- SENTIDO COMUN
- El BALANCE
- RICARDO RIVAS*
- ricardorivas@elsalvador.com
Llegó
el fin de año -y ahora también,
fin de siglo y de milenio-, es hora de hacer
balances. En lo económico, el que no hace
balances fracasa; en lo personal, ya ni se diga.
En esas cosas de la introspección, cada
cabeza es un mundo. Algunos acuden al dios Baco
y la introversión les dura lo que les
dura la "cirindanga"; otros prefieren agitarse
las fibras del miocardio y resolver dos que tres
propósitos, de esos que caben entre la
dermis y la epidermis con vencimiento asegurado
antes del día de Reyes. También
hay quienes sucumben ante la melancolía,
como aquel diputado del CDU que el otro
día lloriqueaba porque su exiguo cheque,
de no sé cuántos miles de colones,
no le ajustaba para vivir con la "dignidad" de
todo un legislador (¿qué tal una
teletón para este ilustre hijo de la
patria?).
Qué duda cabe que en materia de
balances el criterio es amplio. A algunos, por
ejemplo, nos funciona muy bien callarnos y
tratar de escuchar otras voces que siempre
resultan más importantes que la voz del
hombrecito jactancioso que todos llevamos
edificado con hormigón y argamasa, al
centro de nuestra humanidad. El mismo tunante
que suele hacer traición, si no se le
mantiene a raya.
¡Qué cuesta, cuesta!,
lógico. Encontrar quietud para meter la
cabeza con todo y sentidos en el agujero de
nuestra propia interioridad, no es fácil.
No sé si me da penita o penota decirlo
-por aquello del libre mercado- pero la verdad
es que en estos días de fin de
año, cuesta un mundo conseguir diecinueve
segundos de silencio cuando, por ejemplo, los
que venden aparatos eléctricos quieren
que se escuche hasta la luna, que su maquinita
para depilar los pelos de la intimidad nasal
está más barata donde ellos que en
la tienda de la esquina. "Es que la bulla es
recia", dice un colaborador mío; y tiene
razón. El otro día me
percaté de que hasta los pocos
pájaros o pericos que quedan prefieren
hacer mutis para dar paso al "Te hice mal", de
Los Temerarios, o al "Entre el mar y una
estrella", de la ahora señora de Mottola,
que suenan cual paquidérmicos resoplidos
"megawattianos" por las calles, casas, buses,
parques y avenidas de nuestro "Gran San
Salvador".
Para terminar de distraernos, la mujer -que
siempre piensa en todo y en todos-
prometió regalos sólo para los
hermanos y "sobrinitos" más cercanos. Al
final, la lista terminó en doscientos
treinta y tres; esto, aunque no haga bulla, nos
aleja del "conócete a ti mismo" que
sugerían los griegos y lo mantiene a uno
con las pestañas pegadas a la chequera.
¡Hombre, hay que ver cómo distrae un
saldo rojo! .
Parte del "folcklore" introspectivo de la
época es contarle a los cheros y a la
familia, las reflexiones y los propósitos
que se han hecho para este fin de jornada,
incluso hay quienes los escriben y hasta los
publican, como es el caso de algunos amigos
"escribidores" de aquí y del diario de
pegado, quienes haciendo acopio de su natural
imaginación dedicaron sendas cartas al
Dios Niño, a Santa Claus, a Melchor,
Gaspar y Baltazar; aunque en el fondo las cartas
se las mandaron a Flores, a Shafick, a Merino o
al mismísimo espíritu de Hinds
-que hoy se reencarna con la
dolarización-, la mayoría de
planteamientos, además de reflejar sus
aspiraciones reales, expresan en buena medida de
lo que la gente habla y le preocupa en estos
días. Por supuesto que siempre hay
extremos; afortunadamente son los menos.
Leamos entre líneas: quienes prefieren
quedar bien con el poder -"insiders" les dicen
los que saben de estos asuntos-, se frotan las
manos afirmando que el próximo año
será de película, que en lugar de
ser "el año del gato" -por oscuro-,
será el "año del dólar".
Otros, para quienes siempre ha sido una moda
decir que las cosas en el país van mal,
advierten que el patatús final de la
juerga neoliberal es inminente. ¡El
estallido del "Popo" se ha quedado pacho!.
En fin, a nosotros, seres corrientes de carne
y hueso, amigos de la normalidad, que trabajamos
para comer, que hacemos cola para que nos
atiendan, que encomendamos la seguridad de
nuestra mujer e hijos al Angel de la Guarda, que
nos alegramos cuando "la cosa mejora" y nos
aflijimos cuando "la cosa empeora", que si no
llegamos temprano ya no miramos bien, que el
ahorrar se nos volvió toda una gesta
épica, que vemos el "mascón" del
país desde sombra, sol preferencial o el
mismísimo sol. A nosotros, que con
nuestras penas y alegrías, virtudes y
defectos, tenemos la suerte de entender que la
vida no es "de andar bajando mangos bajitos", se
nos plantea el reto de ser pacientes y
perseverantes. De no desanimarnos frente al
vicio de la "chichonería" &emdash;la
práctica de lo "chiche"&emdash; que ha
venido corroyendo las estructuras de la vida
familiar e institucional de este maravilloso
país nuestro. A no deslumbrarnos por los
cohetes de vara, esos que agarran "vara", suben
al cielo y desaparecen en menos de tres
segundos. A continuar haciendo bien lo que a
cada uno de nosotros nos toca hacer. A saber
encontrar y disfrutar el éxito y la
grandeza en las cosas pequeñas de cada
día. A saber vivir. A saber servir. A ser
felices.
Por ahí va, lo que encontré en
mi silencio. ¡Feliz Año Nuevo!.