Martes 5 de diciembre


La Nota del Día
 

¡Qué tristeza! La viven robando

Si robar fuera la fórmula, los bandoleros más grandes serían también los empresarios más exitosos, pero las realidades son otras. La gente busca los establecimientos más honestos, con los mejores precios y los que responden por sus ventas y servicios

Que los empresarios "son todos unos ladrones", afirmó la diputada efemelenista Rosario Acosta durante una discusión en el seno de las comisiones legislativas, lo que mereció la protesta de la diputada Milena Calderón de Escalón. Sólo Dios sabe qué suerte de experiencias, frustraciones, celos o malas ideas llevan a la diputada a pensar así de los empresarios, especie que abarca desde los pequeños transportistas y vendedores, hasta los propietarios de "los grandes monopolios".

La diputada haría bien en aclarar por qué se expresa así, como lo mismo pediríamos de alguien que sostenga que "todos los guerrilleros son asesinos" o que "los médicos son parcheros". Considerando que en esta viña del Señor hay gente buena y gente mala, no puede suponerse que los de una especie se han agrupado de un lado (empresarios ladrones) y los de la otra, del lado opuesto (los clientes víctimas). Cuando la ilustre diputada va donde su médico, le arreglan el pelo en el salón, compra un par de zapatos y sale a cenar a su restaurante chino favorito, lo que tendría que ser una experiencia tranquila, normal y agradable, se transforma en un acto de tensión absoluta: ¡Me están robando! El médico le saca los ojos, en el salón la estafan, pudo conseguir a más bajo precio sus zapatos y nadie sabe la clase de comida que le sirven los chinos. Puro robo, engaño, desvalijamiento, asalto inmisericorde.

Lo del empresario ladrón es un concepto de la más pura cepa marxista. Para Marx, la propiedad es un robo y los pobres son "desposeídos". Un inventor que hace dinero con sus ideas, o el empleado que compra vivienda con sus ahorros, no quedan mejor parados. Si "a cada quien según sus necesidades", el que ahorra está robando lo que no es suyo, pues "no lo necesitaba". Por ello ni en la despachurrada Unión Soviética ni en el "territorio libre de Cuba" existen bancos o cuentas de ahorros. Vayan pensando los salvadoreños lo que espera a sus ahorros, sus casas, sus negocios, sus clínicas, sus relojes y sus cadenas de oro, de llegar los revolucionarios al poder. Hay que ver cómo dejaron a Nicaragua.

Prospera el eficiente, no el ladrón

Volvamos al salón de belleza, los que, por cierto, no existen en los países socialistas, por aquello de la igualdad de los dos sexos. No sabemos de ningún salón, que no sea producto de la iniciativa, los esfuerzos y la perseverancia de sus dueños, lo que puede decirse de la mayoría de empresas en El Salvador. Ningún salón comenzó en grande, sino que fueron creciendo hasta llegar a lo que son hoy en día. Y siendo sus precios muy similares, la diferencia entre los exitosos y los que apenas sobreviven no estriba en que unos roban más a sus clientes, sino en la calidad de los servicios y la creatividad de sus peluqueros y maquilladores. El salón que es muy limpio, que conoce los gustos de sus clientes, que trata de mejorar constantemente la atención que brinda, es el que prospera.

Si robar fuera la fórmula, los bandoleros más grandes serían también los empresarios más exitosos, pero las realidades son otras. La gente busca los establecimientos más honestos, con los mejores precios y los que responden por sus ventas y servicios. La diputada haría bien en bajar del cerro.


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