Domingo 2 de julio


Ministerio Espiga
Buscando el sentido de la vida
Por Salvador Gómez, Predicador Católico

"Respondió Jesús (sobre la ceguera de aquel hombre)... es para que se manifiesten en él las obras de Dios". (Jn. 9, 3)

Qué manera de cambiarles la pregunta, ellos dicen: ¿Por qué? Y él les dice: ¿Para qué? Mientras unos buscan razones, Jesús busca el sentido de lo que está pasando.

Esta cualidad de Jesús es necesaria, sobre todo ante los acontecimientos irreversibles y dolorosos.

Cuando te encuentras en una situación límite, frente a la cual poco o nada puedas hacer: Un accidente, un diagnóstico médico terminal, el nacimiento de un hijo especial, la muerte de un ser querido... No pierdas energías gritando al cielo, "¿Por qué, Dios mío? ¿Por qué a mí? ¿Por qué permites esto?". Llora, si es necesario, asume tu dolor con dignidad y después de esas primeras lágrimas mira al cielo y pregunta: "¿Para qué, Dios mío?" Tal vez esta pregunta te ayude a encontrar sentido incluso al sufrimiento que humanamente no lo tiene.

Preguntar "¿Para qué?" te ayudará mirar hacia adelante, te creará una actitud de expectativa y es posible que llegues a no perder o a recuperar la esperanza.

Tener a la mano esta pregunta puede servirnos también ante acontecimientos menos catastróficos como la ruptura de un noviazgo, la pérdida de un negocio, la frustración de un viaje, la soledad por el abandono de seres amados.

Preguntar "¿Para qué?" no sólo te ayudará a evitar el resentimiento, sino a buscar el verdadero sentido de tu dolor.

Cuando a tu lado escuches a los que se quejan diciendo: ¿Por qué la vida me ha tratado así?, ¿Por qué Dios ha permitido que me pase esto?, diles simplemente que no es necesario entender todas las razones de las cosas que nos pasan; lo que sí podemos hacer es enfrentar de la mejor manera los acontecimientos y sacar de ellos las lecciones y experiencias oportunas.

Todas las vivencias que tenemos hoy, son parte de la riqueza de nuestro mañana.

No preguntes ¿Por qué vivo esto?, sino ¿Para qué estoy pasando por esta escuela?

La Palabra dice a continuación que Jesús "untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: "Vete, lávate en la piscina de Siloé". Él fue, se lavó y volvió ya viendo". (Jn. 9, 6-7)

Jesús nos pone en el camino y nos señala la meta: "Vete a la piscina de Siloé". No era fácil para aquel ciego caminar más de un kilómetro para llegar al lugar indicado.

¿Por qué lo mandó tan lejos, habiendo agua más cerca?

Porque Jesús nos enseña que las soluciones más fáciles no siempre son las mejores, los caminos cortos no siempre son los más seguros y que el mínimo esfuerzo no es la manera de alcanzar las metas más altas.


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