- Comentario
de la semana
- ¡Nos llegó
la Navidad!
- Eduardo
Torres
- E-mail: eduardo@elsalvador.com
A
la víspera de Nochebuena, el ambiente
reflexivo y festivo de la época -la
más linda del año- debe ser
encauzado para lo que la ocasión demanda,
que según lo expresado ayer -ante las
cámaras- por Monseñor Fernando
Sáenz Lacalle, Arzobispo de San Salvador,
es abrir el corazón a Dios. Y abrirlo
para intentar vivir como verdaderos cristianos,
siete días a la semana, veinticuatro
horas al día, sea cual sea el lugar en
que nos encontremos, y el ambiente en que nos
desarrollemos.
El espíritu de las fiestas, argumentan
algunos, se ha visto ensombrecido por el estado
permanente de inseguridad en que -para efectos
prácticos- transcurre la vida de todos
los salvadoreños. No nos cabe más
que dar la razón al argumento, ya que
aún con el optimismo país con el
que tratamos siempre de realizar esta columna,
la escalada delincuencial de las últimas
semanas, en especial la lacra del secuestro, se
convirtió en amenaza a nuestra seguridad
nacional desde el momento mismo en que
rebasó la capacidad del Estado para
combatirla con eficiencia.
Es cierto que el fenómeno
delincuencial se ha convertido en un
fenómeno global bastante generalizado, en
cuyo caso bajo ningún punto de vista es
la región centroamericana la
excepción que confirma la regla, y
también es cierto que es compleja la
problemática que nos abate, en realidad
es ya un verdadero cáncer, por lo que no
podemos continuar tratando de curar a base de
analgésicos. Personalmente, empero,
comparto más el diagnóstico hecho
ayer por Monseñor Fernando Sáenz
Lacalle y el padre Fabio Colindres, en el
sentido de que la mayoría de
salvadoreños estamos abiertos a llevar a
Cristo en el corazón, pero que no siendo
ese el caso con una minoría, tiene el
Estado salvadoreño &emdash;bajo
atribuciones propias del estado de
derecho&emdash; el legítimo derecho a la
autodefensa.
Esperanza y lucha
Estando el tema de la seguridad
pública tan íntimamente atado al
tema económico, fuera ya de la
desmoralización colectiva que entre la
ciudadanía producen los casos de
secuestro, de lo que en realidad hablamos es de
poder o no sacar al país adelante, al
insistir, en esa línea, en la figura de
la amenaza a la seguridad nacional, el punto es
apoyar reformas legales, ejército a las
calles, colaboración ciudadana,
saneamiento institucional, en fin, proporcionar
las herramientas necesarias para que esta lucha
contra el crimen, que no es únicamente de
la Fiscalía o de la Policía, sino
-como un todo- de la sociedad
salvadoreña, pueda ganarse de una vez por
todas al menor corto plazo posible.
Duro es el desafío que enfrentamos,
pero la época se presta tanto para la
reflexión, como para el buen
espíritu; y es en ese buen
espíritu, tan característico entre
nosotros los salvadoreños, que no podemos
ni debemos permitirnos el lujo de venirnos hacia
abajo. Si, es cierto, se nos ha desbordado la
delincuencia, y los beneficios del sistema no
llegan a amplios segmentos de la
población. Pero miren cómo
estábamos hace tan solo una
década, cuando recién
empezábamos a rescatar al país,
del rumbo hacia el despeñadero que
llevábamos durante lo que fue el
capítulo más negro de nuestra
historia.
A tan sólo ocho días de la
"integración monetaria", atrevido pero
imprescindible paso en la apuesta hacia el
futuro, es el momento de coordinar fuerza y
energía, para continuar la lucha de hacer
de El Salvador un país exitoso durante el
nuevo milenio, a punto de iniciar. A ese
respecto, el mensaje, expresado ayer -ante las
cámaras- por los pastores de la Iglesia
Católica, sobre la apertura de corazones
y la renovación de la fe a dos semanas
plazo del fin del año jubilar, si es que
una buena medida que quien desee puede regalarse
a sí mismo, para redoblar esfuerzos una
vez concluidas las fiestas y, sobre todo, la
reflexión personal y colectiva.
¡Feliz Navidad para todos!
Licenciado en Ciencias Jurídicas y
comentarista de EL DIARIO DE HOY.