- Orientando
- El servicio consular
estadounidense
- Juan
M. Bracete*
La
función consular es una de las más
antiguas en el mundo del intercambio
internacional. Aunque la función consular
comparte muchos aspectos con la función
estrictamente diplomática, no es lo mismo
y nunca se ha considerado que sea lo mismo. De
hecho, como hay convenios internacionales que
regulan los intercambios diplomáticos,
también hay convenios internacionales que
regulan los intercambios consulares.
Debido al deseo de crear un proceso de
escalafones en una carrera diplomática
unificada, muchos países han optado por
incluir la función consular dentro de la
carrera diplomática. Los Estados Unidos,
como muchos otros países, tienen hoy
día a su cuerpo consular como una
función dentro del cuerpo
diplomático.
Una desventaja para las personas que lidian
con funcionarios diplomáticos
estadounidenses es que generalmente la
interacción se lleva a cabo con personas
recientemente integradas al servicio
diplomático. Esto es así porque se
considera en las esferas pertinentes del
Departamento de Estado de los Estados Unidos,
que una misión como oficial consular es
de lo mejor para preparar el futuro
diplomático estadounidense.
Una de las dificultades de la función
consular es, por ende, la falta de experiencia
del personal diplomático que atiende al
público. Una segunda dificultad, no
aparente al usuario de los servicios consulares,
es que la mayoría de los oficiales con
los cuales inter-actúa no tiene
interés en la función consular,
deseando generalmente llevar a cabo otra
función dentro del servicio
diplomático.
Esto no quiere decir que en el servicio
consular estadounidense se encuentre desprovisto
de personas conocedoras y que verdaderamente
quieren ejercer la función consular.
Todos los años, un gran número de
oficiales diplomáticos que entran le
indican a los responsables pertinentes que ellos
quieren llevar a cabo la función consular
como primordial función dentro del
servicio. Estos oficiales se esmeran en aprender
todo a cabalidad, y son los que, eventualmente,
acaban teniendo logros excepcionales dentro de
esa función.
En estos días concluye su
misión consular en El Salvador una de
esas personas excepcionales. Se trata de la
cónsul Charisse Phillips. La
cónsul Phillips es una de esas personas
que se encuentran rara vez en la vida. Aunque
encontrar personas brillantes y conocedoras no
es inusitado, encontrar a alguien con esas
cualidades, más las cualidades humanas
que imperan en ella sí es raro. No
sólo ella tiene el interés en
atender los casos en su individualidad, sino que
también tiene la entereza moral de actuar
por la ley y la justicia y no por la
conveniencia.
La Sra. Phillips se ha esmerado en transmitir
a los oficiales que ella supervisa la
obligación de ver en cada caso un
universo individual. Eso es, de no adherirse
tanto a los perfiles que se generan, sino a ver
a cada persona como persona y no como perfil
predeterminado. También, sin violentar la
ley, ella ha dirimido en muchas ocasiones de
duda razonable en ambas direcciones esa duda a
favor del solicitante de beneficios
consulares.
Por ser la señora Phillips una oficial
consular excepcional, de gran valor para las
buenas relaciones entre El Salvador y los
Estados Unidos, no podía yo sino
dedicarle esta columna de hoy como un "hasta
luego", esperando que algún día
regrese a este país.
* Dr. en Derecho y director de
Consultoría Migratoria Americana