Ana Gabriel, Bolero
eterno
"No soy una artista que busca la moda",
dice la artista mexicana, quien ahora posee una
imagen más joven, fresca y bella
- Norma
Niurka
- Especial
para El Diario de Hoy
La
transformada Ana Gabriel ha convertido su
físico en el reflejo de los cambios en su
ser interno. Rebajó más de 40
libras y reveló un cuerpo y un rostro que
nadie conocía. También
cambió por dentro: dejó a un lado
su antigua timidez y comenzó a salir del
cascarón.
Para demostrar que no se ha hecho las
cirugías que le adjudican, Ana Gabriel se
levanta la larga y sedosa cabellera,
enseña el cuello y las orejas y muestra
que no se sometió a la cuchilla sino que
su transformación tiene que ver con la
pérdida de peso y otras cosillas que
luego contará.
"Tengo que reconocer que me ven más
bella. Pero es un cambio interno; creen que es
cirugía. No es eso", explica la cantante
mexicana que está difundiendo su disco
compacto, "Eternamente" (Sony Music), una
recopilación de boleros tradicionales
hechos con el mejor gusto.
"Yo estaba muy ocupada con Ana
Gabriel-la-ar-tis-ta y no sabía nada de
mí", explica. "Empecé a hurgar en
mi interior y encontré sombras.
Aprendí a verme por dentro y me
enamoré de mí".
Ese enamoramiento la llevó a querer
bajar de peso y pidió a su médico
que la ayudara. El especialista le
enseñó nutrición y la hizo
comer mejor de lo que acostumbraba.
Lo que sí se operó fueron los
pies, dice, y se descalza las sandalias para
enseñar pies nuevos.
"Aquí tenía juanetitos. Ese
hueso molestaba al caminar", dice, mientras
muestra con orgullo la pequeña cicatriz
en el empeine.
Entonces empieza a conversar sobre su tema
favorito: la espiritualidad, su búsqueda
interior.
"Estamos tan ocupados en cosas de mentira que
no logramos llegar a niveles superiores. La
verdad está dentro de nosotros y tenemos
que hacer un proceso de encuentro espiritual. Lo
que nos rodea es una fantasía, el futuro
no existe. Vivo intensamente y no me preocupo de
lo que voy a hacer mañana".
Dentro del bolero
Por ahora, presta su hermosa voz a los
boleros en este disco donde, apoyada en
guitarras y tríos, recobra
clásicos como "Poquita fe", del boricua
Bobby Capó; "Flores negras", de Sergio de
Karlo; o "Franqueza", de Consuelo
Velázquez; canciones eternas de la voz de
Lucho Gatica como "Historia de un amor", de
Carlos Almarán; y "Dios no lo quiera", de
Enrique Sánchez; o en la de Olga Guillot,
como "Tú me acostumbraste", del cubano
Frank Domínguez.
"Hace años que vengo cantando en mis
shows esta música que conocí con
mi papá cuando era una niña, esta
música que llevo en las venas", comenta,
aunque afirma que después seguirá
con sus discos de baladas románticas.
Ella tuvo la idea de hacer el CD, lo produjo
y hasta compuso dos boleros, "Por ti" y
"Más" que un simple amor.
"Esta es música para toda la vida,
porque el amor va a seguir existiendo aunque
existan las computadores y los correos
electrónicos", señala. Aunque es
muy discreta con su vida privada, reconoce que
ha amado intensamente.
"Si no hubiera gozado y llorado por amor no
pudiera cantar estas canciones", apunta. "Igual
que en mi música, nunca digo un 'Te amo'
si no lo siento. Soy asimiladora de lo que me
rodea, le robo a la gente momentitos importantes
que llenan mi piel de la esencia de la
vida".
La cantante, que tiene 25 años de
carrera (con una década de gran lucha
hasta 1984, cuando despegó como artista
internacional), ha evolucionado sin abandonar
sus principios artísticos.
"No soy una artista que busca la moda. Todo
está cambiando tanto. La juventud hace un
tipo de música desechable y yo estoy en
el proceso de hacer canciones, discos que
queden. Perdón si peco de inmodestia,
pero me considero artista. Entrego la
canción para llegar a un rinconcito del
alma. Ahora la mercadotecnia nos absorbe,
escuchas un cantante hoy y al siguiente mes ya
no existe. Eso no es arte, eso se llama
consumismo".