Martes 18 de julio

























"Don Chemita"
El minutero universitario

Desde hace 15 años, don Jose María Guerra, de 74 años, se ha convertido en el vendedor "oficial de minutas" de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de El Salvador.

Ricardo Guevara
El Diario de Hoy
Fotos Alex Sanabria

Todos los días, cuando el reloj marca las siete de la mañana, don Chemita, de piel morena, ojos negros y cabello entrecano, se prepara para abordar el autobús que lo traslada de su lugar de residencia, en Lourdes, La Libertad, hacia la Facultad de Ingeniería de la UES.

Aunque antes, para ayudar a su esposa, debe realizar algunas tareas en su casa: barrer, recoger los trastos o trapear.

Luego a eso de las 8:00 a.m. aborda el bus que lo traslada a la capital y se dirige al barrio San Miguelito, en donde compra jarabes, vasos y cucharas que utiliza en su negocio.

Al igual que en los últimos 15 años de su vida, don Jose María se dirige hacia su lugar de trabajo, donde ofrece minutas a los estudiantes universitarios.

15 años de historia

Antes de vender minutas por las calles de San Salvador, don José María se dedicó a la agricultura, labor con la que mantenía a su único hijo y a su esposa.

Sin embargo, a principios de la década de los ochenta, debido a la difícil situación que se vivía en el campo debido a la guerra, buscó otra opción de trabajo.

"Recuerdo que cuando empecé a vender en las calles, un amigo cerca de la terminal de occidente me alquilaba un carretón minutero, por lo que le tenía que pagarle 2.50 colones diarios", afirma don Chemita.

Las calles y las avenidas de San Salvador eran recorridas a diario por don José María, quien incansablemente empujaba su carretón en busca de clientes sobre la Calle Arce, la Colonia San Francisco y la Calle Rubén Darío, entre otras.

Fue en uno de sus recorridos cerca de la terminal de occidente cuando se detuvo frente a las instalaciones que albergaban la Facultad de Ingeniería de la UES, en ese entonces en el exilio y que funcionaba en las cercanías de esa terminal.

"A partir de entonces siempre me detenía en el mismo lugar para poder conversar con los estudiantes, docentes y trabajadores universitarios, a quienes siempre les han gustado las minutas que vendo", dice don José, quien en poco tiempo fue bautizado por sus clientes como Don Chemita.

Cuando la UES fue reabierta a mediados de los años ochenta, don José María, luego de obtener el permiso por parte de las autoridades universitarias, llevó sus minutas hasta el campus universitario, vendiéndoselas a sus amigos de ingeniería.

"Desde entonces he permanecido en el mismo lugar, bajo la sombra de estos frondosos árboles, viviendo experiencias buenas y malas con los estudiantes de esta facultad", afirma.

Amigo de estudiantes

Minutas de fresa, durazno, vaina, melocotón, uva y de limón forman parte de los diferentes sabores que ofrece a diario don Chemita.

"Las minutas de don José son higiénicas y deliciosas, además de que cuando andamos con algún problema, él siempre tiene un consejo para nosotros", dice Alma Martínez, estudiante de la facultad.

Además de brindar algún tipo de consejo, don Chemita también les guarda a algunas muchachas el almuerzo a la par del hielo (para que no se descomponga) o le piden un espacio en el carretón para colocar una botella de agua para que se les enfríe.

"Cuando andamos buscando a algún amigo, siempre le dejamos recado con don José, quien

se mantiene atento para ayudarnos en cualquier situación", asegura la joven Lissete León, estudiante de arquitectura.

A lo largo de estos 15 años, don Chemita ha conocido a varias promociones de profesionales, quienes en algunas ocasiones llegan a la UES a recordar sus años de estudiantes y las minutas de don José.

"Espero seguir con mi venta aquí hasta que Dios me lo permita, ya que le he tomado un gran aprecio y cariño a los estudiantes universitarios", dice el singular vendedor de minutas, quien viaja todos los días a San Salvador para vender su producto entre sus clientes preferidos: los universitarios de ingeniería.

"En el exilio"

Al igual que los estudiantes de la UES de la década pasada, don Chemita también se fue al exilio, cuando la universidad fue intervenida en noviembre de 1989.

"Recuerdo que a mí no me dieron oportunidad de sacar mi carretón, por lo que tuve que alquilar uno para poder continuar con la venta", dice el minutero, quien en varias ocasiones tuvo que buscar refugio de las balas cuando había tiroteos cerca de la UES.

"Muchas veces los estudiantes, aun bajo de los tiroteos me ayudaban a guardar el carretón y el hielo, para luego irnos a refugiar en las aulas", afirma don José, quien a pesar de sus años continua activo y alegre.


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