Domingo 24 de diciembre 2000


Descontamínese
Esta noche es Navidad
Pedro Roque*

¿Está listo para celebrar la Navidad?, ¿consiguió hacer todo lo bueno que se propuso?, ¿llegó a tiempo a todos los lugares?, ¿hizo algo por los niños de la calle?, ¿llamó a sus amigos para desearles Feliz Navidad?, ¿mandó las tarjetas de Navidad a todas las personas que lo estiman y estima?, ¿no se extralimitó con los gastos?, ¿fue a visitar a sus padres y parientes?, ¿llamó a sus seres queridos que están fuera del país?… Si hizo todo lo anterior, lo felicito.

Mi deseo es que haya organizado la semana para hacer lo que se propuso y esté listo para celebrar la Navidad con su familia y después… dormir tranquilo.

Donde estoy en estos momentos, la Navidad la vivimos un poco diferente, pues no es tanto un momento de regalos, que aquí los dejamos para el seis de enero, como una fiesta familiar en la que sobre todo nos alegramos por nuevamente estar junto con la gente que uno quiere y siente que lo quieren. Es noche de preparación de una cena especial en que todos participan, unos la preparan, otros la sirven para luego todos juntos degustarla. Es noche de hablar de las cosas buenas y menos buenas que sucedieron e hicimos durante el año, desearse paz y tranquilidad, recordar y echar de menos a los que por cualquier razón no están presentas, llamar y desearle Feliz Navidad a la gente que uno estima y sentir que también a uno cariñosamente se la desean.

Los que están lejos vienen con la ilusión de llegar a tiempo y los que esperan se alegran mucho cuando llegan, los sistemas de transporte se refuerzan para responder a los millones de personas que van a su lugar de origen y las carreteras desde el día veintitrés son muy transitadas. Desgraciadamente, los que no tienen cuidado con las condiciones del tiempo, el mantenimiento de sus vehículos o abusaron del alcohol, llegarán tarde porque tuvieron un percance que sobrevivieron y otros, por su descuido en estos días, en vez de alegría llevarán tristeza y luto a su familia.

Aquí, la alegría en Navidad no es por los regalos, sino por la cercanía y el sentimiento de pertenencia a una familia. Es momento en que se sienten cerca los abuelos, padres, hijos, hermanos, nietos, seres queridos y buenos vecinos.

Es tiempo de pedir perdón por los malos entendidos, que no por las malas intenciones, pues ojalá que en su familia como en la mía, nunca sucedió nada con malas intenciones, aunque sí hubieron equivocaciones que generaron frustraciones. Pero también nos felicitamos por todas las buenas acciones que nos propusimos e hicimos y que son muchas más que en las que nos equivocamos.

Es momento para la reconciliación mental entre parientes, amigos y vecinos, sobre todo, cuando la razón de nuestro descontento estriba en el ejercicio de las opciones y derechos de los otros. Todos hacemos cosas convenientes, que siendo opciones posibles y legales a los vecinos o a otras personas no les gustan. Y no es que en si hayan sido malas, sino que desgraciadamente fueron mal comprendidas. Por lo que en este ámbito yo hubiera hecho, desde aquí pido perdón a aquellos que se sientan disgustados…

¿Qué le parece si en su celebración familiar en este día, incluye la parte de lo que le cuento de cómo aquí lo hacemos en relación con su familia y se disculpan mutuamente por los malos entendidos y las malas interpretaciones?

Hoy es un buen día para descontaminar la mente de recelos, malos entendidos y otros malestares innecesarios, que le amargan la vida todos los días un poquito. Mejor rememoremos y practiquemos hoy, la parte de la oración del Padre Nuestro que reza, "Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestro deudores", pero hagámoslo sinceramente y empecemos el día veinticinco con menos contaminación de restricciones mentales que al perdonar eliminamos.

Si lo hacemos, pensaremos con más fluidez, pero sobre todo nos sentiremos libres de resentimientos innecesarios. No es difícil perdonar si uno quiere hacerlo, sí lo es, supongo, cuando uno cree que con no hacerlo las cosas irán mejor.

Padres a hijos, hijos a padres, cónyuges a cónyuges, hermanos a hermanos, parientes a parientes y vecinos a vecinos, para quien lo quiera y lo decida, este es un buen momento para la reconciliación y tirar fuera de borda las restricciones mentales que le frenan en la vida… Con quien sea, ni siquiera es necesario ir a decírselo, para no correr el riesgo de otra mala interpretación. Hágalo sinceramente y cuando sus actitudes cambien, las personas hacia quienes se refieren lo percibirán. Los humanos somos los únicos seres que nos resentirnos más tiempo del necesario, pero también somos capaces de percibir que el resentimiento de otros ha desaparecido.

La Navidad es más que un momento de demostración de aprecio a otros con regalos y no crea usted que entre más caro el regalo más aprecio mostrará. El precio no es la expresión del cariño que se guarda, sino de los recursos con los que usted quiere demostrar el respeto o el agradecimiento con las personas a quienes se los da, pues el cariño y el amor no se compran con regalos, sino y sólo, con más cariño y más amor.

La Navidad es tiempo de revisión de lo bueno y lo menos bueno en nuestras sentimientos y conductas, de pensar en como hacer para mejorarlas y evitar frustraciones y malas percepciones. Es momento de pensar en los que por nuestras acciones se sintieron mal y desde donde estemos enviarles mentalmente un mensaje de paz…

Pero también es momento de abrazar sinceramente, con fuerza y con amor a las personas que queremos y nos quieren y desde lo más íntimo de nuestro corazón, desearles Feliz Navidad e intercambiar por medio del abrazo, la energía positiva que llevamos dentro…

Entre más se descontamine de grandes y pequeños resentimientos esta noche, más feliz disfrutará con su familia el veinticinco… Que tengan todos en este día, especialmente usted, una feliz Navidad.


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