- La
columna nacional
- Corazón
valiente y el gladiador
- Por
Roberto
López-Geissmann
¿Qué
puede un hombre de nuestros días hacer
contra la maquinaria que lo aniquila,
dificultándole la comunicación con
su familia, obligándole a endeudarse
hasta que se convierta en esclavo del amo sin
nombre ni rostro que maneja todo este nuevo
orden, atiborrándolo de bienes y
bombardeándolo de todo tipo de mensajes
masificantes que le hacen cada vez más
difícil pensar?
¿Es realmente esta sociedad la que a ti
te gusta? ¿Va siquiera ella en el rumbo de
construir ese mejor mundo -this brave new world-
que todos deseamos para nuestros hijos? ¿O
es acaso que, como en la novela de Huxley, nos
estamos acercando a una pesadilla
sofisticadamente atractiva, pero que contiene en
esencia la conculcación de las más
preciadas libertades y que no está
dudando en inmolar ante sus oscuros dioses los
más sagrados valores de nuestros mayores,
empezando por el concepto mismo de la divinidad?
¿Tienes tú idea de quiénes
capitanean todo esto?
¿Qué tienen que ver los
anteriores cuestionamiento pesimistas con los
nombres de las películas que dan
título a este artículo? Vayamos
por partes... Primero he de decir que son las
mejores películas en muchos años,
pues aparte de su espectacularidad y
realización indiscutibles contienen EL
mensaje de salvación único para
salvar a El Salvador, porque viene de El: El
heroísmo. Ya antes lo he escrito, pero no
por ello se me escapa que el tratamiento es
difícil. Y bastante. ¡Cuántos
no quisiéramos desenvainar la espada y,
con el rostro crispado correr, hombro con hombro
con otros hermanos similarmente valerosos,
dirigirnos a pecho descubierto y bajo el cielo
azul contra tanto hijo de su madre que nos
arranca la alegría de vivir y hasta
nuestro futuro! Sin embargo... no es tan
fácil. Y si, lo digo así porque
aunque a primera vista no lo parezca es
todavía más difícil, y
obviamente menos espectacular el lograr algo
efectivo contra las actuales amenazas contra la
esencia del género humano -esencia que,
claro, es más que humana-. Suspiro al no
poder realizar la carga de estos gladiadores de
corazón valiente, lo nuestro es
más difícil aún. Creo
haberlo plasmado aceptablemente al final de mi
novela "ÁNgeles con espadas", cuando
dije:
"Tiempos heroicos no son aquellos en que se
reconoce a los valientes, a los héroes
desprendidos, justos y viriles. Esos son tiempos
fáciles y peligrosos, con la lisonja y la
vanidad a la vuelta de la esquina, con la locura
soberbia jugando a disfrazarse de
líder... Tiempos heroicos son los tiempos
básicos, difíciles, elementales,
tremendamente materialistas... son los tiempos
más pesados, Kali Yuga o Edad de Hierro,
al final de un ciclo histórico, en que el
enemigo cabalga enseñoreando sobre un
mundo debilitado y confuso.
"Tiempos en que el héroe es la pieza
principal en una cacería organizada por
malvados y orquestada por ciegos. Juego en que
la muerte, el ridículo, el fracaso y la
desinformación son las armas contra el
hombre de la claridad y el bien. Tiempos de
burla, de falta de reconocimiento y de
hostigue....
"Tiempos en que el valiente no puede ser
puro, que el inteligente no puede ser sabio, y
el bueno no puede ser santo... Por eso son
heroicos. Porque pese a eso se da la batalla. Y
el héroe, con aire enrarecido aún
lucha. Sin huestes numerosas, sigue luchando.
Contra sus propias debilidades y contra la
opinión general, combate... No es un
caballero con armadura, ni siquiera un atleta
uniformado, puede ser un anciano falto de
comunicación, un empresario con
deficiencias educativas, un capitán al
que se acuse de fascista o un intelectual con
más barbas que títulos... pero
estos son nuestros héroes, los que, como
dijera Michel de Saint Piere carecen del
ateísmo supremo, que es el de no creer en
sí mismos..."
El que le dio el nombre a nuestra
nación -no país- es el más
grande ejemplo de heroísmo, brindando su
vida por todos, pues no hay mayor muestra de
amor que arriesgarla por otros; recordemos que
el componente más elevado del
término "héroe" es "Valer por el
valor del amor".