Martes 5 de diciembre 2000


Vaivén

El día que decidiste marcharte me reventaste literalmente el corazón, te fuiste con uno de tus acostumbrados vestidos rojos prometiéndome no volver nunca más… pero como regresaste al día siguiente, arrepentida, la alegría volvió a mi y te abracé y apreté fuerte jurándote que nunca te iba a dejar ir, pero esa misma madrugada, me despertó el portazo que diste al marcharte de nuevo y entré en un nuevo desconsuelo.

Por Daniel Rucks del Bo

La mañana de ese mismo día regresaste, diciendo que ésta era tu casa, tu hogar. Y que no me ibas a abandonar nunca más, pero veinte minutos más tarde, reeempacaste tu maleta, y te fuiste diciendo adiós para siempre, te subiste a un taxi por la puerta derecha y te bajaste por la izquierda, y bajaste las maletas del taxi diciéndome que ya estabas de vuelta y arrepentida, yo abracé tu estampa y me envolví en el aura de uno de tus múltiples vestidos rojos y tomé tus maletas para que volvieras a entrar a casa…

De pronto ya no supe qué hacer con esa presencia y ausencia enfervorizada, tu vestido rojo era un solo entrar y salir, y yo me quedé sentado en la sala viéndote abandonarme y volver a mi, pero ya sin el tiempo para abrazarte siquiera, ni decir una palabra, porque tus idas y venidas duraban ya menos de dos o tres segundos.

Hasta el extremo que lo que me fue quedando de ti fue una mancha roja, lo único que alcancé a ver fue una gran aureola roja a lo largo del corredor producto de tus entradas y venidas.

Y esto duró más de tres días en los que yo fui incapaz de moverme del sillón de la sala y observar el fenómeno de tu abandonarme y volver a mi, incesantemente, día y noche, hasta que la mancha roja se fue reduciendo de tamaño.

Entonces creo que me quedé dormido, y vino la señora de la limpieza que viene los martes y sábados, y al ver la mancha roja le pasó el trapeador encima sin que yo me diera cuenta, y al despertarme la mancha que eras tú ya no estaba y le pregunté a la señora y me dijo "no se preocupe, que es mi trabajo señor" y aquí me quedé sentado, sin entender nada …

Y lo que es peor sin saber a qué alcantarilla fue a parar, el secreto de tu inquieto corazón …

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