puede prohibir a nadie pintar un rótulo en la pared de su casa, o colocar vallas en sus terrenos, pero nunca un rótulo será más atractivo que un muro ni mucho menos que las plantas verdes. Eso ha llevado a muchos países a regular la colocación de vallas, para que no interfieran con los paisajes.

Cada pinta es un clavo en el ataúd del ornato

Si las vallas publicitarias estorban, pese a su buen diseño, cuando son pintas hechas a la diabla, como los rótulos de la extrema izquierda en nuestras ciudades (y allí están las violencias verbales a lo largo de la Alameda Juan Pablo II para comprobarlo), los resultados son muy tristes. Esas pintas convierten toda pared en sucia y desvencijada y son culpables, en gran medida, del triste aspecto que tienen los centros urbanos desde que comenzó la locura.

Es una lástima que al hablarse del rescate del "centro histórico" de San Salvador (y para el caso de cualquiera de nuestras ciudades), sólo se refieran a las ventas ambulantes. Igual de grave es lo que hacen las bandas dedicadas al emporcamiento de las paredes con sus "mensajes" políticos, y que con ello fomentan la suciedad y el abandono. Lo fomentan por omisión o por intención.

"Graffitti" los hay desde la antigüedad, siendo célebres los que se escribían en el pedestal de la estatua de Pasquino (y de allí lo de "pasquines", publicaciones dedicadas a insultar) por los romanos. Pero que la ciudad entera y el país sea víctima de los marxistas y ahora los areneros, es ya el colmo. Cada pinta y pega es un clavo en el ataúd del orden, del ornato, de la sensatez, de la decencia.


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