Sábado 30 de diciembre 2000

























Evangelio para domingo

San Lucas 2, 41-52

"Estábamos angustiados"

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de Pascua. Cuando Jesús cumplió los doce años subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser. Al terminar los días de la fiesta regresaron, pero el Niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran.

Seguros de que estaba con la caravana de vuelta caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo entre sus parientes y conocidos. Como no lo encontraron volvieron a Jerusalén en su búsqueda.

Al tercer día lo hallaron en el templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas.

Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su Madre le decía: "Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos".

Él les contestó: "¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre?".

Pero ellos no comprendieron esta respuesta.

Jesús entonces regresó con ellos, llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndoles. Su Madre, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón.

Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, ante Dios y ante los hombres.

Jesús: crece en estatura, sabiduría y gracia

"Cuando tuvo doce años..."

El Evangelio de Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos.

El Niño los desconcierta permaneciendo por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. Su presencia entre los maestros de la Ley es activa: escucha, pregunta y responde inteligentemente; que no sólo sorprende a sus padres quedándose en la ciudad, sino también a todos los interlocutores que estaban alrededor de Él.

"Le encontraron en el templo..."

El templo no se puede entender sólo como un edificio, sino como "expresión de la voluntad del Padre en torno a sus hijos"; de esto nos da testimonio el relato de hoy.

María y José, al encontrar a su Hijo entablan un diálogo difícil: ¿Por qué nos has hecho esto? Una pregunta angustiosa... Y las respuestas sorpresivas: ¿Por qué me buscaban?, ¿no sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?

Las primeras palabras de Jesús en todo el Evangelio son para referirse al Padre.

La fe, la confianza supone un itinerario. María y José, como creyentes, maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se irán haciendo más claras poco a poco: "Ella guardaba todo esto en el corazón...".

"Progresaba en sabiduría, estatura y en gracia..."

Aun consciente de su identidad y la misión que tenía sobre sus espaldas, Jesús se adecua a las circunstancias de su entorno y con docilidad abre su corazón a la Voluntad de su Padre. En su familia obedecía en todo, gozaba del favor de su Padre celestial y de quienes lo rodeaban...

"Y nosotros..."

La meditación de María le permite ahondar en el sentido de la misión de su Hijo Jesús. Su particular cercanía a Él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de las decisiones divinas.

María debe también reconocer los signos del Mesías; José y María, al igual que Jesús, debían crecer en gracia y en sabiduría. También nosotros, por cierto. ¡Qué oferta tan alentadora para iniciar un nuevo año!

¡Feliz año 2001 para todos!

Sixto Alfonso Flores, Sdb



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