- Cerrando
las puertas al éxito
- El hábito o
manía de posponer
- Pedro
Roque*
Cuando
uno detecta un problema o ya lo tiene, sabe
cuál es la solución y la pospone,
a partir de ese momento cae enla desventaja de
no beneficiarse de la solución. Es decir,
cuando usted intencionadamente pospone lo que
debe hacer, empieza a perder la ganancia
consecuente, a no disfrutar del beneficio de la
solución o de la satisfacción de
haberlo resuelto.
Otro principio básico, es que los
problemas no se resuelven por sí solos.
Con el tiempo crecen en dimensión,
complejidad y requieren con cada día que
pasa soluciones más complejas,
seguramente más caras y los efectos son
más drásticos.
Lo tercero es que nueve de cada diez
problemas cuando aún eran pequeños
alguien por el hábito de posponer,
pospuso por cualquier razón la
solución y ahora hay que afrontarlo.
Dejar que el tiempo resuelva las cosas es
irresponsable, pues el tiempo por sí
mismo no resuelva casi nada. Lo que sí
sucede, es que con el tiempo las condiciones
cambian y la combinación de otras
variables disminuyan en su efecto, pero en todo
caso, quien pospuso la solución,
perdió la oportunidad de haberlo resuelto
y el beneficio de la solución.
Yo creo que resolver problemas es parte de
las funciones de todo padre de familia,
presidente, director, gerente, jefe o
supervisor, incluso cuando para no posponer
más, es necesario tomar "decisiones
incómodas", que son aquellas que por lo
general y con frecuencia resulta cómodo
posponer.
Al analizar situaciones en su estado actual y
preguntar al menos cinco veces por qué se
encuentran como están, con frecuencia
concluyo que se debe, a que cuando el problema
apareció o aún era pequeño,
alguien pospuso resolverlo. Por ejemplo, a un
joven problemático hoy de veinte
años, para que no llorara o por la
incomodidad de su berrinche, pospusieron la
corrección para cuando fuera mayor, o
bien, a un empleado cuando tuvo las primeras
conductas inapropiadas, se pospuso la
decisión de corregirle, o pospusieron
reclamarle a un suministrador sus primeros
incumplimientos y se acostumbró a
prometer fechas de entrega y no cumplirlas.
Con el ánimo de reflexión
conjunta, quiero exponer algunas razones por las
que creo la gente pospone, sin estar muy claros
de las razones y las consecuencias de su
continuo posponer.
Una, es la inseguridad sobre los efectos de
lo que se pospone por desconocimiento de la
interrelación de las variables que se
verán afectadas. La solución
estriba en ir al lugar de los hechos y
personalmente enterarse de cuáles
serían los efectos, y ya estando claro,
no posponer y prepararse para responder a las
reacciones.
Otra razón frecuente es "que el
momento no es el adecuado", sin definir las
características del momento actual, ni
las del momento futuro. Cuando alguien me dice
que el momento no es adecuado y no sabe definir
exactamente cuál sería el
oportuno, es un síntoma que está
pensando dejar las cosas como están, para
que sea el tiempo o el efecto de las decisiones
de otros quienes resuelvan lo que él
pospone.
Conozco casos donde posponen por un temor
inconsciente al éxito y a cómo
habrá que manejar las cosas si funcionan
mucho mejor de cómo lo hacen actualmente.
Otras veces, se sigue posponiendo por temor a
quedar mal ante los jefes por haber pospuesto
las cosas anteriormente.
En otras ocasiones, la gente pospone por
negligencia, es decir por un claro
incumplimiento de sus obligaciones.
También por temor a las repercusiones en
ellos mismos, o bien, por temor a como creen que
los jefes verán y entenderán la
decisión, y sin averiguarlo, deciden
posponerlo nuevamente o en el mejor de los
casos, van a los jefes con los problemas para
que sean ellos quienes asuman la responsabilidad
de no posponer más.
La razón para mí más
desafiante, es cuando encuentro situaciones
donde las cosas se posponen por
haraganería, es decir, porque si
actúan, tendrán que estar
más atentos a los acontecimientos,
quizás llegar por un tiempo más
temprano, salir un poco más tarde o
controlar a la gente un poco más.
La comodidad de las condiciones en que uno se
encuentra, puede ser otra razón que le
invite a posponer, pero para mí, la
más dañina para las personas, las
familias, las empresas, las asociaciones y las
instituciones, es cuando se pospone y vuelve a
posponer, porque los que posponen han
caído en el letargo y la pereza mental y
física, han tirado la toalla y
están a la espera que los tiempos y las
cosas cambien por sí solas.
No recuerdo exactamente quién, en
algún momento me habló de alguien
que en su mesa tenía dos carpetas, una
que decía: "cosas que el tiempo
arreglará" y otra: "cosas que el tiempo
ha arreglado" y según las situaciones por
efectos casi siempre desconocidos, para bien o
para mal, iban desapareciendo o dejando de ser
preocupantes, sencillamente las cambiaba de
carpeta. Este es el mejor ejemplo de lo que yo
creo no debemos hacer... esperar que las cosas
se resuelvan por sí solas.
Por último, aunque hay muchos
más razones, ustedes saben que mucha
gente pospone por temor al fracaso. Yo creo que
es una equivocación, pues
pensándolo bien, el fracaso no es
más que un éxito no logrado y
puede ser y es en muchas ocasiones, el principio
del siguiente éxito. Por eso es que quien
se centra en evitar a toda costa el fracaso,
puede ser que sin darle cuenta, al mismo tiempo,
también le esté cerrando las
puertas al éxito.
* Ingeniero y columnista de El Diario de
Hoy.