Domingo 2 de julio


Cerrando las puertas al éxito
El hábito o manía de posponer
Pedro Roque*

Cuando uno detecta un problema o ya lo tiene, sabe cuál es la solución y la pospone, a partir de ese momento cae enla desventaja de no beneficiarse de la solución. Es decir, cuando usted intencionadamente pospone lo que debe hacer, empieza a perder la ganancia consecuente, a no disfrutar del beneficio de la solución o de la satisfacción de haberlo resuelto.

Otro principio básico, es que los problemas no se resuelven por sí solos. Con el tiempo crecen en dimensión, complejidad y requieren con cada día que pasa soluciones más complejas, seguramente más caras y los efectos son más drásticos.

Lo tercero es que nueve de cada diez problemas cuando aún eran pequeños alguien por el hábito de posponer, pospuso por cualquier razón la solución y ahora hay que afrontarlo.

Dejar que el tiempo resuelva las cosas es irresponsable, pues el tiempo por sí mismo no resuelva casi nada. Lo que sí sucede, es que con el tiempo las condiciones cambian y la combinación de otras variables disminuyan en su efecto, pero en todo caso, quien pospuso la solución, perdió la oportunidad de haberlo resuelto y el beneficio de la solución.

Yo creo que resolver problemas es parte de las funciones de todo padre de familia, presidente, director, gerente, jefe o supervisor, incluso cuando para no posponer más, es necesario tomar "decisiones incómodas", que son aquellas que por lo general y con frecuencia resulta cómodo posponer.

Al analizar situaciones en su estado actual y preguntar al menos cinco veces por qué se encuentran como están, con frecuencia concluyo que se debe, a que cuando el problema apareció o aún era pequeño, alguien pospuso resolverlo. Por ejemplo, a un joven problemático hoy de veinte años, para que no llorara o por la incomodidad de su berrinche, pospusieron la corrección para cuando fuera mayor, o bien, a un empleado cuando tuvo las primeras conductas inapropiadas, se pospuso la decisión de corregirle, o pospusieron reclamarle a un suministrador sus primeros incumplimientos y se acostumbró a prometer fechas de entrega y no cumplirlas.

Con el ánimo de reflexión conjunta, quiero exponer algunas razones por las que creo la gente pospone, sin estar muy claros de las razones y las consecuencias de su continuo posponer.

Una, es la inseguridad sobre los efectos de lo que se pospone por desconocimiento de la interrelación de las variables que se verán afectadas. La solución estriba en ir al lugar de los hechos y personalmente enterarse de cuáles serían los efectos, y ya estando claro, no posponer y prepararse para responder a las reacciones.

Otra razón frecuente es "que el momento no es el adecuado", sin definir las características del momento actual, ni las del momento futuro. Cuando alguien me dice que el momento no es adecuado y no sabe definir exactamente cuál sería el oportuno, es un síntoma que está pensando dejar las cosas como están, para que sea el tiempo o el efecto de las decisiones de otros quienes resuelvan lo que él pospone.

Conozco casos donde posponen por un temor inconsciente al éxito y a cómo habrá que manejar las cosas si funcionan mucho mejor de cómo lo hacen actualmente. Otras veces, se sigue posponiendo por temor a quedar mal ante los jefes por haber pospuesto las cosas anteriormente.

En otras ocasiones, la gente pospone por negligencia, es decir por un claro incumplimiento de sus obligaciones. También por temor a las repercusiones en ellos mismos, o bien, por temor a como creen que los jefes verán y entenderán la decisión, y sin averiguarlo, deciden posponerlo nuevamente o en el mejor de los casos, van a los jefes con los problemas para que sean ellos quienes asuman la responsabilidad de no posponer más.

La razón para mí más desafiante, es cuando encuentro situaciones donde las cosas se posponen por haraganería, es decir, porque si actúan, tendrán que estar más atentos a los acontecimientos, quizás llegar por un tiempo más temprano, salir un poco más tarde o controlar a la gente un poco más.

La comodidad de las condiciones en que uno se encuentra, puede ser otra razón que le invite a posponer, pero para mí, la más dañina para las personas, las familias, las empresas, las asociaciones y las instituciones, es cuando se pospone y vuelve a posponer, porque los que posponen han caído en el letargo y la pereza mental y física, han tirado la toalla y están a la espera que los tiempos y las cosas cambien por sí solas.

No recuerdo exactamente quién, en algún momento me habló de alguien que en su mesa tenía dos carpetas, una que decía: "cosas que el tiempo arreglará" y otra: "cosas que el tiempo ha arreglado" y según las situaciones por efectos casi siempre desconocidos, para bien o para mal, iban desapareciendo o dejando de ser preocupantes, sencillamente las cambiaba de carpeta. Este es el mejor ejemplo de lo que yo creo no debemos hacer... esperar que las cosas se resuelvan por sí solas.

Por último, aunque hay muchos más razones, ustedes saben que mucha gente pospone por temor al fracaso. Yo creo que es una equivocación, pues pensándolo bien, el fracaso no es más que un éxito no logrado y puede ser y es en muchas ocasiones, el principio del siguiente éxito. Por eso es que quien se centra en evitar a toda costa el fracaso, puede ser que sin darle cuenta, al mismo tiempo, también le esté cerrando las puertas al éxito.

* Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.


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