Martes 5 de diciembre


Tomando la palabra
Organo en desprestigio
Ricardo Rivas*
E-mail: ricardorivas@elsalvador.com

A ciertos diputados les encanta jugar con la paciencia e inteligencia de la gente. Del Artículo 125 de la Constitución Política parecen preferir la parte aquella en que se advierte que los diputados "..no están ligados por ningún mandato imperativo. Son inviolables, y no tendrán responsabilidad en tiempo alguno por las opiniones o votos que emitan". Lo que la Carta Magna plasma como un derecho para que los congresistas se desprendan de intereses de grupos, personas y partidos -ni siquiera al mismo que pertenecen- y sólo respondan al pueblo que les eligió, pareciese ser interpretado por algunos, como un cheque en blanco que les autoriza hacer de la desfachatez, su carta de ciudadanía.

Pese a que en la campaña pasada todos los partidos políticos exhibieron una plétora de promesas, dirigidas a vencer la indiferencia de la gente hacia las elecciones, comprometiéndose a mejorar la idoneidad de sus candidatos y a centrar sus actuaciones en el interés público, la cacaraqueada transformación jamás llegó. Lejos de eso, el primer Órgano del Estado en El Salvador se ha convertido en el primer órgano del desprestigio. Para muestra, uno de los tantos botones que adornan la reputación de la presente legislatura: "Yo voto en contra del desafuero porque diputado voy a ser sólo por un tiempo y amigo de Chico Merino, lo seré toda la vida". ¡Monumental respuesta la del diputado William Martínez, del PAN! Semejante juicio de valor que raya entre la ñoñería mental y la "cantinflada" -con el perdón de don Mario-, matiza claramente el grado de cinismo y "frescura" con el que se manejan algunos padres de la patria.

Porque toda generalización es, en sí misma, absurda y porque la presente legislatura cuenta también con políticos de sobrada capacidad que merecen el respeto de todos nosotros, convendría evidenciar y combatir a dos de los grandes aliados de la irresponsabilidad y el irrespeto en materia legislativa: el sistema político de la representación proporcional y la corta memoria de los salvadoreños.

El primero -fundamentado en una supuesta representatividad cada día más difícil de medir- carece de un mecanismo de rendición de cuentas que permita a los diputados responder a sus electores y no necesariamente a intereses particulares o grupales. Para el caso, si los diputados únicamente responden al guiñón de ojo que les pega su jefe de fracción y las bancadas votan consuetudinariamente en bloque, ¿para qué 84 diputados? ¿No sería más lógico -y más barato- un representante por partido que sentara la posición en nombre de todos? Sé que el análisis puede sonar simplista, pero en el fondo no lo es. En un país donde más de la mitad de la población vive en condiciones infrahumanas, ¿qué sentido tiene estar manteniendo a tanto diputado que, una vez en la curul, se olvida de su pueblo, de su villa, de su cantón? Obstinarse a mantener este moribundo sistema, lejos de fortalecer la democracia, atenta contra ella y contra la institucionalidad de los partidos. Distinto es contar con 84 diputados -ó 60, como proponía el diputado Parker- sujetos a mecanismos permanentes de rendición de cuentas, que respondan de manera concreta y responsable a las exigencias de sus electores. Así, sí tiene valor el voto de la gente.

Además, al observar cómo funciona nuestro actual sistema de representación proporcional, también podemos advertir con facilidad cómo partidos que son o deberían ser minúsculos, con pobre representación y, aún más, paupérrimas propuestas, están haciendo de la política una empresa. Esto, la población ya lo advirtió.

Y por último: nuestra corta memoria histórica es un aliado que, por lo general, da confianza a los mediocres. Conviene que los ciudadanos hagamos un esfuerzo por mantener frescas en nuestra mente las posiciones más importantes de los partidos, para así premiar o castigar a quienes, con su trabajo y sus políticas, favorecen o desfavorecen a la mayoría de los salvadoreños.

La semana pasada hablábamos de la reacción en cadena que ha comenzado a contagiar positivamente al país; es preciso que ésta llegue pronto a la Asamblea Legislativa antes de que el desencanto y la incredulidad cedan el paso a otras formas de populismos o caudillismos aberrantes. Sabemos de los graves problemas que ahí adolecen, pero también sabemos del esfuerzo que muchos de los diputados, técnicos, asesores y empleados del primer Órgano del Estado realizan para cumplir responsablemente con su deber. Si generalizar es un absurdo, la indolencia frente a lo absurdo justifica la generalización.

Ellos mismos tienen en sus manos la evolución que la gente les pide a gritos.


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