La
Nota del Día
¡Qué tristeza!
La viven robando
Si robar fuera la fórmula, los
bandoleros más grandes serían
también los empresarios más
exitosos, pero las realidades son otras. La
gente busca los establecimientos más
honestos, con los mejores precios y los que
responden por sus ventas y servicios
Que los empresarios "son todos unos
ladrones", afirmó la diputada
efemelenista Rosario Acosta durante una
discusión en el seno de las comisiones
legislativas, lo que mereció la protesta
de la diputada Milena Calderón de
Escalón. Sólo Dios sabe qué
suerte de experiencias, frustraciones, celos o
malas ideas llevan a la diputada a pensar
así de los empresarios, especie que
abarca desde los pequeños transportistas
y vendedores, hasta los propietarios de "los
grandes monopolios".
La diputada haría bien en aclarar por
qué se expresa así, como lo mismo
pediríamos de alguien que sostenga que
"todos los guerrilleros son asesinos" o que "los
médicos son parcheros". Considerando que
en esta viña del Señor hay gente
buena y gente mala, no puede suponerse que los
de una especie se han agrupado de un lado
(empresarios ladrones) y los de la otra, del
lado opuesto (los clientes víctimas).
Cuando la ilustre diputada va donde su
médico, le arreglan el pelo en el
salón, compra un par de zapatos y sale a
cenar a su restaurante chino favorito, lo que
tendría que ser una experiencia
tranquila, normal y agradable, se transforma en
un acto de tensión absoluta: ¡Me
están robando! El médico le saca
los ojos, en el salón la estafan, pudo
conseguir a más bajo precio sus zapatos y
nadie sabe la clase de comida que le sirven los
chinos. Puro robo, engaño,
desvalijamiento, asalto inmisericorde.
Lo del empresario ladrón es un
concepto de la más pura cepa marxista.
Para Marx, la propiedad es un robo y los pobres
son "desposeídos". Un inventor que hace
dinero con sus ideas, o el empleado que compra
vivienda con sus ahorros, no quedan mejor
parados. Si "a cada quien según sus
necesidades", el que ahorra está robando
lo que no es suyo, pues "no lo necesitaba". Por
ello ni en la despachurrada Unión
Soviética ni en el "territorio libre de
Cuba" existen bancos o cuentas de ahorros. Vayan
pensando los salvadoreños lo que espera a
sus ahorros, sus casas, sus negocios, sus
clínicas, sus relojes y sus cadenas de
oro, de llegar los revolucionarios al poder. Hay
que ver cómo dejaron a Nicaragua.
Prospera el eficiente, no el
ladrón
Volvamos al salón de belleza, los que,
por cierto, no existen en los países
socialistas, por aquello de la igualdad de los
dos sexos. No sabemos de ningún
salón, que no sea producto de la
iniciativa, los esfuerzos y la perseverancia de
sus dueños, lo que puede decirse de la
mayoría de empresas en El Salvador.
Ningún salón comenzó en
grande, sino que fueron creciendo hasta llegar a
lo que son hoy en día. Y siendo sus
precios muy similares, la diferencia entre los
exitosos y los que apenas sobreviven no estriba
en que unos roban más a sus clientes,
sino en la calidad de los servicios y la
creatividad de sus peluqueros y maquilladores.
El salón que es muy limpio, que conoce
los gustos de sus clientes, que trata de mejorar
constantemente la atención que brinda, es
el que prospera.
Si robar fuera la fórmula, los
bandoleros más grandes serían
también los empresarios más
exitosos, pero las realidades son otras. La
gente busca los establecimientos más
honestos, con los mejores precios y los que
responden por sus ventas y servicios. La
diputada haría bien en bajar del
cerro.