- Ministerio
Espiga
- Demostremos que
amamos
- Por
Salvador Gómez, Predicador
Católico
Es
importante amar, pero es más importante
que los demás se den cuenta de que los
amamos. He escuchado a esposos y padres decir:
"Te quiero mucho; es verdad que no lo digo a
cada momento; es verdad que no te beso ni te
abrazo; es verdad que a veces te grito y me ves
enojado, pero a pesar de todo eso te quiero.
Perdóname si no te expreso mi amor, pero
a mí desde pequeño nadie me
enseñó a hacerlo".
No dudo que esas palabras son realmente
sinceras pero serían mejor
acompañadas por actos que lo demuestren.
Ha llegado el momento de expresar nuestro amor y
enseñar a otros que lo hagan. Si
realmente amamos no escatimemos esfuerzos para
manifestarlo, digámoslo con palabras,
besos, abrazos, flores, regalos, canciones,
poemas... etc. hasta que, todos los que nos
miran digan lo que dijeron los judíos al
ver llorando a Jesús: "Mirad cómo
le quería" (Jn. 11, 36).
Porque Jesús da la vida por nosotros y
nos muestra su amor por la humanidad. "Por eso
me ama el Padre, porque doy mi vida, para
recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; Yo la
doy voluntariamente..." (Jn. 10, 17-18)
Jesús de la vida voluntariamente, su
entrega es generosa y sobre todo libre.
Cuántas veces hemos dicho u
oído decir: "Me estás matando, me
estás quitando la vida". Jesús nos
enseña a decir: "Nadie me la quita. Yo la
doy porque he decidido darla". Sólo una
entrega así puede ayudar a las esposas y
madres, esposos y padres que continuamente
necesitan renovar sus fuerzas para cumplir con
su abnegada misión.
Esta cualidad de Jesús también
la necesitan los maestros, que casi nunca son
bien remunerados, los sacerdotes, religiosas y
religiosos y todos los miembros de las
diferentes organizaciones de ayuda humanitaria
(Bomberos, cuerpos de socorro, etc.) que muchas
veces, literalmente, ofrendan sus vidas en pro
de aquellos a quienes sirven
desinteresadamente.
Gracias a Dios, aún existen en el
mundo personas que al igual que Jesús
pueden decir: "Doy mi vida voluntariamente".
La Escritura dice que "había un cierto
enfermo, Lázaro de Betania... Las
hermanas enviaron a decir a Jesús:
"Señor, aquel a quien tú quieres,
está enfermo". Al oírlo
Jesús, dijo: "Esta enfermedad no es de
muerte, es para la gloria de Dios..." (Jn. 11,
1-4)
Jesús acude al llamado de sus amigos,
para llevarles consuelo en la hora del dolor, su
presencia llena de vida y de esperanza aquel
lugar donde únicamente hay llanto y
desesperación.
"Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy
a despertarle".. (Jn. 11, 11).
Jesús está consciente que su
visita animará, despertará y
levantará a su amigo.
La próxima vez que nuestros amigos
compartan sus penas, tendremos la oportunidad de
imitar a Jesús que acudió para
compartir el dolor con sus amigos en
Betania.