- Aclarando
amanece
- La democracia simulada
- Carlos
Sandoval
Tras
sesenta y un años en el Gobierno, el PRI
de México -el más antiguo del
mundo en el poder- fue derrotado por el
candidato Vicente Fox, del PAN, en las
elecciones del 2 de julio último. El voto
de los indecisos, apáticos y
escépticos arrepentidos parece que fue el
causante de la derrota del partido oficial, pues
a última hora se hicieron presentes en
las urnas para darle un vuelco radical a la
historia política de México.
También es posible que muchos
simpatizantes de la izquierda se hayan inclinado
por el PAN bajo la creencia de que era el
momento de darle utilidad al voto para terminar
con la hegemonía priista. La palabra
"cambio" hizo la hazaña, como dijo el
analista político Jorge
Castañeda.
El PRI nació en 1929 como Partido
Nacional Revolucionario (PNR), tras la primera
revolución social que se produjo en el
mundo, en 1910, encabezada por Madero, Zapata y
Villa. Siete años después, en
1917, se produciría la segunda
revolución social en Rusia liderada por
Lenin. El PRI fue el resultado de un pacto para
terminar con la violencia originada a
consecuencia de la revolución que
costó más de un millón de
muertos. Pero con los años se fue
convirtiendo en una estructura férrea y
disciplinada que dominaba sindicatos,
funcionarios, empleados públicos,
empresarios, campesinos y marginados. Una
compleja y eficiente maquinaria electoral
permitía ganar elecciones tras
elecciones, sin conocer nunca la derrota. Es
difícil determinar la ideología
exacta del partido porque siempre se
adaptó a los cambios históricos.
En la época de Lázaro
Cárdenas (1936-1940), es socialista; en
la de Miguel Alemán (1946-1952),
liberal-capitalista y en la de Carlos Salinas de
Gortari (1988-1994), neoliberal-social. El PRI
no ha sido un partido totalitario, como el
Partido Comunista de Cuba, sino que siempre supo
guardar las distancias con el poder militar. La
clave para mantenerse en el poder por tanto
tiempo residió en el método de la
simulación, el engaño y la
apariencia.
Esta democracia simulada la puso de
manifiesto el novelista peruano Mario Vargas
Llosa en 1990, al decir que la "dictadura
perfecta" no era la del Partido Comunista de la
URSS ni la del Partido Comunista de Cuba, sino
la del PRI de México. La razón
residía en que se trataba de una
"dictadura camuflada". Y ciertamente el
régimen mexicano no era una dictadura,
pero tampoco era una democracia. No se le puede
llamar demócrata al régimen que
causó la matanza de Tlatelolco, las
palizas a los votantes por protestar por el
fraude, los asaltos, la violaciones
tumultuarias, los secuestros, el empleo de los
fondos públicos para comprar votos y la
corrupción institucionalizada.
Ahora, el voto de los mexicanos ha sido para
terminar con esa "democracia simulada", con el
autoritarismo de los funcionarios, con el
continuismo enervante y, sobre todo, con la
corrupción oficial. Por ello no ha dejado
de sorprenderme un lacónico, pero vistoso
desplegado de ARENA publicado en todos los
diarios, con fecha 5 de julio, en donde se
"honra" en felicitar al licenciado Vicente Fox
por su triunfo electoral. Es tal el cinismo de
ARENA que, en una sintaxis amañada,
agrega: con el Presidente Electo de
México, "compartimos los mismos
principios para construir mejores condiciones de
vida para nuestros pueblos, en libertad, con
responsabilidad y solidaridad social". Se trata
de unas felicitaciones insinceras para tratar de
"matar el chucho a tiempo", como dice el
refrán, ante la posibilidad de que se le
asocie con el PRI por aquello del continuismo y
el fraude. Todos saben que el partido que
más se ha inspirado en el PRI es ARENA
para tratar de perpetuarse en el poder. No se
percataron los dirigentes de ARENA que una de
las primeras medidas que tomará Vicente
Fox será la de crear una "comisión
de la verdad" para combatir la corrupción
oficial. Algo que no han hecho los gobiernos
areneros; por el contrario, han estimulado y
protegido a los corruptos. La depuración
que está haciendo el Gobierno en la PNC
solamente alcanza a los subalternos, pero no a
las cabezas. Debe irse más a fondo para
investigar los casos de enriquecimiento
ilícito y tráfico de influencias
que se dan en algunos funcionarios
públicos. Muchos de estos se han
enriquecido, de la noche a la mañana, al
amparo de los cargos. Por eso tuvo razón
César Garizurieta cuando dijo que "vivir
fuera del presupuesto era vivir en el
error".
Los salvadoreños expresan
constantemente su preocupación y temor
por la creciente inseguridad pública. En
la actualidad hay desconfianza hacia las
instituciones, los programas y los responsables
de la seguridad pública. No solamente el
desempeño policial deja mucho que desear
por falta de método y técnica,
sino también -lo que es mucho más
grave- porque es en la misma PNC la que se ve
involucrada frecuentemente en actos delictivos.
La inseguridad creciente y la impunidad
están a la orden del día.
¿Cómo es posible entonces que diga
ARENA que comparte los "mismos principios" que
los del Partido Acción Nacional (PAN), de
México, cuando nunca ha investigado la
corrupción oficial ni controlado a los
secuestradores ni esclarecido el espionaje
telefónico ni castigado a quienes han
cometido fraudes bancarios multimillonarios?
No se puede dejar de felicitar al presidente
Flores Pérez por la depuración que
lleva a cabo actualmente en la PNC. A una
primera lista le seguirá una segunda. Era
una operación necesaria e inaplazable
para tratar de devolverle a la
institución la confianza y el prestigio
que nunca debió de poner en entredicho.
Es lo que ha deseado la ciudadanía
honrada, pacífica y trabajadora. Pero
también es injusto que solamente se
castigue a agentes por sustraer un fusil,
prefabricar pruebas, emborracharse y disparar
sus armas de fuego, dejando en la absoluta
impunidad a quienes se han enriquecido
ilícitamente y abusado del tráfico
de influencias. La ley debe ser igual para todos
si verdaderamente queremos que exista justicia y
prevalezca el Estado de Derecho. No queremos una
democracia simulada, sino auténtica.