Martes 11 de julio


Palabras
El ala de un animal fabuloso
Carlos Balaguer

Sentí una extraña alegría.

Ya tenía una parte de aquel animal soñado, buscando en los confines de la noche y del alba...

Desconocido animal del imposible vuelo. En una tienda de antigüedades de Bogotá, cerca de la milenaria catedral, encontré aquella pluma, dentro de un viejo baúl. Su dueño la había dejado allí, guardada en un estuche de fieltro azul, donde sobresalía la pluma oscura, negra y brillante como el ónix, la pluma me hechizó. Era en el fondo una extraña herencia. Desde entonces la llevo conmigo, desde la noche en el solitario y lujoso Tequendama, es casi parte mía, de mi piel.. El ala del animal fabuloso.

He consultado a ornitólogos, a especialistas de la Selección Natural de las Especies; a grandes entendidos en la naturaleza de animales fabulosos: finalmente, he buscado mis propias conclusiones. Pero ha sido inútil. Nadie sabe decir, ni su nombre, su especie y su paradero. Nadie puede revelar su misterio.

Llevar conmigo esa pluma de ónix nocturno, es como llevar algo de mi propio cuerpo. Es un recuerdo, un deseo de conservar conmigo parte de ese animal fabuloso. Que se esconde en algún lugar: que andará de paso en el anchuroso mundo.


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