Viernes 29 de diciembre 2000


Tomando la palabra
El jubileo de los políticos
Carmen Gallardo de Hernández*

El año 2000 ha marcado cambio de milenio y cambio de siglo. Hemos escuchado las inquietudes de la humanidad, en torno al cambio de milenio y de los nuevos retos. Asimismo hemos presenciado las vehementes manifestaciones de una humanidad sedienta de justicia y paz.

Para los católicos ha sido un año jubilar. Su Santidad Juan Pablo II ha convocado a lo largo del año en Roma, a representantes de la familia, a jóvenes, artistas, parlamentarios y gobernantes, entre otros. Para todos, ha habido un mensaje de aliento y un llamado al compromiso con los valores y la sociedad.

Al iniciar el nuevo milenio la humanidad parece anhelar en la función pública, la reafirmación de ciertos valores entre ellos, la ética, el sentido de servicio, justicia y tolerancia. Aspira a encontrar entre los dirigentes políticos, modelos de conducta que inspiren y orienten a la ciudadanía.

Este comienzo de milenio y de siglo se caracteriza entre otras cosas, por la ausencia de políticos con proyectos para la mayoría. Nos desilusionamos cuando los medios de comunicación masiva nos presentan a los políticos como hombres con la conciencia eclipsada y la ética dormida que tienden con frecuencia, a privilegiar sus propios intereses.

No obstante, a través de la historia hemos conocido hombres y mujeres que han sabido anteponer la conciencia y han defendido con audacia y tenacidad la integridad de la función pública, actuando con ética y coherencia.

Por eso en esta ocasión, deseamos detenernos en torno a la iniciativa impulsada por un hombre cuya vida ha sido dedicada a la política, nos referimos a Francesco Cossiga, ex Presidente de la República italiana. Habiendo participado en reflexiones acerca del papel de los políticos hoy día, decidió someter ante Su Santidad el Papa Juan Pablo II la petición formal de que Tomás Moro &emdash;hombre público, santificado por la Iglesia Católica&emdash; sea proclamado patrono de los políticos. La solicitud ha sido acompañada por varios cientos de cartas de adhesión, firmadas por numerosas personalidades procedentes de países y coloraciones políticas diferentes.

Nos gustaría saber si algún político salvadoreño se unió a esta interesante iniciativa, puesto que somos un país en búsqueda de un nuevo perfil para los funcionarios públicos el Siglo XXI.

Trascendió en Roma que mandatarios y ex presidentes de Chile, Colombia, Confederación Helvética, Principado de Mónaco y Portugal, Polonia entre otros, apoyaron la petición la cual señala: Que Tomás Moro "fue un mártir de la libertad en el sentido moderno, porque se opuso a la pretensión del poder de dominar sobre las conciencias, tentación perenne de los sistemas políticos... Santo Tomás dio la vida por defender una Iglesia libre del dominio del Estado... Defendió también la libertad y el predominio de la conciencia del ciudadano de cara al poder civil".

La presentación oficial del nuevo patrón tuvo lugar durante el Jubileo de los Gobernantes y los Parlamentarios el cual congregó en Roma, a finales de este año jubilar, a doce mil políticos procedentes de noventa y cinco países.

Este encuentro ha sido ciertamente un acto de piedad personal para ellos y al mismo tiempo un acto político. En efecto, el paso por la Puerta Santa y el reconocimiento de que se necesita dotar a la función pública de un nuevo código de conducta, fueron dos manifestaciones públicas de quienes participaron.

En las intervenciones del secretario general de la ONU, Kofi Annan; del ex presidente soviético, Mijail Gorbachev, han resonado palabras frecuentemente retomadas en los discursos políticos, pero que desafortunadamente han perdido el verdadero sentido para algunos funcionarios. Nos referimos a: "bien común" "servicio" "ética".

El Papa Juan Pablo II, portavoz por excelencia de las esperanzas de la humanidad, en este nuevo milenio, ha exhortado a los políticos a mostrarse responsables y coherentes en el momento de legislar, sin por tanto renegar de sus principios.

La coherencia que demostró Moro es la causa de su martirio -el Rey Enrique VII de Inglaterra lo mando a decapitar siendo Canciller del Reino-. Asimismo, la constante defensa de sus creencias y valores lo coloca en un lugar privilegiado de la política, a través de la Historia. Su comportamiento en la vida pública sobresale aún más que su talla humanista. No quiso aprobar los proyectos de escisión de la Iglesia y del Estado. Recordemos que el Acta de Supremacía proclamó al rey y a sus sucesores cabeza de la Iglesia en Inglaterra -lo cual se ha mantenido hasta la fecha-. Y el Acta de Sucesión anuló el primer matrimonio de Enrique VII.

Por ello en el motu propio del Papa Juan Pablo II por el que se proclama patrono de los políticos a Santo Tomás Moro, se puede leer: "Es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral".

He aquí un servidor público, mártir de la coherencia que bien pudiera inspirar a nuestros políticos en el momento de actuar y de tomar decisiones.

No podemos negar que una gran tarea pendiente, al iniciar el nuevo milenio, es devolverle a la política salvadoreña el sentido de ética, de servicio y de bien común. Dignificar la función pública en nuestro país es pieza clave para crear futuro.

¡Que crezca la esperanza y el bienestar para nuestros amigos lectores en el año nuevo!


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