- Tomando
la palabra
- Al oído de
doña Lourdes
- Lic.
María de los Ángeles Mazzini de
Pleités
Hace varias semanas se publicó en uno
de los periódicos matutinos en su
edición dominical un reportaje claro,
objetivo y preciso de algunos problemas que
afronta el Instituto Salvadoreño de
Protección al Menor, en el que se
analizaba y ponía en evidencia
situaciones de descuido, negligencia y poco
profesionalismo en la atención de los
niños y niñas internos en una de
las dependencias de dicho Instituto. Estas
situaciones suelen darse en centros masivos de
atención, sean estos para menores de
edad, para enfermos o para ancianos, si es que
no se establecen reglamentos claros donde se
puntualicen las funciones del personal y se
determinen mecanismos de control efectivos,
seguidos por la periódica
supervisión y el concurso de jefaturas
responsables y competentes. Entendemos que la
Presidencia del Cuerpo Colegiado del Instituto,
que es la Primera Dama, así como la
señora Directora Ejecutiva del mismo
habrán tomado nota de esta denuncia
pública y le prestarán
atención para darle solución a la
misma. Sería de gran interés
nacional corroborar la efectividad y calidad de
los programas que publicara en un desplegado el
Instituto Salvadoreño de
Protección al Menor en su séptimo
aniversario de creación como tal, antes
se llamó Consejo Salvadoreño de
Menores; así como evaluar el plan
operativo de la política de
atención al menor.
Con el respeto que la Primera Dama merece, me
refiero también al reportaje televisivo
que le hiciera un noticiero nocturno. En esa
ocasión, ella informó de las
actividades que está llevando a cabo,
mencionando dos: "Nutrición con amor", su
nombre explica su contenido y objetivos, y otro
llamado "País joven". Me surge entonces
una pregunta, ¿quién realiza estas
actividades, el Instituto Salvadoreño de
Protección al Menor como organismo
ejecutor y administrador, responsable de todos
los programas referentes a la atención de
niños y jóvenes, o lo hace la
Secretaría Nacional de la Familia?
Recordemos que el principio básico que
gestó la creación de la
Secretaría Nacional de la Familia hace
once años y el espíritu que
rigió en sus inicios fue el de que
actuara como un organismo rector, coordinador y
promotor de programas en el área social.
Se daba en esta forma un viraje de
carácter técnico en la
concepción y formulación de
programas de acción social,
modificándolos en su concepto de
asistencialista y paternalista que eran a
programas preventivos, integrales, coordinados,
promocionales y participativos, poniendo a la
Primera Dama como enlace y coordinadora de los
programas con la Presidencia de la
República. Ella goza, en su
carácter de máxima autoridad de la
Secretaría Nacional de la Familia de
rango de Ministra, pues integra
tácitamente el Gabinete, ya que tiene
acceso y participación en el Consejo de
Ministros. La Primera Dama y Secretaria de la
Secretaría Nacional de la Familia en su
función dual constituye una
posición clave y el enlace gubernamental
"ad-hoc" para prestarle el apoyo político
requerido a instituciones ejecutores, que son
vitales y que pueden y deben participar de
manera relevante en la realización de
estrategias que desarrollan las políticas
sociales del Gobierno.
Finalmente, el 4 del corriente leímos
otro reportaje publicado en un suplemento
dominical, en el que podemos apreciar no
solamente la información referente a las
actividades y compromisos de la Primera Dama en
sus múltiples actividades, sino a
comentarios interesante de lo que hace y se
espera de la Secretaría Nacional de la
Familia, haciéndose evidente el
vacío que deja lo que no se ha hecho y
que la ciudadanía demanda. Entendemos y
esto es comprensible que para una Primera Dama
que no ha tenido experiencia en la burocracia,
administración, ejecución de
programas, formulación de
políticas, etc., es muy difícil
hacerlo a cabalidad de la noche a la
mañana.
Por otra parte hay que estar conscientes de
dos situaciones concretas, una es el
carácter de urgencia que tiene el
país en avanzar y actualizar los
múltiples programas en beneficio del
niño, del joven, de la mujer, de la
familia, utilizando de manera óptima los
recursos económicos que le otorga nuestro
presupuesto. Siempre ha regido en mi
desempeño profesional un principio
administrativo, base de los demás: "Un
buen presupuesto no es el que dispone de
más fondos sino aquel que es el mejor
administrado". La otra situación es la de
priorizar objetivos y formular estrategias a
través del diseño de
políticas en aquellos sectores que
carecen de ella, y actualizar las otras,
basándose estas políticas en
diagnósticos reales y profundos de la
situación social nacional. Por supuesto
que en estos dos aspectos mencionados
someramente quedan involucrados los siguientes:
Descentralización de ciertos programas
existentes, evitar duplicidad de funciones a
través de enlaces de coordinación
con otros organismos con fines similares, sean
estos oficiales o no gubernamentales, involucrar
la participación ciudadana, promover
foros de análisis y capacitación,
etc., etc.
Estas ideas de ejecución
simultánea, constituyen más que
nada lineamientos y reflexiones, las que espero
permitan aclarar, en parte, el panorama de una
Secretaría Nacional de la Familia que
tiene mucho por delante, creando expectativas y
que, aún con elevados presupuestos
actualmente avanza sin rumbo.