La
Nota del Día
29 de Junio de 2000
Devuelven a Elián a
la enorme prisión
El drama de Elián, el niño
balsero, llegó a su epílogo, por
hoy, cuando voló de vuelta con su padre a
Cuba. Elián fue rescatado con vida
después de que naufragó la lancha
en que él y su madre escapaban de la
isla, tragedia que se repite con frecuencia pero
que usualmente pasa inadvertida. El incidente
coincide con el anuncio del levantamiento
parcial del embargo norteamericano.
En su planteamiento formal, lo sucedido es
muy simple: Washington, "que libra una
implacable oposición al régimen
cubano", echa mano de mandamientos legales para
devolver a una criatura reclamada por su padre.
A raíz del cuasi secuestro del
niño, arrebatado con fuerza militar a
quienes le habían acogido, Castro anuncia
que por vez primera en cuarenta y tantos
años, hay una tregua entre ambos
gobiernos.
Es obvio que tanto el caso de Elián
como el embargo son la justificación que
esgrime la dictadura castrista para perpetuarse
en el poder. Todas las miserias que padece el
pueblo cubano se presentan como causadas por el
"embargo" y la "agresión norteamericana".
Si faltan alimentos, es por culpa del bloqueo;
no hay medicinas ni gasolina ni vestimenta ni
electrodomésticos ni zapatos ni libros ni
pasta de dientes, por obra del bloqueo. Nadie
puede adquirir un automóvil, o conseguir
vivienda, o pintar la casa destartalada en la
que vive, debido al cruel embargo capitalista
sobre Cuba.
El asunto va más allá. La
persecución policial, el espionaje cuadra
por cuadra, las cárceles
políticas, la represión de los
disidentes, la censura de diarios y medios
electrónicos, son obligadas por el
embargo y las conspiraciones de la comunidad
cubana de Miami. La gente vive en condiciones de
extrema pobreza, y los salarios promedio son de
trescientos y cuatrocientos colones
salvadoreños, porque el "embargo" tiene a
Cuba sumida en esa terrible
situación.
¿Cuánto
más durará la dictadura
cubana?
A ese purgatorio es que el sistema de
justicia norteamericano envía a
Elián, que será exhibido ahora por
Castro como el trofeo de su victoria sobre los
cubanos de Miami y el "imperialismo". Para
preparar a la criatura, sus maestros y varios
compañeritos -iguales víctimas de
la dictadura como él- viajaron hasta
Virginia, donde se inició el
adoctrinamiento del niño, marcado para
convertirse en un fanático del
régimen.
Pero al menos Elián cuenta con la
cuasi certeza de que en un futuro cercano -dos,
cinco o diez años- el dictador va a
desaparecer y, al unísono, el
régimen más oprobioso en la
historia de América. Así ha
sucedido con las satrapías comunistas del
Este europeo, con la despachurrada Unión
Soviética, con lo que queda de los
regímenes rojos en el Asia, y hasta con
la dinastía de Corea del Norte. De la
misma forma como de manera casi
instantánea esos pueblos oprimidos han
hecho la transición a la libertad y la
democracia, los cubanos sabrán sacudirse
los venenos de su intelecto y sus
sentimientos.
La devolución de Elián, a quien
las bondadosas personas que le protegieron en
Miami no pudieron volverlo a ver, es uno
más dentro de los incontables episodios
de la guerra fría y las maniobras y
perfidias con que Washington se la
arregló para hacer colapsar el comunismo
pero, al mismo tiempo, mantener un permanente
estado de agitación en el hemisferio
occidental.