La
Nota del Día
28 de Noviembre de 2000
¡Si se tratara
sólo de robar!
Es espantable que para la diputada Rosario
Acosta "todos los empresarios son unos
ladrones", revelando una abismal
incomprensión de cómo opera una
sociedad libre. Empresarios ladrones los hay,
como también existen políticos
corruptos, médicos sinvergüenzas,
curas heréticos y madres
desnaturalizadas. Pero para subsistir y
prosperar, el quehacer empresarial se tiene que
ceñir a lo que es el orden legal de un
país, a la ética de un quehacer, y
a la moral que debe regirnos a todos.
La buena señora parte de un concepto
marxista: que los empresarios roban al
trabajador una parte de su esfuerzo, que
representa su ganancia. El fabricante que vende
camisas, y se lucra con ello, está
expoliando a cada uno de sus trabajadores
(piensan) una porción del valor que estos
agregan a las materias primas, a la
elaboración del tejido, etc. De la suma
de esos pequeños robos, según
Marx, es que surgen las ganancias.
Lo que no explica la teoría es por
qué las empresas más exitosas son
las que pagan mejor a sus trabajadores y tienen
los precios más bajos y superiores
servicios. Tampoco esas elucubraciones logran
explicar el papel de la innovación, del
diseño, del mercadeo, de la publicidad,
del ahorro que se consigue con el volumen (las
economías de escala), ni la influencia de
las marcas y la fidelidad del comprador. De
hecho, en las dictaduras socialistas no existe
la publicidad ni se identifican los
artículos por sus marcas, ya que hay un
único productor, que es el gobierno.
¡Vosotros, publicistas, sólo
tenéis vuestros empleos que perder, de
triunfar la revolución!
Si se tratara únicamente de explotar a
los trabajadores y robar a los clientes,
¿por qué motivos es que unas
empresas salen adelante y otras sucumben?
¿Cuál es la razón de que
grandes empresas comienzan a hundirse, mientras
otras pequeñas van subiendo hasta
reemplazarlas? De acuerdo con la teoría
marxista, la buena o mala administración
no tendría que hacer diferencia entre el
éxito y el fracaso.
Tampoco la teoría explica por
qué una empresa puede estar fracasando,
pero al cambiar de dueños o
administradores, comienza a prosperar aunque
sigan en sus mismas plantas y cuenten con los
mismos empleados. Inclusive prosperan
después que los nuevos dueños
bajan precios y suben salarios, demostrando que
no sólo se trata de robarle al trabajador
y robarle al cliente.
Sólo los mercados
libres generan prosperidad
¿Cuál es, en esto, el papel de la
competencia? Ya hubo un diputado que dijo que en
El Salvador "no había competencia",
ignorando la clase de guerra abierta que hay en
la mayoría de actividades, desde los
salones de belleza hasta los vendedores de
repuestos de automóviles. Supongase que,
en efecto, un empresario está robando a
sus trabajadores y, además, robando a sus
clientes. Casi de inmediato surgirán
pequeñas empresas que robarán un
tanto menos, para así ganar mercado y
atraer a los mejores trabajadores, experiencia
esta por la que pasan decenas de miles de
empleados cada año: que dejan un puesto
para irse donde les pagan más o gozan de
superiores prestaciones. Al poco tiempo los
excesos se corrigen y cada quien (empleados y
empresarios) recibe ingreso y ganancia de
acuerdo con sus esfuerzo y capacidad. El mercado
libre es el gran igualizador, el más
justo de los jueces y el único que genera
prosperidad.