"Don
Chemita"
El minutero
universitario
Desde hace 15 años, don Jose
María Guerra, de 74 años, se ha
convertido en el vendedor "oficial de minutas"
de la Facultad de Ingeniería de la
Universidad de El Salvador.
- Ricardo
Guevara
- El Diario
de Hoy
- Fotos
Alex Sanabria
Todos
los días, cuando el reloj marca las siete
de la mañana, don Chemita, de piel
morena, ojos negros y cabello entrecano, se
prepara para abordar el autobús que lo
traslada de su lugar de residencia, en Lourdes,
La Libertad, hacia la Facultad de
Ingeniería de la UES.
Aunque antes, para ayudar a su esposa, debe
realizar algunas tareas en su casa: barrer,
recoger los trastos o trapear.
Luego a eso de las 8:00 a.m. aborda el bus
que lo traslada a la capital y se dirige al
barrio San Miguelito, en donde compra jarabes,
vasos y cucharas que utiliza en su negocio.
Al igual que en los últimos 15
años de su vida, don Jose María se
dirige hacia su lugar de trabajo, donde ofrece
minutas a los estudiantes universitarios.
15 años de historia
Antes de vender minutas por las calles de San
Salvador, don José María se
dedicó a la agricultura, labor con la que
mantenía a su único hijo y a su
esposa.
Sin embargo, a principios de la década
de los ochenta, debido a la difícil
situación que se vivía en el campo
debido a la guerra, buscó otra
opción de trabajo.
"Recuerdo que cuando empecé a vender
en las calles, un amigo cerca de la terminal de
occidente me alquilaba un carretón
minutero, por lo que le tenía que pagarle
2.50 colones diarios", afirma don Chemita.
Las calles y las avenidas de San Salvador
eran recorridas a diario por don José
María, quien incansablemente empujaba su
carretón en busca de clientes sobre la
Calle Arce, la Colonia San Francisco y la Calle
Rubén Darío, entre otras.
Fue en uno de sus recorridos cerca de la
terminal de occidente cuando se detuvo frente a
las instalaciones que albergaban la Facultad de
Ingeniería de la UES, en ese entonces en
el exilio y que funcionaba en las
cercanías de esa terminal.
"A
partir de entonces siempre me detenía en
el mismo lugar para poder conversar con los
estudiantes, docentes y trabajadores
universitarios, a quienes siempre les han
gustado las minutas que vendo", dice don
José, quien en poco tiempo fue bautizado
por sus clientes como Don Chemita.
Cuando la UES fue reabierta a mediados de los
años ochenta, don José
María, luego de obtener el permiso por
parte de las autoridades universitarias,
llevó sus minutas hasta el campus
universitario, vendiéndoselas a sus
amigos de ingeniería.
"Desde entonces he permanecido en el mismo
lugar, bajo la sombra de estos frondosos
árboles, viviendo experiencias buenas y
malas con los estudiantes de esta facultad",
afirma.
Amigo de estudiantes
Minutas de fresa, durazno, vaina,
melocotón, uva y de limón forman
parte de los diferentes sabores que ofrece a
diario don Chemita.
"Las minutas de don José son
higiénicas y deliciosas, además de
que cuando andamos con algún problema,
él siempre tiene un consejo para
nosotros", dice Alma Martínez, estudiante
de la facultad.
Además de brindar algún tipo de
consejo, don Chemita también les guarda a
algunas muchachas el almuerzo a la par del hielo
(para que no se descomponga) o le piden un
espacio en el carretón para colocar una
botella de agua para que se les
enfríe.
"Cuando andamos buscando a algún
amigo, siempre le dejamos recado con don
José, quien
se mantiene atento para ayudarnos en
cualquier situación", asegura la joven
Lissete León, estudiante de
arquitectura.
A lo largo de estos 15 años, don
Chemita ha conocido a varias promociones de
profesionales, quienes en algunas ocasiones
llegan a la UES a recordar sus años de
estudiantes y las minutas de don
José.
"Espero
seguir con mi venta aquí hasta que Dios
me lo permita, ya que le he tomado un gran
aprecio y cariño a los estudiantes
universitarios", dice el singular vendedor de
minutas, quien viaja todos los días a San
Salvador para vender su producto entre sus
clientes preferidos: los universitarios de
ingeniería.
"En el exilio"
Al igual que los estudiantes de la UES de la
década pasada, don Chemita también
se fue al exilio, cuando la universidad fue
intervenida en noviembre de 1989.
"Recuerdo que a mí no me dieron
oportunidad de sacar mi carretón, por lo
que tuve que alquilar uno para poder continuar
con la venta", dice el minutero, quien en varias
ocasiones tuvo que buscar refugio de las balas
cuando había tiroteos cerca de la
UES.
"Muchas veces los estudiantes, aun bajo de
los tiroteos me ayudaban a guardar el
carretón y el hielo, para luego irnos a
refugiar en las aulas", afirma don José,
quien a pesar de sus años continua activo
y alegre.