Domingo 2 de julio


La Nota del Día
 

29 de Junio de 2000

Devuelven a Elián a la enorme prisión

El drama de Elián, el niño balsero, llegó a su epílogo, por hoy, cuando voló de vuelta con su padre a Cuba. Elián fue rescatado con vida después de que naufragó la lancha en que él y su madre escapaban de la isla, tragedia que se repite con frecuencia pero que usualmente pasa inadvertida. El incidente coincide con el anuncio del levantamiento parcial del embargo norteamericano.

En su planteamiento formal, lo sucedido es muy simple: Washington, "que libra una implacable oposición al régimen cubano", echa mano de mandamientos legales para devolver a una criatura reclamada por su padre. A raíz del cuasi secuestro del niño, arrebatado con fuerza militar a quienes le habían acogido, Castro anuncia que por vez primera en cuarenta y tantos años, hay una tregua entre ambos gobiernos.

Es obvio que tanto el caso de Elián como el embargo son la justificación que esgrime la dictadura castrista para perpetuarse en el poder. Todas las miserias que padece el pueblo cubano se presentan como causadas por el "embargo" y la "agresión norteamericana". Si faltan alimentos, es por culpa del bloqueo; no hay medicinas ni gasolina ni vestimenta ni electrodomésticos ni zapatos ni libros ni pasta de dientes, por obra del bloqueo. Nadie puede adquirir un automóvil, o conseguir vivienda, o pintar la casa destartalada en la que vive, debido al cruel embargo capitalista sobre Cuba.

El asunto va más allá. La persecución policial, el espionaje cuadra por cuadra, las cárceles políticas, la represión de los disidentes, la censura de diarios y medios electrónicos, son obligadas por el embargo y las conspiraciones de la comunidad cubana de Miami. La gente vive en condiciones de extrema pobreza, y los salarios promedio son de trescientos y cuatrocientos colones salvadoreños, porque el "embargo" tiene a Cuba sumida en esa terrible situación.

¿Cuánto más durará la dictadura cubana?

A ese purgatorio es que el sistema de justicia norteamericano envía a Elián, que será exhibido ahora por Castro como el trofeo de su victoria sobre los cubanos de Miami y el "imperialismo". Para preparar a la criatura, sus maestros y varios compañeritos -iguales víctimas de la dictadura como él- viajaron hasta Virginia, donde se inició el adoctrinamiento del niño, marcado para convertirse en un fanático del régimen.

Pero al menos Elián cuenta con la cuasi certeza de que en un futuro cercano -dos, cinco o diez años- el dictador va a desaparecer y, al unísono, el régimen más oprobioso en la historia de América. Así ha sucedido con las satrapías comunistas del Este europeo, con la despachurrada Unión Soviética, con lo que queda de los regímenes rojos en el Asia, y hasta con la dinastía de Corea del Norte. De la misma forma como de manera casi instantánea esos pueblos oprimidos han hecho la transición a la libertad y la democracia, los cubanos sabrán sacudirse los venenos de su intelecto y sus sentimientos.

La devolución de Elián, a quien las bondadosas personas que le protegieron en Miami no pudieron volverlo a ver, es uno más dentro de los incontables episodios de la guerra fría y las maniobras y perfidias con que Washington se la arregló para hacer colapsar el comunismo pero, al mismo tiempo, mantener un permanente estado de agitación en el hemisferio occidental.


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