Imaginación
reflexiva
En el traslúcido e inquieto limbo
de la imaginación flotan solitarias las
fugaces abstracciones que, una vez escritas o
pronunciadas, cobran vida y se integran a manera
de voz, de percepción o de historia, en
la realidad articulada y bulliciosa, llena de
mensajes y otras emisiones que forman el mosaico
de los estímulos que nos impactan.
Por Enrique
Contreras
En
esta realidad que azota al mundo con su
impredecibilidad, con sus pocas alegrías
y sus muchas soledades tecnológicas, se
vierte, también, la frescura imaginativa
del arte, como desafío a los
cánones impuestos por el realismo.
Se vierte la rebeldía del pensamiento
que busca superar o darle nuevos giros a los
logros artísticos preexistentes, creando
así innovadoras aproximaciones a la
realidad a través de corrientes y
géneros.
La concreción de estas abstracciones,
en obras o actos, da pistas sobre la
disposición interpretativa y desafiante
de la mente humana, ante las contradicciones que
condimentan a la vida.
Vida, en estos términos, se despoja de
su referencia biológica para convertirse
en el torrente donde conviven, se mezclan y se
degustan las abstracciones en su etapa de
concreción, en la diversidad del quehacer
humano.
Es lógico, entonces, que sea en esta
misma viva realidad donde la imaginación
haga su juego y exprese sus inconformidades y
exageraciones, como una manera de escapar al
suicidio sentimental de cada día.
Es muy lógica, entonces, la existencia
de la ficción hasta en la
expresión más pura del realismo y
que el hombre busque la ilusión en la
realidad que evita.
La misma interpretación es ya una
ficción cuya magia se centra en la
exageración de las facciones de lo real
con el objetivo de explicarla, criticarla o
trascenderla.
Sin realidad, no habría soledades, no
se gestaría la decisión de
vencerlas con artilugios fantasiosos.
En el sincretismo con que el arte captura a
la realidad está el secreto de su fuerza
emotiva.
En su mentira, en su perfección,
está la realización interna del
artista inconforme que lacera a su realidad
particular.
En una fotografía, en un poema, en una
novela, en una escultura, en una pintura, en el
arte mismo de observar, hay siempre un
desafío latente a esta vida de
abstracciones, bien o mal realizadas en el
torrente cotidiano.
El hombre desafía continuamente el
filo hiriente de una realidad heredada que desea
actualizar y cumple su papel histórico de
crear. Para ello desafía la soledad de lo
real.