La
Nota del Día
23 de Julio de 2000
Se unen al
emporcamiento
"ARENA volverá a la pinta y pega en
las zonas rurales..."
EL DIARIO DE HOY, 23 de julio de 2000
Es de muy grande importancia que los partidos
políticos, especialmente el mayoritario
ARENA, vuelvan a sus bases, recojan el pulso de
las comunidades del país y renueven su
discurso y sus plataformas. Ningún
partido, o figura pública, llena sus
cometidos aislándose, o pretendiendo
averiguar a través de otros lo que
piensan y viven los ciudadanos.
De ese tema nos ocuparemos en próximas
fechas. Lo que nos mueve ahora es la
decisión de la cúpula arenera, se
"volver a la pinta y pega en las zonas rurales".
De acuerdo con la información que se
publicó el domingo en EL DIARIO DE HOY,
las directivas iniciarán la pinta y pega
en árboles, piedras, muros y paredes,
como hacen los exaltados que por años han
emporcado San Salvador y todas las ciudades del
país con eslóganes marxistas.
Los areneros deben pensar dos y más
veces lo dispuesto. La primera
consideración por hacer, es que ni las
piedras ni los árboles ni los muros ni
las paredes son de propiedad del partido. Cada
cosa tiene su dueño, sean particulares o
sean los ciudadanos en su totalidad cuando se
trata de bienes públicos. Ningún
dueño de casa, o finca, o terreno, quiere
que vengan extraños a pintarle mensajes
políticos, que ensucien sus
árboles, que dejen embadurnadas las
piedras.
Tampoco se benefician las comunidades con
esas pintas y pegas. Los rótulos,
indistintamente de donde se colocan y el mensaje
que transmitan, siempre chocan con los
ambientes. No se puede prohibir a nadie pintar
un rótulo en la pared de su casa, o
colocar vallas en sus terrenos, pero nunca un
rótulo será más atractivo
que un muro ni mucho menos que las plantas
verdes. Eso ha llevado a muchos países a
regular la colocación de vallas, para que
no interfieran con los paisajes.
Cada pinta es un clavo en el ataúd del
ornato
Si las vallas publicitarias estorban, pese a
su buen diseño, cuando son pintas hechas
a la diabla, como los rótulos de la
extrema izquierda en nuestras ciudades (y
allí están las violencias verbales
a lo largo de la Alameda Juan Pablo II para
comprobarlo), los resultados son muy tristes.
Esas pintas convierten toda pared en sucia y
desvencijada y son culpables, en gran medida,
del triste aspecto que tienen los centros
urbanos desde que comenzó la locura.
Es una lástima que al hablarse del
rescate del "centro histórico" de San
Salvador (y para el caso de cualquiera de
nuestras ciudades), sólo se refieran a
las ventas ambulantes. Igual de grave es lo que
hacen las bandas dedicadas al emporcamiento de
las paredes con sus "mensajes" políticos,
y que con ello fomentan la suciedad y el
abandono. Lo fomentan por omisión o por
intención.
"Graffitti" los hay desde la antigüedad,
siendo célebres los que se
escribían en el pedestal de la estatua de
Pasquino (y de allí lo de "pasquines",
publicaciones dedicadas a insultar) por los
romanos. Pero que la ciudad entera y el
país sea víctima de los marxistas
y ahora los areneros, es ya el colmo. Cada pinta
y pega es un clavo en el ataúd del orden,
del ornato, de la sensatez, de la decencia.