Sábado 1 de julio


El Salvador en perspectiva
El perdón piadoso
Mario Rosenthal
E-mail: mrelsalv@cyt.net

La mentira piadose es tan parte de la moral salvadoreña como la tortilla es de la dieta y se extiende a otras facetas de la cultura. La palabra es el medio de comunicación entre ser y ser pero si no existe un idioma en común surgen problemas. Muchas veces el sentido literal de las palabras no es precisamente lo que se quiere dar a entender. Por ejemplo, cuando un salvadoreño responde a una invitación o a una solicitud: "sí", "con todo gusto", "lo atenderé en seguida", "yo le hablaré", muchas veces lo que se quiere comunicar es el revés, y confunde a la persona que no está versada en la cultura salvadoreña que obliga a la mentira piadosa antes de ofender. Todas esas expresiones son eufemismos para un simple "no", "no puedo" u otra negativa que posiblemente fuera hiriente. Esto trae a la mente el lamento de un corresponsal extranjero que se quejaba que las señoritas salvadoreñas siempre aceptaban sus invitaciones, pero a la hora de las horas no se presentaban o habían salido cuando las iba a recoger. Era sencillamente el choque entre dos culturas con distintas costumbres; el corresponsal no entendía que faltar a la primera cita era una manera de decir no.

Esta faceta de nuestra cultura se extiende a otros elementos de la conducta social, incluso al campo del bien y del mal y tiene su origen en la religión. "Habéis oído", declaró Jesucristo en el Sermón de la Montaña, "que se dijo ojo por ojo y diente por diente, empero yo os digo que no hagáis resistencia al agravio antes si alguno te hiriera en la mejilla derecha, vuélvele la otra también, y al que quiere armarte pleito para quitarte la túnica, alárgale también tu capa". Creemos que esa exhortación ha sido incorporada al espíritu si no a la letra de las leyes penales salvadoreñas que rigen en la actualidad, que obedeciendo la exhortación de no condenar a nadie y en vez de castigar, se premia al agresor. Esto nos lleva a hablar de lo que nosotros denominamos el perdón piadoso.

Una noticia de la semana pasada: "Indemnizarán a los agentes que sean depurados", es el acicate que nos incitó a hacer este comentario. El debate sobre el castigo remonta a los principios de la civilización occidental; existe también en los anales de las civilizaciones orientales, pero traerlos a cuenta complicaría demasiado el tema. Encontramos referencias al castigo tanto en el Antiguo Testamento como el de arriba del Nuevo. Muchos filósofos y pensadores han especulado sobre este tema, como lo deben saber los ilustres arquitectos de la justicia salvadoreña, desde Platón y Aristóteles hasta Marx y Freud.

Haciendo a un lado la ofensa contra Dios, el debate milenario sobre el castigo gira alrededor de la interrogante si castigar por ley es una venganza retributiva de la sociedad contra el hechor y una medida defensiva para apartarlo de la sociedad temporalmente, para que no reincida o si el castigo legal es una medida para reformar al hechor para que se reincorpore a la sociedad.

El caso de la "depuración" de la Policía Civil Nacional es curioso, porque pone en duda si realmente existe una moral o filosofía salvadoreña clara acerca de si el castigo legal debe ser retributivo o reformador. En primer lugar llama la atención que se propone una "depuración" masiva de agentes policiales que serán expulsados del servicio por haber incurrido en faltas, faltas graves o en delitos. Las investigaciones de algunos asaltos, secuestros y extorsiones denunciados en los medios hacen a uno pensar que unos policías abusan de su autoridad y son cómplices de los delincuentes, o despojan al ladrón de lo robado. Claro, ese concepto peyorativo no se puede aplicar a todos los agentes, pero creemos que la incapacidad de las autoridades de hacer frente a la descomposición social que sufre el país se debe a que la seguridad social ha sido sometida a la conveniencia política sin definir si el castigo es retributivo o reformar, con el resultado que las leyes ni castigan, ni son suficientemente severos para disuadir al delincuente potencial, ni reforman. El colmo es que se contempla indemnizar a los agentes y subcomisionados expulsados de la PNC y además a reincorporarlos posteriormente. Esto es verdaderamente el perdón piadoso, que nunca castiga, de que hablamos.


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