- El
Salvador en perspectiva
- El perdón
piadoso
- Mario
Rosenthal
- E-mail: mrelsalv@cyt.net
La
mentira piadose es tan parte de la moral
salvadoreña como la tortilla es de la
dieta y se extiende a otras facetas de la
cultura. La palabra es el medio de
comunicación entre ser y ser pero si no
existe un idioma en común surgen
problemas. Muchas veces el sentido literal de
las palabras no es precisamente lo que se quiere
dar a entender. Por ejemplo, cuando un
salvadoreño responde a una
invitación o a una solicitud:
"sí", "con todo gusto", "lo
atenderé en seguida", "yo le
hablaré", muchas veces lo que se quiere
comunicar es el revés, y confunde a la
persona que no está versada en la cultura
salvadoreña que obliga a la mentira
piadosa antes de ofender. Todas esas expresiones
son eufemismos para un simple "no", "no puedo" u
otra negativa que posiblemente fuera hiriente.
Esto trae a la mente el lamento de un
corresponsal extranjero que se quejaba que las
señoritas salvadoreñas siempre
aceptaban sus invitaciones, pero a la hora de
las horas no se presentaban o habían
salido cuando las iba a recoger. Era
sencillamente el choque entre dos culturas con
distintas costumbres; el corresponsal no
entendía que faltar a la primera cita era
una manera de decir no.
Esta faceta de nuestra cultura se extiende a
otros elementos de la conducta social, incluso
al campo del bien y del mal y tiene su origen en
la religión. "Habéis oído",
declaró Jesucristo en el Sermón de
la Montaña, "que se dijo ojo por ojo y
diente por diente, empero yo os digo que no
hagáis resistencia al agravio antes si
alguno te hiriera en la mejilla derecha,
vuélvele la otra también, y al que
quiere armarte pleito para quitarte la
túnica, alárgale también tu
capa". Creemos que esa exhortación ha
sido incorporada al espíritu si no a la
letra de las leyes penales salvadoreñas
que rigen en la actualidad, que obedeciendo la
exhortación de no condenar a nadie y en
vez de castigar, se premia al agresor. Esto nos
lleva a hablar de lo que nosotros denominamos el
perdón piadoso.
Una noticia de la semana pasada:
"Indemnizarán a los agentes que sean
depurados", es el acicate que nos incitó
a hacer este comentario. El debate sobre el
castigo remonta a los principios de la
civilización occidental; existe
también en los anales de las
civilizaciones orientales, pero traerlos a
cuenta complicaría demasiado el tema.
Encontramos referencias al castigo tanto en el
Antiguo Testamento como el de arriba del Nuevo.
Muchos filósofos y pensadores han
especulado sobre este tema, como lo deben saber
los ilustres arquitectos de la justicia
salvadoreña, desde Platón y
Aristóteles hasta Marx y Freud.
Haciendo a un lado la ofensa contra Dios, el
debate milenario sobre el castigo gira alrededor
de la interrogante si castigar por ley es una
venganza retributiva de la sociedad contra el
hechor y una medida defensiva para apartarlo de
la sociedad temporalmente, para que no reincida
o si el castigo legal es una medida para
reformar al hechor para que se reincorpore a la
sociedad.
El caso de la "depuración" de la
Policía Civil Nacional es curioso, porque
pone en duda si realmente existe una moral o
filosofía salvadoreña clara acerca
de si el castigo legal debe ser retributivo o
reformador. En primer lugar llama la
atención que se propone una
"depuración" masiva de agentes policiales
que serán expulsados del servicio por
haber incurrido en faltas, faltas graves o en
delitos. Las investigaciones de algunos asaltos,
secuestros y extorsiones denunciados en los
medios hacen a uno pensar que unos
policías abusan de su autoridad y son
cómplices de los delincuentes, o despojan
al ladrón de lo robado. Claro, ese
concepto peyorativo no se puede aplicar a todos
los agentes, pero creemos que la incapacidad de
las autoridades de hacer frente a la
descomposición social que sufre el
país se debe a que la seguridad social ha
sido sometida a la conveniencia política
sin definir si el castigo es retributivo o
reformar, con el resultado que las leyes ni
castigan, ni son suficientemente severos para
disuadir al delincuente potencial, ni reforman.
El colmo es que se contempla indemnizar a los
agentes y subcomisionados expulsados de la PNC y
además a reincorporarlos posteriormente.
Esto es verdaderamente el perdón piadoso,
que nunca castiga, de que hablamos.