- Comentario
de la semana
- TLC y drama
humano
- Eduardo
Torres
- E-mail: eduardo@elsalvador.com
Con
la visible ausencia del presidente de Honduras,
Carlos Roberto Flores Facussé, se
firmó hace dos días en el Castillo
de Chapultepec, México, el Tratado de
Libre Comercio entre el "Triángulo Norte
de Centroamérica", y el país
anfitrión. La apertura -negociada- de
mercados es ahora una realidad y, con ella, no
solamente El Salvador sino la región
entera deberá ampliar los tradicionales
parámetros, para lo que -salvo pocas
excepciones- ha sido la clásica
fórmula de realizar negocios en suelo
centroamericano. Para decirlo en otras palabras,
vía TLCs, paridad NAFTA y, en unos
años el ALCA, estamos pasando de las
palabras a las acciones concretas,
insertándonos a profundidad en el mundo
de la globalización.
El marco general del Tratado firmado con
México, provee buenas oportunidades para
nuestros empresarios, al haberse obtenido la
necesaria asimetría para ciertos
productos, dada la desigualdad de las
economías; la paridad NAFTA augura
inversión extranjera, de inversionistas
que desde estos países cercanos a los
Estados Unidos, busquen ingresar sus productos
al mercado más grande del mundo. Si
actuamos como debemos actuar, pues como que nos
aproximamos al momento de recolectar lo que a
través de los años hemos venido
sembrando. Nos compete, por lo tanto, tratar de
recorrer juntos la "milla extra", y no dejar
pasar oportunidades históricas que se nos
presentan, dadas en momentos no dejar pasar
oportunidades históricas que se nos
presentan, dadas en momentos en los que la gente
le pide resultados tangibles a los sistemas
democráticos.
Situaciones como la acontecida en Guatemala,
donde familiares cercanos del presidente Alfonso
Portillo han tenido que salir del país
como "medida de precaución", ante las
amenazas de bandas de secuestradores, demuestra
en forma clara e inequívoca que la
sociedad de la hermana nación, se
encuentra totalmente sitiada -bajo jaque- por el
hampa y la criminalidad. Y ello, pues
habrá que revertirlo en forma inmediata,
so pena de un retroceso histórico en el
país vecino.
La prueba de la familia Torres
Tres horas antes de la ceremonia de firma del
Tratado con México en el Castillo de
Chapultepec, moría en un hospital
capitalino, don Sergio Torres Rivera. El no
murió de un infarto; su corazón
dejó de latir, víctima del
sufrimiento, la angustia y la incertidumbre,
tras el secuestro de su esposa doña Ana
Irma. El país entero fue testigo, de
cómo este valiente hombre luchó,
hasta su último soplo en esta vida, por
recuperar o saber el paradero de su querida
esposa, madre de sus seis hijos. Si de pruebas
hablamos, que cruz la que le ha tocado cargas a
esta familia, para quienes sólo podemos
pedir y ofrecer muchas oraciones,
suplicándole a Dios Nuestro Señor,
que se apiade de ellos.
En la eterna batalla entre el bien y el mal,
no podemos permitir que bandas delincuenciales
aterroricen a la sociedad entera; ha llegado el
momento de marcar un hasta aquí, y
accionar las personas de bien -que somos la
inmensa mayoría- en contra de los
criminales, intelectuales y materiales, que
tanto daño le causan a los habitantes de
este sufrido país. Siendo lo justo y lo
correcto de hacer, el momento en que nos
encontramos nos exige hacerlo ya, y con
determinación. De lo contrario,
continuaremos patinando en la escena de lo que
pudo haber sido, y no fue.
Obviamente, hay también otros puntos
importantes para hacer de El Salvador un lugar
atractivo e importante para los inversionistas.
Cambio de reglas de juego, como las que a juicio
del economista Luis Membreño ha hecho CEL
a las eléctricas, admitidas -ante
cámaras- por Juan José Daboub,
resultan no permisibles. Convicción,
prudencia, responsabilidad y sobre todo, fe, es
lo que El Salvador demanda para salir adelante.
Y con salir adelante, por supuesto que nos
referimos a mejorar las condiciones de vida de
todos, de volver a respirar con tranquilidad en
las calles, de que nuestros hijos puedan salir a
jugar sin agobio, fuera de nuestras casas, y de
que todos podamos disfrutar de este lindo
terruño que nos vio nacer.
¡Así sea!