Domingo 2 de julio

























Evangelio para domingo

Marcos 5, 21-43

Resucita a la hija de Jairo

Jesús atravesó el lago y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a Él. En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús se postró a sus pies suplicándole: "Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo".

Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía. Se encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar estaba cada vez peor.

Como había oído lo que se decía de Jesús se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto. La mujer pensaba "Si logro tocar, aunque solo sea su ropa, sanaré". Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana.

Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de Él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: "¿Quién me ha tocado la ropa?". Sus discípulos le contestaron: "Ya ves cómo te oprime toda esta gente, ¿y preguntas quién te tocó?".

Pero Él seguía mirando a su alrededor para ver quién lo había tocado. Entonces la mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante Él y le contó toda la verdad.

Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".

Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: "Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?".

Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: "No tengas miedo, solamente ten fe".

Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban. Jesús entró y les dijo: "¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida".

Y se burlaban de Él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venían con Él, y entró donde estaba la niña. Tomándola de la mano dijo a la niña: "Talitá kumi", que quiere decir: "Niña, te lo digo levántate".

La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí. Pero Jesús les pidió insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran de comer a la niña.

Jesús cercanía de Dios

"...Súplica con insistencia"

Jesús, que es presentado por Marcos con los mismos rasgos de Dios, jamás es dibujado con los rasgos de superhombre. Hoy presenta de forma extensa la narración de dos prodigios: la curación de una mujer enferma y la resurreción de una niña.

Se trata de exponer el encuentro entre el poder salvífico de Jesús y la fe del que acude a Él.

"...Me salvaré"

La primera protagonista: marginada por ser mujer, estar enferma y ser pobre, se acerca humildemente a Jesús, no se atreve a dirigirle la palabra. Su proyecto da resultado. Toca a Jesús y recupera la salud.

Pero la relación con el Señor ha de ser siempre personal. Jesús sabe lo que hace, da a la mujer la oportunidad de salir del anonimato al que la habían confinado la marginación y el desprecio que sufría. Él valora su fe y coraje: "tu fe te ha sanado, vete en paz", porque tener fe es tener vida...

"A ti te digo: levántate..."

El segundo protagonista: la niña acaba de morir, el asunto parece cerrado. No para Jesús.

La fe está por encima de la muerte, más todavía ella es la victoria sobre la muerte.

"No temas". En el Evangelio el miedo se opone a la fe. Jesús quería hacer saber que la muerte no era ya un límite absoluto: había otra orilla, que podría ser alcanzada únicamente por la fe.

Él no busca lo espectacular, actúa con sencillez, que es verdadero signo de su fuerza y su poder.

"Y nosotros..."

Los amigos de la muerte niegan el derecho a la vida a muchos en el mundo de hoy, detalle que podemos notarlo muy bien en nuestro propio país. El trozo que hoy comentamos nos recuerda la voluntad de vida que nos anuncia Jesús y que todos sus seguidores debemos poner en práctica.

Además, la caridad es el amor como un compartir. Jesús nos indica el camino porque sabemos muy bien que Jesús no venía a resolver los pequeños problemas de la vida, para hacer del creyente un holgazán...

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb


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