Domingo 23 de julio


Ministerio Espiga
Demostremos que amamos
Por Salvador Gómez, Predicador Católico

Es importante amar, pero es más importante que los demás se den cuenta de que los amamos. He escuchado a esposos y padres decir: "Te quiero mucho; es verdad que no lo digo a cada momento; es verdad que no te beso ni te abrazo; es verdad que a veces te grito y me ves enojado, pero a pesar de todo eso te quiero. Perdóname si no te expreso mi amor, pero a mí desde pequeño nadie me enseñó a hacerlo".

No dudo que esas palabras son realmente sinceras pero serían mejor acompañadas por actos que lo demuestren. Ha llegado el momento de expresar nuestro amor y enseñar a otros que lo hagan. Si realmente amamos no escatimemos esfuerzos para manifestarlo, digámoslo con palabras, besos, abrazos, flores, regalos, canciones, poemas... etc. hasta que, todos los que nos miran digan lo que dijeron los judíos al ver llorando a Jesús: "Mirad cómo le quería" (Jn. 11, 36).

Porque Jesús da la vida por nosotros y nos muestra su amor por la humanidad. "Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; Yo la doy voluntariamente..." (Jn. 10, 17-18)

Jesús de la vida voluntariamente, su entrega es generosa y sobre todo libre.

Cuántas veces hemos dicho u oído decir: "Me estás matando, me estás quitando la vida". Jesús nos enseña a decir: "Nadie me la quita. Yo la doy porque he decidido darla". Sólo una entrega así puede ayudar a las esposas y madres, esposos y padres que continuamente necesitan renovar sus fuerzas para cumplir con su abnegada misión.

Esta cualidad de Jesús también la necesitan los maestros, que casi nunca son bien remunerados, los sacerdotes, religiosas y religiosos y todos los miembros de las diferentes organizaciones de ayuda humanitaria (Bomberos, cuerpos de socorro, etc.) que muchas veces, literalmente, ofrendan sus vidas en pro de aquellos a quienes sirven desinteresadamente.

Gracias a Dios, aún existen en el mundo personas que al igual que Jesús pueden decir: "Doy mi vida voluntariamente".

La Escritura dice que "había un cierto enfermo, Lázaro de Betania... Las hermanas enviaron a decir a Jesús: "Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo". Al oírlo Jesús, dijo: "Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios..." (Jn. 11, 1-4)

Jesús acude al llamado de sus amigos, para llevarles consuelo en la hora del dolor, su presencia llena de vida y de esperanza aquel lugar donde únicamente hay llanto y desesperación.

"Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle".. (Jn. 11, 11).

Jesús está consciente que su visita animará, despertará y levantará a su amigo.

La próxima vez que nuestros amigos compartan sus penas, tendremos la oportunidad de imitar a Jesús que acudió para compartir el dolor con sus amigos en Betania.


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