Miércoles 6 de diciembre


Tema del momento
Dolarización igual a revolución
Joaquín Villalobos*

Oxford, Inglaterra. Reaccionario, palabra muy utilizada por la izquierda, es la persona opuesta a las innovaciones. Cuando la dirección del FMLN aceptó utilizar un programa de corte democrático occidental, quitó banderas a la derecha y tomó la iniciativa estratégica. Casi todas las reformas políticas del Acuerdo de Paz las propuso la izquierda y el gobierno de entonces fue el encargado de decir los no, poner los peros y plantear las dudas. Ahora está ocurriendo lo contrario, hay una transformación económica en marcha, la derecha le ha quitado banderas a la izquierda, ésta no propone nada nuevo y se encarga de decir los no, poner los peros y plantear las dudas.

Las conquistas democráticas de la izquierda están tan saludables que Fidel Castro, uno de los personajes menos accesibles para la prensa mundial, habló cuatro horas por la televisión salvadoreña, esto es un reconocimiento a nuestra libertad de expresión. Sin embargo, el tema fundamental del país es ahora la economía, y en esto la izquierda ha convertido el rechazo en estrategia. Sus ideas van desde un fundamentalismo antineoliberal hasta un proteccionismo similar al de los 60 o al más tradicional populismo.

Las remesas y la reforma agraria de los 80 transformaron, para bien y para siempre, la economía al acabar con el modelo agrario. Esas transformaciones coincidieron con la llamada globalización. Sin perspectivas para la agricultura, con un mercado regional en desarrollo, dólares de las remesas, democracia y un mundo globalizado, la renovación programática se volvió imperativa. La diferencia quedó así establecida en que para la derecha, lo social sería una consecuencia y para la izquierda, un propósito. Ambas tendrían los mismos instrumentos, pero quien los usara con mayor comodidad y conocimiento, estaría en ventaja.

Que algunos hablen de la dolarización de acuerdo con su interés inmediato y discutan sus detalles técnicos es comprensible. Sin embargo, la dolarización, más que ninguna otra medida, define quién tiene la iniciativa estratégica sobre el rumbo del país. En nuestro caso, la dolarización es incluso popular, tanto que el FMLN no se atrevió a votar en contra, sólo se abstuvo y dio con ello una aprobación indirecta. Pero el desconcierto intelectual y las sorpresas en materia económica podrían continuar, si no hay una reflexión de fondo sobre lo que ellos llaman neoliberalismo.

La izquierda debe ajustar sus ideas a lo que es la naturaleza humana y no la naturaleza humana a sus ideas. Esto es más justo, honesto y menos hipócrita que proponer una igualdad moral y materialmente insostenible. La economía de mercado debe ser aceptada, pero sin remordimientos ideológicos. La solidaridad como un valor común vendrá de un cambio cultural gradual y no de imponerlo o de promover la lucha entre pobres y ricos.

La globalización si la aprovechamos, es buena; si nos aislamos, es mala. El proteccionismo hace que los pobres compren caro lo que pueden comprar barato. El problema es crear empleos productivos ligados a lo que podemos vender bien, porque nadie nos pagará caro, lo que pueda comprar barato. Los empresarios son, entonces, el apoyo principal de la izquierda en la creación de empleos para los pobres y los mejores no son los que piden protección para vender adentro, sino los que quieren innovar para vender afuera. Los banqueros son el corazón del sistema, los nuestros son los mejores de la región, no son los empresarios más amados, pero es absurdo definirlos como enemigos.

El problema no es si el Estado es grande o pequeño, sino si es eficiente. Si la reducción del Ejército, la depuración de la Policía, la Fiscalía y la justicia, y la privatización de servicios públicos a través de las ONG's se aceptan, ¿por qué no pensar que salud, educación, energía y otros servicios pueden necesitar depuraciones y reformas? La privatización de las comunicaciones benefició a la gente. Defender el interés de los pobres es defender la calidad de los servicios públicos y no las prestaciones o los empleos de los que trabajan en el gobierno.

Las remesas familiares no son una deformación de la economía, sino una oportunidad. La historia de la humanidad es la historia de las migraciones por guerras, calamidades o búsqueda de oportunidades, hoy es de sur a norte, antes fue de norte a sur. Las remesas transformaron economías de países que hoy son desarrollados. Los trabajadores seguirán moviéndose por el mundo tanto como los capitales. Los países desarrollados se resisten a la migración, pero la necesitan por el envejecimiento y disminución de su población. No estamos siendo colonizados, somos nosotros los que estamos colonizando California.

El Impuesto al Valor Agregado (IVA) le da autonomía al Estado y permite mejores servicios. Modernización fiscal es romper la dependencia del Estado de los grandes contribuyentes. Esa dependencia nos hizo tener un Estado autoritario. Si la izquierda llegara al gobierno, el IVA sería su principal soporte para hacer política social sin tener conflictos con el poder económico. Sin avanzar en eficiencia del Estado y reducción de la corrupción, no es posible exigir más progreso en responsabilidad fiscal.

La maquila es beneficiosa porque traslada empleos de los países ricos a los países pobres. Buscan productividad a menos costo, no vienen a hacer beneficencia pública, pero que algunas exploten a la gente, no justifica oponerse a las maquilas como forma de industrialización. Los hoteles españoles en Cuba son maquila turística. Educar para elevar la productividad y dar ventajas a los inversionistas, terminará mejorando los derechos y salarios de los trabajadores. Los sindicatos de los países ricos, que antes fueron anticomunistas, no son en este caso los mejores aliados de la izquierda.

La dolarización es a la modernización económica, lo que las reformas al Ejército fueron a la democratización política. No es el todo, pero es el eje del cambio y el paso más importante en política monetaria desde la creación del Banco Central de Reserva, en 1934. Los dólares han sido patrimonio de los poderosos y sólo ellos disfrutaban sus ventajas, las remesas los llevaron a los más humildes. La dolarización y el IVA son irreversibles aunque la izquierda diga lo contrario, un gobierno de izquierda los necesitaría más que ningún otro. La integración monetaria es una propuesta de izquierda, rechazada por derechas nacionalistas. La izquierda salvadoreña debería asumir la modernización económica y no el nacionalismo. Ver fantasmas en esto, no sólo es ingenuo, sino reaccionario, la dolarización no es maniobra de banqueros, es una revolución económica monetaria producto del trabajo de los salvadoreños que viven en los Estados Unidos.


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