- Palabras
- El ala de un animal
fabuloso
- Carlos
Balaguer
Sentí una extraña
alegría.
Ya tenía una parte de aquel animal
soñado, buscando en los confines de la
noche y del alba...
Desconocido animal del imposible vuelo. En
una tienda de antigüedades de
Bogotá, cerca de la milenaria catedral,
encontré aquella pluma, dentro de un
viejo baúl. Su dueño la
había dejado allí, guardada en un
estuche de fieltro azul, donde sobresalía
la pluma oscura, negra y brillante como el
ónix, la pluma me hechizó. Era en
el fondo una extraña herencia. Desde
entonces la llevo conmigo, desde la noche en el
solitario y lujoso Tequendama, es casi parte
mía, de mi piel.. El ala del animal
fabuloso.
He consultado a ornitólogos, a
especialistas de la Selección Natural de
las Especies; a grandes entendidos en la
naturaleza de animales fabulosos: finalmente, he
buscado mis propias conclusiones. Pero ha sido
inútil. Nadie sabe decir, ni su nombre,
su especie y su paradero. Nadie puede revelar su
misterio.
Llevar conmigo esa pluma de ónix
nocturno, es como llevar algo de mi propio
cuerpo. Es un recuerdo, un deseo de conservar
conmigo parte de ese animal fabuloso. Que se
esconde en algún lugar: que andará
de paso en el anchuroso mundo.