- Tema del
momento
- Interceptación
telefónica: ¿Espionaje... o
ingenuidad?
- Omar
González D.
Si es Ud. una de esas personas a quien han
intervenido su teléfono...
¡alégrese! Sólo a las gentes
importantes interceptan, graban y desvían
sus comunicaciones, aunque eso sea
práctica de espionaje tan infantil como
inútil. Las grandes negociaciones o
análisis trascendentales no se revelan
telefónicamente. Es de dominio
público que tal servicio puede estar
intervenido.
No soy importante, pero quizá
consideraron que lo era alguna vez, pues
tuvieron intervenidos mis teléfonos de
casa y oficinas durante varios años.
Ocurrió cuando estuve al frente de
"Radiorreloj", emisora que &emdash;en su
momento- decía lo que otros medios
audio-visuales callaban.
Nos sorprendía aquella ingenua forma
de espionaje porque nuestra labor
consistía en publicarlo todo. Nunca
ocultamos nada. Criticábamos
frontalmente. Nos parecía desperdicio de
tiempo que estuviesen grabando comunicaciones
telefónicas que haríamos
públicas minutos después.
Nuestro "equipo de redacción" era
ingenioso y multicolor. Sobresalían por
su profesionalismo y sentido del humor,
personalidades como don Serafín
Quiteño y su hermano don José; los
hermanos Efraín, Salvador y Estelita
Pérez Gómez, Rodolfo "El Indio"
Vásquez y una treinta más de
parecida estructura intelectual. Un buen
día, alguien dispuso sacar provecho
humorístico de aquellas circunstancias y
comenzamos a inventar noticias novelescas, que
jamás se transmitirían por la
radio y hacían trabajar más de la
cuenta a nuestros interceptores.
Comentábamos por teléfono complots
imaginarios, supuestas reuniones de
conspiradores, falsas citas con "amantes" de
algún funcionario influyente; decenas de
bromas que disfrutábamos desde
algún lugar estratégico al
comprobar que llegaban agentes, encubiertos o
uniformados, a los supuestos escenarios de
conspiración.
Así transcurrían semanas y
meses sin mayor novedad, hasta que un viernes me
dijeron:
-"El Presidente de la República quiere
que le llame a este teléfono".
-"¿Es una broma?
-"No me parece. Llámelo a ese
número".
El teléfono pertenecía a la
hacienda "La Carrera", de don Juan Wright. Y
ahí estaba, efectivamente, el coronel
Julio Adalberto Rivera, quien -sin mayor
preámbulo- me preguntó:
-¿Qué piensa Ud. del coronel
Osorio?"
Sentí que el piso se hundía. El
coronel Oscar Osorio era motivo constante de
especulaciones sobre toda clase de complots. A
mí ya me habían tenido preso por
razones políticas. ¿Qué
ocurría hoy? ¿Buscaban motivos para
silenciar la radio... o algo peor? Bajo una
tormenta de suposiciones repetí en el
teléfono:
-Me pregunta ¿qué pienso sobre el
coronel Osorio?
-"Sí. Deme su opinión".
-"Sólo sé... que... fue...
Presidente de la República".
-"¿Nada más? ¿No sabe algo
más actual?"
-"No, señor!
-¡Qué lástima! Si fuesen
ustedes buenos periodistas ya lo
sabrían.
Y así como Uds. nos juegan tantas
bromas, inventando novelas que cuentan por
teléfono, hoy es mi turno de
reír". Y colgó.
No sabía qué pensar.
¿Cómo, alguien tan ocupado como el
Sr. Presidente, sabía de nuestras bromas
telefónicas? ¿Informaban a él
sobre nuestros inventados "cuentos"? Pero...
¡no había que detenerse en minucias!
El Presidente había dado indicios
demasiado sugerentes para no quedarnos quietos.
El personal de la radio se movilizó en
vano. Nadie averiguó algo fuera de lo
común, a pesar de nuestros contactos. Un
complot de silencio parecía rodearnos. Y
así transcurrió el resto del
viernes, sábado y domingo.
Las primeras planas de los diarios del lunes
develaron el misterio: "Coronel Oscar Osorio:
Nuevo Presidente de Colonización
Rural".
Viene a mi mente este relato, ahora que
está de moda hablar sobre supuestas
interceptaciones telefónicas... que nadie
sabe hacia dónde se desvían.
El espionaje telefónico siempre ha
estado a la orden del día en todo el
mundo. Si en un teléfono interferido se
dice algo trascendental, es infantil preguntar
quién puede ser el destinatario final de
dichas comunicaciones.