Jueves 7 de diciembre 2000


Historia de un diario
Marvin Galeas
Marvin@telemovil.com

Después del triunfo de la revolución, los sandinistas expropiaron el diario Novedades, que pertenecía a la familia Somoza. En lugar de Novedades comenzó a salir "Barricada", órgano oficial del Frente Sandinista de Liberación Nacional. El diario era dirigido por Carlos Fernando Chamorro Barrios, hijo del legendario Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director mártir del diario La Prensa.

Pedro Joaquín no era sandinista pero era antisomocista. Su lucha contra el dictador le costó la vida. A su vez, el asesinato de Pedro Joaquín provocó una indignación que se transformó en una insurrección que marcó el principio del fin del somozato. A Pedro Joaquín le sobrevivieron su esposa, doña Violeta, y sus hijos Pedro Joaquín, Cristiana, Claudia y Carlos Fernando. Los dos primeros fueron permanentes opositores del gobierno sandinista: Cristiana, desde el diario La Prensa, y Pedro Joaquín, que llegó a ser miembro del directorio de la oposición armada "La contra". Claudia y Carlos Fernando eran militantes sandinistas desde antes del triunfo de la revolución. Carlos Fernando, quien se había educado en Estados Unidos, trató de imprimirle a Barricada cierto aire de objetividad, desenfado y frescura. Pese a que era un órgano oficial, Barricada estaba lejos de parecerse al gris, aburrido y mentiroso Granma de los comunistas cubanos.

Después de que los sandinistas perdieran las elecciones, se armó todo un debate sobre el futuro de Barricada. A regañadientes los más radicales comandantes sandinistas aceptaron que el mencionado periódico dejara de ser órgano oficial y funcionara como una empresa privada, compitiendo limpiamente con los otros dos periódicos: La Prensa y El Nuevo Diario.

Barricada cambió de logotipo. En lugar del guerrillero disparando, apareció el sombrero de Sandino y una bandera nicaragüense. También cambió de eslogan. En lugar del necrofílico "Patria libre o morir" decía "Por los intereses nacionales". Fue por esos días de cambio cuando conocí a Carlos Fernando. Alto, Blanco y educado. A pesar de vestir con mucha sencillez se le notaba a leguas la aristocracia. Los Chamorro son en Nicaragua una especie de familia real. Me contó entusiasmado sobre los avances del proyecto de transformación de la empresa. Mientras lo escuchaba, en mi mente pensaba en el futuro de Radio Venceremos. Sería un mentiroso si dijera que la idea de convertir la Venceremos en una empresa privada fue exclusivamente de quien esto escribe. Pero mucho de lo que la emisora es, se inspiró en gran medida en lo que vi en Barricada. En ese mismo diario disfruté de la amistad de esa enorme periodista que es Sofía Montenegro, de ella aprendí mucho de lo poco que sé sobre este oficio de escribir. También tuve el privilegio de conocer a uno de los seres humanos más extraordinarios que he conocido en mi agitada vida: Pablo Cerna. Pablo era el periodista estrella de la revista Gente (suplemento de Barricada), que dirigía Sofía. Allí, cuando salí del frente de guerra, me hicieron un campito. Fueron, lo confieso, de los días más felices que he vivido. Estaba viendo la transformación de un órgano de partido en una empresa privada. Aprendía con Sofía y crecía en humanidad con Pablo. Además, tenía novia y ya no estaba en el frente de guerra.

Aunque Pablo era de izquierdas, le tenía alergia a las estructuras partidarias y al autoritarismo. Solía decir que la misión de la izquierda en el mundo era sitiar al poder pero jamás tomarlo, porque al tomarlo todo se arruinaba. Me encantaba Barricada en su nuevo formato. Carlos Fernando hablaba de balances informativos y de administrar las diferencias, en vez de objetividad. Pese a todo, Barricada era crítico al nuevo gobierno. La jefa del gobierno, doña Violeta, ¡era la mamá de Carlos Fernando!

Pero los comandantes defenestrados del poder vivían conspirando para sacar a Carlos Fernando de la dirección de Barricada. Incapaces de comprender a fondo la esencia de lo que es una empresa privada, con sus vicisitudes y angustias, y sobre todo, tratándose de un ex órgano oficial, demandaban, por un lado, más estilo panfletario en el diario y por otro, más ingresos para mantenerlo. Los comandantes, por no haber nunca generado ingresos que no fuera robando en el gobierno o desplumando a donantes extranjeros, no lograban entender que para administrar fondos hay que generarlos primero. Y generar fondos, es decir vender un producto, es la esencia y el éxito de una empresa privada.

Un día, de tristísima recordación para el periodismo, ese siniestro hombrecillo llamado Tomás Borge sacó a la fuerza a Carlos Fernando de Barricada. Los otros comandantes nombraron a Borge presidente de la junta directiva. Pusieron a dedo a Bayardo Arce como director. ¡Claro¡ Si pudieron con la guerra, cómo no iban a poder con el diario. ¿Acaso no eran ellos iluminados hombres de vanguardia? En pocos meses el diario quebró y los comandantes se quedaron en la soledad, peleándose las migajas de lo que fue Barricada.


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