Sábado 1 de julio


Tema para meditar
Del muro a la red
Carlos Mayora Re*

Hablar de globalización ya no es novedad. Sin embargo, casi en la totalidad de los casos, cuando se trata de ese término, se habla solamente de sus aspectos económicos: lo que se podría llamar también una mundialización del comercio, en tanto los mercados nacionales se van convirtiendo cada vez más en regionales y éstos, por su crecimiento natural y el esfuerzo de las personas, se convierten a su vez en mercados de ámbito mundial (o global). Pero la globalización es mucho más que el acrecentamiento de intercambios comerciales, pues su influencia alcanza casi todos las relaciones de las personas entre sí, pues además de lo económico, también se afecta todo lo político, lo cultural y lo social.

Utilizando una imagen, puede decirse que en menos de veinte años, hemos pasado del mundo de la guerra fría (partido en dos áreas ideológicas divididas por un hipotético muro), a un mundo vastamente interconectado por las redes de información, de intercambios económicos y culturales y, principalmente, tecnológicos. Thomas Friedman ha publicado recientemente un libro en el que analiza este fenómeno. El autor apunta que el nuevo des-orden mundial (contraponiendo el término al antiguo orden basado principalmente en ideologías políticas), se fundamenta en una democratización de la tecnología, de la información y de las finanzas. La globalización se ha convertido, entonces, en algo inevitable: pararla es parar la libertad de las personas y eso sólo es posible mediante intentos de establecer regímenes totalitarios que, por su misma naturaleza (no hay mal que dure cien años...), son perecederos.

Pues bien, si esto es así, una de las consecuencias más importantes es que la libertad de mercado ha dejado de ser una ideología para convertirse en una realidad. Es decir, que independientemente de los fundamentos teóricos de ese sistema económico, aquellos que no se adscriban a él y que no se preparen para estar listos, terminarán criticándola ideológicamente mientras su economía personal, o nacional si es el caso, se ve cada vez menos fuerte debido a la influencia y a la fuerza del sistema que critican. Si un país quiere quedarse al margen del sistema, deberá pagar un alto precio, deberá construir un muro que le aísle del mundo. Y un muro que deberá ser económico, sí, pero principalmente político: nadie niega que un pueblo pueda autodeterminarse a la exclusión en su participación en el nuevo orden mundial, pero si hace esto las consecuencias negativas terminarán siendo mayores que los beneficios que crea poder alcanzar.

En este momento no pretendo hacer valoraciones morales de la situación que describo, pretendo simplemente exponer unas ideas que me parecen muy interesantes. La globalización económica y cultural está generando, sin duda alguna, grandes oportunidades de progreso y de desarrollo económico; pero también fricciones, y marginación de aquellos que no están preparados para afrontar un nivel más alto de competencia. Algunos caerán por su falta de preparación para afrontar los nuevos retos, y otros se opondrán a la globalización (a esa democratización de la tecnología, de las comunicaciones y de las finanzas), precisamente porque no querrán perder sus privilegios, desde empresas hasta personas. Sin embargo, si se toma como cierto que la influencia de la globalización se irá extendiendo cada vez más, lo mejor será prepararse para encararla.

Por todo lo anterior, entonces, la mejor manera de prepararse para afrontar los retos que esa democratización, de tecnologías, comunicaciones y finanzas presenta, debe ser la que posibilite que cada persona individualmente y el país como nación se prepare para echar mano de esas oportunidades que, como nunca en la historia, se están presentando. Es decir, que una vez más la solución se encuentra en el campo de la educación y la preparación de las personas. Si el meollo del asunto se encuentra en la capacidad para aprovechar la tecnología, la información y los demás recursos, los mejor preparados para ello serán los que triunfen en un mundo globalizado.

Redes y no muros, entonces. Debemos prepararnos a comunicarnos, no a encerrarnos. Sabiendo que cuando se abren puertas y ventanas pueden entrar en la casa muchas cosas y personas buenas pero que, como en todo, también se corre el riesgo de dar cabida a personas y cosas indeseables. Ojalá que nos preparemos de tal manera que cada uno pueda tener la sabiduría para escoger lo más adecuado, sabiendo prepararnos adecuadamente para discriminar lo conveniente de lo nocivo, y poder aprovechar las oportunidades en provecho propio y de los demás.


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