- Hablando
de escribir
- El arte de empezar
- María
Teresa de Jovel*
Estando
en Chile tuve la oportunidad de participar en
una conversación entre escritores, sobre
los escritores y la decisión crucial y
poderosa de cómo establecer el inicio de
un ensayo, un cuento, una novela, etc. De dicha
interesante conversación salen los
comentarios de este artículo.
El ensayista Italo Calvino -en su libro "El
arte de empezar y el arte de acabar"- reconoce
que el comienzo es el punto más
importante, y dice que en ese instante de la
elección "se nos ofrece la posibilidad de
decirlo todo, de todos los modos posibles; sin
embargo, tenemos que llegar a decir algo de una
manera especial".
El relato del Génesis, comienzo de los
comienzos, necesita una sola frase para
colocarnos al centro del misterio de la
creación: "En el principio, cuando Dios
creó los cielos y la tierra, todo era
confusión..." Un mundo que surge de la
nada. Un chispazo divino que hace brotar la luz
de las tinieblas.
Los que hemos leído los Evangelios,
seguramente nunca olvidaremos el maravilloso
comienzo del Evangelio según San Juan:
"Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en
Dios, y el Verbo era Dios." Antes del tiempo y
del espacio está el verdadero y
único formador y dador de Vida.
Pasando a otros libros de la antigüedad,
se comentaba cómo algunos narradores
solían ponerse a la altura de esta
responsabilidad mediante una invocación.
En la introducción a La Ilíada,
Homero clama "Canta, oh diosa, la cólera
del Pelida Aquiles", antes de introducirnos en
las luchas de su narración. Y lo mismo
hace al comienzo de La Odisea, cuando pide ayuda
a la divinidad para contar dignamente las
aventuras de Ulises: "Háblame, Musa, de
aquel varón de multiforme ingenio..."
En cambio nos parecía que los
narradores modernos se valen de su propia
inspiración, que, por supuesto, no
siempre llega tan fácil. La
mayoría de las veces no sabe el autor de
dónde le viene aquel impulso de escribir
y mucho menos cómo lo conducirá su
imaginación una vez estimulada.
Nos preguntábamos cuál
sería el mejor modo de comenzar un
relato. La tradición oral nos sugiere una
fórmula que todos conocemos desde que
éramos niños y alguien empezaba a
contarnos algo: "Érase una vez..."
Llegamos a la conclusión que el
único requisito básico para una
novela o un cuento es la verosimilitud. No en
cuanto al mundo "real" de afuera, sino respecto
del universo verbal que se construye con el tema
del relato. Darse reglas y límites
claros, y cumplirlos a cabalidad para hacer
narrable todo (y solo) lo que debe ser
narrado.
Quizá la manera más
convencional de presentar una historia es
identificando a su protagonista. Al estilo de
Robinson Crusoe, la novela que inaugura la
moderna literatura inglesa y cuyo narrador, en
primera persona, no pierde el tiempo antes de
hablarnos del día y lugar de su
nacimiento, los orígenes de su familia y
el porqué de sus desventuras.
Con los siglos, como es de suponer, la
costumbre de identificarse con tanta
precisión ha perdido parte de su
frescura. Junto con los rasgos de los
personajes, el narrador suele partir por
entregarnos algunas señas acerca del
entorno en el que éstos se desenvuelven,
así se trate de un contexto
deliberadamente vago. En este sentido hay
comienzos muy directos: "Vine a Comala porque me
dijeron que acá vivía mi padre, un
tal Pedro Páramo", empieza la obra magna
del mexicano Juan Rulfo.
Comienzos hay, pues, de todas las formas y
para todos los gustos. Comienzo y final, son en
definitiva puntos de referencia relativos. Mi
impresión es que el párrafo o la
frase iniciales surgen paralelamente al tema, a
veces incluso un poco antes. Adoptan,
así, un carácter gatillador, que
echa a andar la maquinaria que desarrolla dicho
tema, que impactó al narrador y que lo
hizo concebir en su mente y en sus sentimientos
aquello que quiere comunicar.
Aquí van algunos comienzos de
antología: "En un lugar de la Mancha, de
cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho
tiempo que vivía un hidalgo de los de
lanza en astillero, adarga antigua, rocín
flaco y galgo corredor". El ingenioso hidalgo
don Quijote de la Mancha, Miguel de
Cervantes.
"Muchos años después, frente al
pelotón de fusilamiento, el coronel
Aureliano Buendía había de
recordar aquella tarde remota en que su padre lo
llevó a conocer el hielo", Cien
años de soledad, Gabriel García
Márquez.
"Hoy ha muerto mamá", El Extranjero,
Albert Camus.
"Cuando el señor Bilbo Bolsón
de Bolsón Cerrado anunció que muy
pronto celebraría su cumpleaños
centésimo decimoprimero...", El
Señor de los anillos, J.R. Tolkien.
"Misá Raquel Ruiz lloró
muchísimo cuando la Madre Benita la
llamó por teléfono para contarle
que la Brígida había amanecido
muerta", El obsceno pájaro de la noche,
José Donoso.
"Bastará decir que soy Juan Pablo
Castel, el pintor que mató a María
Iribarne", El Túnel, Ernesto
Sábato.
Comienzo y final, son en definitiva puntos de
referencia relativos. La vida siempre nos
propone muchas cosas que pueden tomarse como
nuevo punto de partida, y también como
término. La Literatura también.
Estoy segura que hay muchas personas que si
tomaran una pluma y comenzaran a escribir,
contarían historias muy interesantes.
Animémonos y tal vez alguno de nosotros
llegará a ser un gran escritor.
*Lic. en Relaciones Públicas y
columnista de El Diario de Hoy.