Martes 26 de diciembre 2000


SENTIDO COMUN
El BALANCE
RICARDO RIVAS*
ricardorivas@elsalvador.com

Llegó el fin de año -y ahora también, fin de siglo y de milenio-, es hora de hacer balances. En lo económico, el que no hace balances fracasa; en lo personal, ya ni se diga. En esas cosas de la introspección, cada cabeza es un mundo. Algunos acuden al dios Baco y la introversión les dura lo que les dura la "cirindanga"; otros prefieren agitarse las fibras del miocardio y resolver dos que tres propósitos, de esos que caben entre la dermis y la epidermis con vencimiento asegurado antes del día de Reyes. También hay quienes sucumben ante la melancolía, como aquel diputado del CDU que el otro día lloriqueaba porque su exiguo cheque, de no sé cuántos miles de colones, no le ajustaba para vivir con la "dignidad" de todo un legislador (¿qué tal una teletón para este ilustre hijo de la patria?).

Qué duda cabe que en materia de balances el criterio es amplio. A algunos, por ejemplo, nos funciona muy bien callarnos y tratar de escuchar otras voces que siempre resultan más importantes que la voz del hombrecito jactancioso que todos llevamos edificado con hormigón y argamasa, al centro de nuestra humanidad. El mismo tunante que suele hacer traición, si no se le mantiene a raya.

¡Qué cuesta, cuesta!, lógico. Encontrar quietud para meter la cabeza con todo y sentidos en el agujero de nuestra propia interioridad, no es fácil. No sé si me da penita o penota decirlo -por aquello del libre mercado- pero la verdad es que en estos días de fin de año, cuesta un mundo conseguir diecinueve segundos de silencio cuando, por ejemplo, los que venden aparatos eléctricos quieren que se escuche hasta la luna, que su maquinita para depilar los pelos de la intimidad nasal está más barata donde ellos que en la tienda de la esquina. "Es que la bulla es recia", dice un colaborador mío; y tiene razón. El otro día me percaté de que hasta los pocos pájaros o pericos que quedan prefieren hacer mutis para dar paso al "Te hice mal", de Los Temerarios, o al "Entre el mar y una estrella", de la ahora señora de Mottola, que suenan cual paquidérmicos resoplidos "megawattianos" por las calles, casas, buses, parques y avenidas de nuestro "Gran San Salvador".

Para terminar de distraernos, la mujer -que siempre piensa en todo y en todos- prometió regalos sólo para los hermanos y "sobrinitos" más cercanos. Al final, la lista terminó en doscientos treinta y tres; esto, aunque no haga bulla, nos aleja del "conócete a ti mismo" que sugerían los griegos y lo mantiene a uno con las pestañas pegadas a la chequera. ¡Hombre, hay que ver cómo distrae un saldo rojo! .

Parte del "folcklore" introspectivo de la época es contarle a los cheros y a la familia, las reflexiones y los propósitos que se han hecho para este fin de jornada, incluso hay quienes los escriben y hasta los publican, como es el caso de algunos amigos "escribidores" de aquí y del diario de pegado, quienes haciendo acopio de su natural imaginación dedicaron sendas cartas al Dios Niño, a Santa Claus, a Melchor, Gaspar y Baltazar; aunque en el fondo las cartas se las mandaron a Flores, a Shafick, a Merino o al mismísimo espíritu de Hinds -que hoy se reencarna con la dolarización-, la mayoría de planteamientos, además de reflejar sus aspiraciones reales, expresan en buena medida de lo que la gente habla y le preocupa en estos días. Por supuesto que siempre hay extremos; afortunadamente son los menos.

Leamos entre líneas: quienes prefieren quedar bien con el poder -"insiders" les dicen los que saben de estos asuntos-, se frotan las manos afirmando que el próximo año será de película, que en lugar de ser "el año del gato" -por oscuro-, será el "año del dólar". Otros, para quienes siempre ha sido una moda decir que las cosas en el país van mal, advierten que el patatús final de la juerga neoliberal es inminente. ¡El estallido del "Popo" se ha quedado pacho!.

En fin, a nosotros, seres corrientes de carne y hueso, amigos de la normalidad, que trabajamos para comer, que hacemos cola para que nos atiendan, que encomendamos la seguridad de nuestra mujer e hijos al Angel de la Guarda, que nos alegramos cuando "la cosa mejora" y nos aflijimos cuando "la cosa empeora", que si no llegamos temprano ya no miramos bien, que el ahorrar se nos volvió toda una gesta épica, que vemos el "mascón" del país desde sombra, sol preferencial o el mismísimo sol. A nosotros, que con nuestras penas y alegrías, virtudes y defectos, tenemos la suerte de entender que la vida no es "de andar bajando mangos bajitos", se nos plantea el reto de ser pacientes y perseverantes. De no desanimarnos frente al vicio de la "chichonería" &emdash;la práctica de lo "chiche"&emdash; que ha venido corroyendo las estructuras de la vida familiar e institucional de este maravilloso país nuestro. A no deslumbrarnos por los cohetes de vara, esos que agarran "vara", suben al cielo y desaparecen en menos de tres segundos. A continuar haciendo bien lo que a cada uno de nosotros nos toca hacer. A saber encontrar y disfrutar el éxito y la grandeza en las cosas pequeñas de cada día. A saber vivir. A saber servir. A ser felices.

Por ahí va, lo que encontré en mi silencio. ¡Feliz Año Nuevo!.


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