Miércoles 27 de diciembre


A veces parece un circo...

Algunas veces la vida se parece mucho a un circo. De vez en cuando aparece el malabarista, ese a quien le gusta jugar con los sentimientos ajenos, los tira, los agarra en el aire, pero una que otra vez deja caer alguno... Agarra las bolas y... aquí no ha pasado nada...

Por Janet Cienfuegos O.

"Todos somos espectadores y protagonistas al mismo tiempo. Lo más importante es que nuestra función siga haciendo feliz a mucha gente, aunque corramos a veces peligro, aunque trabajemos con frecuencia sin red" (Antonio Porpetta).

Hay personas -seguro que usted conoce a muchas- a quienes les encanta trabajar sin red, se emocionan ante el peligro y lo buscan incansablemente, porque el peligro, que puede aparecer disfrazado de muchas formas, les hace sentir vivos, aunque eso implique poner en vilo a quienes les quieren y se preocupan por ellos.

De vez en cuando es Janet quien se viste de malabarista y tira sus palos al aire, algunos caen, los recoge y sigue la función...

"La cuerda floja nos espera: vamos a superar todo su miedo. Y sepamos ver la vida desde lo alto del trapecio, libres, solidariamente solos, con la clara hermosura de la perspectiva", me encantó esto que escribió el poeta español, porque yo misma me he sentido no una sino mil veces en la cuerda floja, a veces por necesidad, a veces por necedad, siempre intentando vencer esos miedos que son más temibles que los enemigos de carne y hueso.

Solidariamente solos... eso me recordó aquello de "si te tienes a tí, ¿qué más quieres?". No se está solo cuando se es rico por dentro, cuando sabemos reconocer a esa persona que habita en nosotros, por eso hay personas infinitamente solitarias, que no es lo mismo a estar solos.

Como en el circo, la vida está llena de payasos para quienes lo más importante es hacer reír, a costa de lo que sea, aun cuando para lograrlo deba ridiculizar al prójimo; le aseguro que conoce a más de uno...

"Y si los leones y tigres rugen, no los oigamos: es parte de su obligación".

Porque además estamos convencidos de que cada quien juega su papel y lo hace de la mejor manera, los papeles han sido repartidos, a veces no nos gusta mucho porque unos conllevan más responsabilidad que otros, pero al final, como dice Porpetta, "lo más importante es que nuestra función siga haciendo feliz a mucha gente".

Y si de vez en cuando podemos intercambiar el papel, seremos más felices porque aprenderemos más.

janet@elsalvador.com


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