Vaivén
El día que decidiste marcharte me
reventaste literalmente el corazón, te
fuiste con uno de tus acostumbrados vestidos
rojos prometiéndome no volver nunca
más
pero como regresaste al
día siguiente, arrepentida, la
alegría volvió a mi y te
abracé y apreté fuerte
jurándote que nunca te iba a dejar ir,
pero esa misma madrugada, me despertó el
portazo que diste al marcharte de nuevo y
entré en un nuevo desconsuelo.
Por Daniel
Rucks del Bo
La
mañana de ese mismo día
regresaste, diciendo que ésta era tu
casa, tu hogar. Y que no me ibas a abandonar
nunca más, pero veinte minutos más
tarde, reeempacaste tu maleta, y te fuiste
diciendo adiós para siempre, te subiste a
un taxi por la puerta derecha y te bajaste por
la izquierda, y bajaste las maletas del taxi
diciéndome que ya estabas de vuelta y
arrepentida, yo abracé tu estampa y me
envolví en el aura de uno de tus
múltiples vestidos rojos y tomé
tus maletas para que volvieras a entrar a
casa
De pronto ya no supe qué hacer con esa
presencia y ausencia enfervorizada, tu vestido
rojo era un solo entrar y salir, y yo me
quedé sentado en la sala viéndote
abandonarme y volver a mi, pero ya sin el tiempo
para abrazarte siquiera, ni decir una palabra,
porque tus idas y venidas duraban ya menos de
dos o tres segundos.
Hasta el extremo que lo que me fue quedando
de ti fue una mancha roja, lo único que
alcancé a ver fue una gran aureola roja a
lo largo del corredor producto de tus entradas y
venidas.
Y esto duró más de tres
días en los que yo fui incapaz de moverme
del sillón de la sala y observar el
fenómeno de tu abandonarme y volver a mi,
incesantemente, día y noche, hasta que la
mancha roja se fue reduciendo de
tamaño.
Entonces creo que me quedé dormido, y
vino la señora de la limpieza que viene
los martes y sábados, y al ver la mancha
roja le pasó el trapeador encima sin que
yo me diera cuenta, y al despertarme la mancha
que eras tú ya no estaba y le
pregunté a la señora y me dijo "no
se preocupe, que es mi trabajo señor" y
aquí me quedé sentado, sin
entender nada
Y lo que es peor sin saber a qué
alcantarilla fue a parar, el secreto de tu
inquieto corazón
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