Viernes 29 de diciembre 2000

























Cuando el corazón hace "crack"

La adicción al "crack" (un derivado de la cocaína) u otro tipo de drogas puede causar severos daños en el corazón y en otros órganos e incluso puede provocar la muerte, por lo que es mejor mantenerse al margen de este mal.

Ricardo Guevara
El Diario de Hoy
Fotos EDH/Archivo

A sus 18 años, Carlos tiene el corazón literalmente destrozado por los golpes que le ha dado la vida y por los estragos que le ha ocasionado el "crack" en su cuerpo.

Aunque solo tiene un año de ser adicto a las drogas, ha sufrido dos infartos, tiene problemas con la visión y presenta varias secuelas en su organismo producto del vicio.

Sin ningún familiar que le dé consuelo, quedo huérfano desde que era niño, se dedica a deambular por las calles y avenidas de San Salvador pidiendo limosna para poder alimentarse y comprar algunas piedras de la droga.

Casos como el de Carlos existen muchos en todo el país, jóvenes que se han internado en el mundo de las drogas y que viven a un paso de la muerte debido a su peligrosa adicción.

Según el médico cardiólogo Manuel Orlando Cabrera Candray, desde la primera ocasión que se prueba cocaína y "crack", estas sustancias pueden provocar un aumento en la frecuencia cardiaca (taquicardia) y subir la presión arterial, entre otras secuelas.

"Basta con una vez que se use esta droga para que aumente en 28 veces la posibilidad de que se tenga un infarto agudo al miocardio o de padecer severas lesiones al corazón", afirma el doctor Candray, quien además dice que si se vuelve constante su uso, el adicto puede morir súbitamente de problemas cardiacos o sufrir de derrames cerebrales.

La mayoría de personas adictas casi siempre presenta problemas cardiacos, los cuales son irreversibles, además de que provoca el aumento del tamaño del corazón, lo que puede ocasionar una disminución en la capacidad de bombear sangre al organismo, provocando la muerte.

Un problema costoso

Según datos de la Fundación Antidrogas de El Salvador (FUNDASALVA), en los últimos años la edad promedio de los adolescentes que empiezan a consumir drogas oscila entre los 13 y los 18 años, y cada día más jóvenes se ven expuestos a este mal.

Hace algunos años, la adicción al "crack" era considerada un vicio exclusivo de personas con alto poder adquisitivo, pero en la actualidad, este producto puede ser adquirido a muy bajo precio (hay porciones a partir de los cinco colones).

Con base a una investigación efectuada en 1998 por FUNDASALVA, el Ministerio de Salud y la Organización Alemana GTZ, con una muestra de 586 personas, en un período de siete días, se detectó que un 61 por ciento había consumido alcohol en las seis horas anteriores a su ingreso en las unidades de emergencia (hospitales públicos de San Salvador, Santa Tecla e Ilopango).

Un nueve por ciento había probado marihuana, otro nueve por ciento "crack", seis por ciento tranquilizantes, cinco pega y un cuatro por ciento otros productos derivados de la cocaína.

A pesar de los esfuerzos que realizan instituciones como FUNDASALVA, que cada año atiende un promedio de 400 casos (se presentan de forma voluntaria), aún falta mucho camino por recorrer, ya que cada día que pasa, mas jóvenes ponen en riesgo su salud, solo por obtener unos minutos de falsa alegría y diversión.

Efectos devastadores

Alcohol: es una droga depresora que se encuentra en el vino, la cerveza, el aguardiente y algunos medicamentos; puede causar cirrosis y todo tipo de alucinaciones

Marihuana: es una hierba consumida como tabaco, que altera los ánimos, aumenta los latidos del corazón, afecta la memoria, la coordinación y puede producir angina de pecho y cáncer.

Cocaína: es un polvo blanco que se inhala por la nariz o a través de inyecciones en las venas; acelera los latidos del corazón, causa ansiedad, temblores, sudoración, infartos y puede provocar la muerte.

Anfetaminas: casi siempre se presentan en forma de pastillas o inyecciones que, por lo general, son usadas para adelgazar. Entre algunos de los síntomas que pueden causar se encuentran falta de sueño, apetito, depresión y un aumento de la actividad de los sentidos.



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