Domingo 2 de julio


Prioridades
¿Qué puede hacerse con veinte millones?
Teresa Guevara de López

Esta pregunta nos la formulamos muchos salvadoreños cuando nos enteramos del proyecto de construir otro salón azul para que los recientemente electos diputados de nuestra Asamblea Legislativa puedan realizar sus reuniones plenarias (cuando asisten) y que tendrá un costo de veinte millones de colones. ¿Esto es poco o es mucho dinero? Depende del para qué, el dónde, el cuándo y muchas otras interrogantes que al establecer puntos de comparación y prioridades, justifican o hacen absurda la inversión. Definitivamente el Poder Legislativo, formado por los 84 diputados libre y democráticamente electos por el pueblo, merecen de un recinto digno. Toda la ciudadanía vio con beneplácito la construcción de las modernas instalaciones que albergan las oficinas de las diferentes fracciones, a pesar de las quejas constantes de que no caben, de que son insuficientes, y del disgusto ocasionado a la prensa al sentirse excluidos de los debates que realizan las diferentes comisiones. Pero ¿es necesario otro salón azul, cuando somos un pueblo tan lleno de necesidades mucho más urgentes?

Si preguntamos a los médicos, nos hablarán de situaciones dramáticas que se dan en el Hospital Rosales, donde muchas veces no hay ni lo más indispensable, ni las facilidades mínimas para realizar una operación, de cuya relación depende una vida humana. La misma letanía escucharíamos en el Bloom y no digamos en los hospitales situados en las diferentes cabeceras departamentales.

Los agricultores de Las Pilas sólo necesitan pavimentar 14 kilómetros de carretera para incorporarse a la civilización durante el invierno y poder comercializar sus hortalizas. En la misma situación se encuentran muchos pueblos, ciudades, caseríos y cantones, que en un territorio tan pequeño como el nuestro resulta irónico que estén aislados por las malas condiciones de sus vías de acceso. Necesidades urgentes de agua potable, pequeños puentes, luz eléctrica, teléfonos, reparación de edificios públicos, construcción de mercados que no pueden realizarse con el exiguo presupuesto asignado. Nos urge construir albergues y talleres vocacionales para ayudar a la juventud que no encuentra su rumbo. Ya existen los modelos en los Polígonos Industriales manejados tan eficazmente por los padres salesianos. ¡Qué bien les caerían los veinte millones!

A propósito he querido dejar para el final, el ramo de educación. Qué beneficio sería que tantos niños que reciben clases sentados en el suelo, en cajones, en latas de leche, bajo un mango, si el mínimo de material didáctico el poder mejorar las condiciones de sus a veces mal llamadas escuelas, si a ellos se adjudicara esa cantidad. En lo personal, me ha tocado ser testigo de sacrificios heroicos llevados a cabo por maestros desconocidos, con tal de mejorar las condiciones de sus centros escolares. Como el profesor Mardoqueo, en la playa de Sihuapilapa, quien comenzó con un solo profesor pagado por el Ministerio, contrató otro que era pagado por los padres de familia, cuidadores de los ranchos de la playa, que para reunir el dinero del sueldo hacían rifas, mercados de pulgas y toda clase de actividades.

El tesón de este profesor logró la construcción de una escuela modelo, equipada y con personal docente, que es un orgullo para el lugar. Y recientemente me ha impresionado el caso del Instituto Nacional de Zaragoza, cuya directora, la licenciada Iris de Navarro está empeñada en lograr tras muchos años de esfuerzos, que el Ministerio les construya las nuevas instalaciones.

Ya están asignados los fondos, pero no hay terreno. Ha sido imposible conseguir una persona visionaria que tenga la elegancia de espíritu como para entender la grandeza que supone dar, especialmente si con esto se beneficia a la juventud por medio de la educación. Para mientras, se sigue pagando un alquiler mensual de más de cuatro mil colones, por un local deteriorado pero que no aniquila la fortaleza de la directora, quien en un afán de lograr un mejor porvenir para sus bachilleres, ha sido capaz hasta de pagar los derechos de examen de ingreso en las universidades, a aquellos alumnos con alto potencial académico, pero con muy pocos recursos económicos. ¡Soñados veinte millones!

La lista podría ser interminable y los casos cada vez más dramáticos. Pero lo importante es saber que como todo en la vida, debemos actuar de acuerdo con prioridades, sabiendo que lo que para unos son necesidades urgentes, para otros podrían considerarse no sólo como superfluas, sino hasta como un derroche. "No contar pisto frente al pobre" reza un refrán muy salvadoreño que describe una actitud ingrata: pongamos en un platillo de la balanza el nuevo salón azul y en el otro la sufrida resignación de tantos salvadoreños que siguen esperando que les llegue su turno, y actuemos con criterios de austeridad, que es la virtud que debe imperar en estos momentos en nuestro país.


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