Memorias
de la calle del tuerto
Catalina, sexo y
nicotina
* "No creo que tu nombre sea Catalina", le
dije mirándola a los ojos con mi ensayada
mirada de sabio intelectual,
entiéndolotodo y
sábelonada.
Arq. Daniel
Rucks del Bo
*
"Me llamo trescientos colones y si te interesa
conocer mi apellido son doscientos más",
me dijo firme y dura, escondida detrás de
una nube de humo que dejaba su quinto cigarrillo
fumado desde el inicio de la
conversación.
* "Dale, sólo trato de ser tu amigo",
le dije.
* "En este negocio no hay amigos, hay tipos
sudorosos, gordos y borrachos que se tiran
encima de una y sólo te queda pensar en
otra cosa y ya está...", y me
volvió a tirar su bocanada de humo
habitual...
* "Se me ocurre que sos rescatable, que hay
forma de salir adelante... ¿estás
estudiando, verdad?"
* "¿Y si ese fuera sólo mi
problema?", me contestó agresiva.
No era necesariamente linda, y encima ese
carácter de mujer pública curtida
por la calle y la madrugada, la hacían
menos atractiva aún. A pesar de ciertos
estragos que el tiempo había marcado en
su cara, no debía tener más de
veinte años.
Y sin embargo, me seguía pareciendo
rescatable, Catalina, niña de la noche,
mujer al contado, estudiante de universidades y
de las carreras que le permitan salir adelante,
alquila romances a cambio del dinero que le
permita pagarse los estudios, ganas de salir del
pozo, ganas de salir adelante.
Y me mira desafiante, con el cigarrillo en
los labios, como preguntándome si se va a
dar o no la transacción, y yo no quisiera
ni tocarla, la verdad tengo más ganas de
hablar, de escudriñar ese corazón
vacío e inocuo.
Catalina, sexo y nicotina...
Y termino entre sus brazos, y es un amor
efímero y carente de sustancia, y nada
importa, y todo es vacío e inocuo, hasta
el momento en que me despido.
Entonces Catalina, sexo y nicotina, me
detiene, me da algo con su mano y me dice...
* "Tené, es tu reloj, pensaba
quedármelo, pero viéndote bien,
creo que también sos una persona
rescatable".
Comentario daniel@dpto2.com