- Tomando
la palabra
- El jubileo de los
políticos
- Carmen
Gallardo de Hernández*
El año 2000 ha marcado cambio de
milenio y cambio de siglo. Hemos escuchado las
inquietudes de la humanidad, en torno al cambio
de milenio y de los nuevos retos. Asimismo hemos
presenciado las vehementes manifestaciones de
una humanidad sedienta de justicia y paz.
Para los católicos ha sido un
año jubilar. Su Santidad Juan Pablo II ha
convocado a lo largo del año en Roma, a
representantes de la familia, a jóvenes,
artistas, parlamentarios y gobernantes, entre
otros. Para todos, ha habido un mensaje de
aliento y un llamado al compromiso con los
valores y la sociedad.
Al iniciar el nuevo milenio la humanidad
parece anhelar en la función
pública, la reafirmación de
ciertos valores entre ellos, la ética, el
sentido de servicio, justicia y tolerancia.
Aspira a encontrar entre los dirigentes
políticos, modelos de conducta que
inspiren y orienten a la ciudadanía.
Este comienzo de milenio y de siglo se
caracteriza entre otras cosas, por la ausencia
de políticos con proyectos para la
mayoría. Nos desilusionamos cuando los
medios de comunicación masiva nos
presentan a los políticos como hombres
con la conciencia eclipsada y la ética
dormida que tienden con frecuencia, a
privilegiar sus propios intereses.
No obstante, a través de la historia
hemos conocido hombres y mujeres que han sabido
anteponer la conciencia y han defendido con
audacia y tenacidad la integridad de la
función pública, actuando con
ética y coherencia.
Por eso en esta ocasión, deseamos
detenernos en torno a la iniciativa impulsada
por un hombre cuya vida ha sido dedicada a la
política, nos referimos a Francesco
Cossiga, ex Presidente de la República
italiana. Habiendo participado en reflexiones
acerca del papel de los políticos hoy
día, decidió someter ante Su
Santidad el Papa Juan Pablo II la
petición formal de que Tomás Moro
&emdash;hombre público, santificado por
la Iglesia Católica&emdash; sea
proclamado patrono de los políticos. La
solicitud ha sido acompañada por varios
cientos de cartas de adhesión, firmadas
por numerosas personalidades procedentes de
países y coloraciones políticas
diferentes.
Nos gustaría saber si algún
político salvadoreño se
unió a esta interesante iniciativa,
puesto que somos un país en
búsqueda de un nuevo perfil para los
funcionarios públicos el Siglo XXI.
Trascendió en Roma que mandatarios y
ex presidentes de Chile, Colombia,
Confederación Helvética,
Principado de Mónaco y Portugal, Polonia
entre otros, apoyaron la petición la cual
señala: Que Tomás Moro "fue un
mártir de la libertad en el sentido
moderno, porque se opuso a la pretensión
del poder de dominar sobre las conciencias,
tentación perenne de los sistemas
políticos... Santo Tomás dio la
vida por defender una Iglesia libre del dominio
del Estado... Defendió también la
libertad y el predominio de la conciencia del
ciudadano de cara al poder civil".
La presentación oficial del nuevo
patrón tuvo lugar durante el Jubileo de
los Gobernantes y los Parlamentarios el cual
congregó en Roma, a finales de este
año jubilar, a doce mil políticos
procedentes de noventa y cinco
países.
Este encuentro ha sido ciertamente un acto de
piedad personal para ellos y al mismo tiempo un
acto político. En efecto, el paso por la
Puerta Santa y el reconocimiento de que se
necesita dotar a la función
pública de un nuevo código de
conducta, fueron dos manifestaciones
públicas de quienes participaron.
En las intervenciones del secretario general
de la ONU, Kofi Annan; del ex presidente
soviético, Mijail Gorbachev, han resonado
palabras frecuentemente retomadas en los
discursos políticos, pero que
desafortunadamente han perdido el verdadero
sentido para algunos funcionarios. Nos referimos
a: "bien común" "servicio"
"ética".
El Papa Juan Pablo II, portavoz por
excelencia de las esperanzas de la humanidad, en
este nuevo milenio, ha exhortado a los
políticos a mostrarse responsables y
coherentes en el momento de legislar, sin por
tanto renegar de sus principios.
La coherencia que demostró Moro es la
causa de su martirio -el Rey Enrique VII de
Inglaterra lo mando a decapitar siendo Canciller
del Reino-. Asimismo, la constante defensa de
sus creencias y valores lo coloca en un lugar
privilegiado de la política, a
través de la Historia. Su comportamiento
en la vida pública sobresale aún
más que su talla humanista. No quiso
aprobar los proyectos de escisión de la
Iglesia y del Estado. Recordemos que el Acta de
Supremacía proclamó al rey y a sus
sucesores cabeza de la Iglesia en Inglaterra -lo
cual se ha mantenido hasta la fecha-. Y el Acta
de Sucesión anuló el primer
matrimonio de Enrique VII.
Por ello en el motu propio del Papa Juan
Pablo II por el que se proclama patrono de los
políticos a Santo Tomás Moro, se
puede leer: "Es venerado como ejemplo
imperecedero de coherencia moral".
He aquí un servidor público,
mártir de la coherencia que bien pudiera
inspirar a nuestros políticos en el
momento de actuar y de tomar decisiones.
No podemos negar que una gran tarea
pendiente, al iniciar el nuevo milenio, es
devolverle a la política
salvadoreña el sentido de ética,
de servicio y de bien común. Dignificar
la función pública en nuestro
país es pieza clave para crear
futuro.
¡Que crezca la esperanza y el bienestar
para nuestros amigos lectores en el año
nuevo!